¿Desde cuándo se impone la paz? La paz, en esencia, es todo menos imposición. Es similar a la imposición de la democracia: tampoco puede imponerse. La democracia se construye a través de su ejercicio y de la libertad. Nada que ver con lo que hizo George Bush cuando, a principios del siglo XXI, intentó imponer la paz en Irak y lo concluyó con un desastre mayúsculo.
Donald Trump continúa con su apuesta de imponer la paz. Y quiere hacerlo a toda costa, porque el tiempo corre en su contra.
Todo comenzó cuando el ICE destapó la caja de los truenos al separar a familias hispanas que, en muchos casos, jamás volverían a verse.
En el ámbito internacional, intentó arrogarse Groenlandia. Fue un acto de arrogancia propio de quien actúa sin filtro. Luego vino el resto. Y el resto fue Venezuela y Nicolás Maduro. Muchos aplaudieron que Donald Trump sacara a Maduro de una Venezuela que nunca le correspondió, porque la detentó con mano de hierro. Pero, más allá del aplauso, no puede olvidarse que fue un golpe severo al derecho internacional.
Después vino Irán. Sin embargo, Irán no representaba un problema real ni letal para Estados Unidos ni para los países europeos. Sí lo era para Israel. Y Estados Unidos entró en una guerra que no era propia, pero a la que terminó arrastrado por Benjamin Netanyahu, señalado aquí como uno de los principales impulsores del conflicto contra Irán.
El reloj corre en contra de Donald Trump; por eso, Cuba podría estar en su horizonte. Todo dependerá de las elecciones legislativas de noviembre en las que se renovará el Congreso . Ahí se juega su carrera y su prestigio. Si pierde el control del Congreso, su margen político se reducirá de forma considerable.
Las encuestas marcarán el ritmo. Si percibe que puede perder esas elecciones, no sería extraño que recurra a una acción de alto impacto en Cuba, como la que impulsó en Venezuela.