Hoy en México, la democracia transita por una vereda sombría, donde el resplandor de nuestras instituciones que costaron décadas de lucha, sudor y sangre patriótica, parece languidecer ante el avance de un autoritarismo que no llega con estruendo de armas, sino con el silencio cómplice de la legalidad malentendida. Nos encontramos en 2026, un tiempo de definiciones donde la apatía es una forma de rendición y la indiferencia, el mayor aliado del despotismo. Es el momento de recobrar el aliento, de sacudirnos el polvo del desencanto y de entender que la libertad no se hereda; se defiende con la dignidad del ciudadano que se sabe dueño de su destino.
Observamos con profundo dolor a lo que diversos teóricos denominan el "autoritarismo furtivo", una metástasis del poder que utiliza las herramientas de la democracia para debilitarla. Tenemos por ejemplo la mal llamada “Reforma Judicial” que más que una reforma; fue un ariete diseñado para derribar las columnas del Poder Judicial, sometiendo la imparcialidad de la toga al capricho de las urnas manipuladas. Cuando la justicia se vuelve un concurso de popularidad, el ciudadano queda en la orfandad jurídica.
A ello se suma la captura de nuestros órganos autónomos, esos centinelas de la verdad y la transparencia que hoy son asediados bajo la falacia de una austeridad que no es sino opacidad disfrazada de ahorro. Al mismo tiempo, observamos con estupor una militarización galopante que entrega puertos, aduanas y seguridad a las fuerzas armadas, contraviniendo el espíritu civilista de nuestra Constitución y dejando a la sociedad civil en un estado de vulnerabilidad frente a una autonomía castrense que no rinde cuentas a nadie.
¿Cómo se afecta el alma de una nación cuando se hostiga a la prensa día tras día y cuando el Estado, en lugar de ser el escudo de la libre expresión, se convierte en su principal agresor? La libertad de expresión es el oxígeno que respira la democracia; sin ella, el organismo social se asfixia en el monólogo del poder. Sin embargo, la movilización social nos ha enseñado que la esperanza tiene un sustento empírico: la resistencia civil no violenta, posee una tasa de éxito superior a cualquier otra forma de lucha.
No estamos inventando el camino. Las lecciones de la historia, nos demuestran que la fuerza del ciudadano organizado es superior a la soberbia del gobernante. La democracia se defiende desde los tribunales, sí, pero también desde la plaza pública, desde la academia y, sobre todo, desde la conciencia individual que se niega a ser domesticada.
Para frenar este proceso de erosión, es imperativo pasar del lamento a la propuesta, de la queja a la construcción de una nueva arquitectura cívica. Debemos actuar con un propósito claro, con una visión de Estado y con la generosidad de quien sabe que el bien común está por encima de cualquier interés faccioso.
No obedecer por adelantado debe ser la primera trinchera de nuestra propia mente; neguémonos a normalizar el lenguaje del odio y a autocensurar nuestra verdad.
Apoyemos a los medios independientes y diversifiquemos nuestras fuentes para romper los cercos del discurso hegemónico que busca nublar nuestro juicio.
Organicemos comités de transparencia en nuestras colonias y municipios para auditar cada peso del erario, vinculando la corrupción con la falta de medicinas, servicios públicos, seguridad ciudadana, etc.
Hagamos uso del derecho a la información y respaldemos públicamente a los jueces valientes que aún resisten la presión política con la Constitución en la mano.
Desmitifiquemos al poder a través de la sátira y el arte; el autoritarismo es solemne y temen a la risa y la creatividad que nacen de la libertad.
Desde la formación política, debemos invertir en escuelas de liderazgo ético, formando a jóvenes y mujeres que no aspiren al poder por el privilegio, sino por el servicio. La erosión de nuestras libertades es el resultado acumulado de nuestras omisiones; por lo tanto, su restauración será el fruto de nuestra participación decidida.
No permitamos que las ventanas de la institucionalidad se cierren definitivamente ante nuestros ojos. México es mucho más grande que sus problemas y su gente es más fuerte que cualquier intento de sometimiento. La historia nos observa y la patria nos reclama.
¡Súmate!
facebook.com/FerGarciaCuevas
instagram.com/fer_garciacuevas
La entrada Movilización ciudadana ante el abuso del poder para salvar la democracia aparece primero en Noticias Estado de México.