Pensado en el apoyo a quienes día a día viven del ramo automotriz —mecánicos, flotillas y familias que dependen de su vehículo para lograr metas—, existe un negocio que no vende piezas, sino que resuelve urgencias. Así nació y así crece Madero Refaccionarias, una empresa yucateca que, a lo largo de más de cuatro décadas, ha hecho del servicio su motor principal. Hoy, esa ruta suma una nueva parada en la ciudad de Umán.
Ayer sábado, la firma abrió oficialmente su sexta sucursal en este municipio en crecimiento, que late entre la tradición y el dinamismo industrial. La jornada contó con promociones, regalos, antojitos y el ambiente cercano que ha caracterizado a la marca desde sus inicios.
Detrás de este crecimiento está la historia de Luis Jorge Aranda Zavala, director general y fundador, quien habla del negocio con naturalidad, pues lo ha vivido desde todos sus ángulos. Su oficina no es una torre aislada, sino un punto de observación en ventas, operación y proyección. “Trato de estar pendiente de todo”, resume.
Su visión no nació en un escritorio, sino en la calle. A los 13 años comenzó como diligenciero en una refaccionaria, mientras estudiaba por las noches. La necesidad marcó el ritmo, pero fue la curiosidad la que lo llevó a aprender cada rincón del oficio: almacén, mostrador y ventas. A los 16 ya recorría caminos y, poco después, la península entera, detectando necesidades y entendiendo territorios. Así fue sembrando, poco a poco, la idea de un negocio propio.
“Me fui dando cuenta de dónde hacía falta”, recuerda. Esa lectura del entorno explica hoy la ubicación estratégica de sus sucursales en Mérida y, ahora, la apuesta por Umán: una ciudad en expansión, con comisarías, actividad industrial y un flujo constante de clientes que, hasta ahora, debían trasladarse para encontrar soluciones. El terreno, cuenta, esperó su momento durante años, como una pieza lista para encajar en el sistema.
Pero, más allá de la expansión física, el corazón de Madero Refaccionarias está en su filosofía: no vender solamente refacciones, sino soluciones. La diferencia, insiste Aranda Zavala, está en entender que quien llega al mostrador busca ayuda para resolver un problema. “Si logramos eso, el cliente regresa por inercia”, afirma.
Programas internos como “Todos somos la misma empresa” han buscado alinear valores en un equipo diverso. La premisa es que el respeto no se negocia. “Desde la persona que apoya en la limpieza merece reconocimiento, el mismo que los empleados y clientes”, dijo el director, mostrando el cimiento de su estructura empresarial.
Servicio y calidad
La llegada a Umán responde al crecimiento del sector en el mercado. Conscientes de que consumir local implica corresponsabilidad, señalan: “No es solo decir ‘consume lo yucateco’, es demostrarlo con servicio, calidad y atención”.
Aranda Zavala prefiere hablar de trabajo, de aprendizaje continuo y de ajustes necesarios. “Ha valido la pena”, admite, reconociendo también los momentos difíciles que acompañan cualquier proyecto de largo aliento. Hoy, su atención está puesta en que todo esté listo para la apertura. Cada detalle cuenta, concluye.
En Umán, esta nueva sucursal será no solo un punto de venta, sino la extensión de una historia que comenzó hace más de 30 años y que invita a la comunidad a ser parte activa de ella, a aprovechar sus promociones y, sobre todo, a encontrar soluciones para su vehículo.— Darinka Ruiz Morimoto