La desigualdad económica en España no termina con la vida. Un estudio de Selectra revela que disponer de un nicho durante diez años, con inhumación y lápida, cuesta 2.058 euros en Madrid, frente a los 260 euros de Soria. La diferencia evidencia cómo un mismo servicio puede tener precios radicalmente distintos dependiendo del lugar de residencia, convirtiendo la última despedida en una carga económica para numerosas familias.
El coste de un funeral completo tampoco resulta uniforme. En Segovia alcanza una media de 5.664 euros, mientras que en Santa Cruz de Tenerife se sitúa en 3.021 euros. Estas cantidades incluyen distintos servicios relacionados con el sepelio y reflejan una realidad poco debatida: los gastos asociados a la muerte pueden representar un desembolso considerable, especialmente para hogares con pocos ahorros.
El último gasto familiar también refleja desigualdades
La situación ha impulsado la contratación de seguros de decesos. En España, aproximadamente 22,3 millones de personas disponen de estas pólizas, que permiten anticipar parte de los gastos y evitar que los familiares tengan que afrontar pagos importantes durante el duelo.
Sin embargo, incluso esta protección presenta diferencias económicas. Una persona de 35 años paga una media anual de 115,72 euros en Santa Cruz de Tenerife, frente a los 174,82 euros de Tarragona. La edad, las coberturas contratadas y la aseguradora elegida también pueden modificar considerablemente el precio.
¿Se está convirtiendo la muerte en un lujo?
Más allá de las cifras, el problema plantea una cuestión social: hasta qué punto las familias pueden despedir dignamente a sus seres queridos sin comprometer su estabilidad financiera. En un contexto marcado por el encarecimiento de la vivienda y otros gastos esenciales, afrontar un funeral inesperado puede obligar a recurrir a ahorros, préstamos o ayuda familiar.
La diferencia territorial también invita a revisar la transparencia de las tarifas funerarias y el acceso a información clara sobre las alternativas disponibles. Comparar precios resulta importante, pero hacerlo en pleno duelo no siempre es sencillo. La falta de planificación y la urgencia de contratar servicios pueden limitar la capacidad de decisión de las familias.
La muerte es inevitable, pero las dificultades económicas que acompañan a una despedida no deberían serlo. Los datos ponen de manifiesto que las desigualdades territoriales también afectan a uno de los momentos más vulnerables de la vida familiar. Garantizar información accesible, precios transparentes y opciones funerarias asequibles constituye un desafío social que merece mayor atención. @mundiario