Ciudad de México.- El arma utilizada en el ataque en Teotihuacán, Estado de México, abrió un debate que va más allá del hecho criminal y es la facilidad con la que un civil puede acceder a armamento fuera del control institucional, la disponibilidad de municiones en redes clandestinas y el nivel de conocimiento necesario para operar un revólver calibre .38 Special.
Aunque se trata de un arma corta de diseño antiguo y mecanismo robusto, especialistas advierten que no es un instrumento que se domine de manera automática. Su uso efectivo requiere familiaridad previa, control físico y conocimiento básico de su funcionamiento.
"Un revólver, para manipularlo con cierta eficacia, se requiere familiarización previa, sobre todo en el control del disparo", señala el analista en armamento Gonzalo Senosiain.
El arma identificada en la investigación corresponde a un revólver calibre .38 Special, una plataforma tradicionalmente asociada a policías, seguridad privada, defensa domiciliaria y armas antiguas en circulación.
A diferencia de una pistola semiautomática, el revólver no opera con cargador, sino con un cilindro giratorio que aloja los cartuchos y rota con cada disparo.
Esa mecánica lo hace confiable, pero no necesariamente sencillo para un usuario sin experiencia. El disparo exige coordinación entre fuerza, estabilidad, alineación visual y control del mecanismo, confirman por separado fuentes militares.
En un revólver, la presión necesaria para accionar el mecanismo puede modificar la trayectoria del arma si el usuario no tiene práctica. La mano puede jalar, empujar o inclinar el arma al momento de disparar, lo que genera impactos erráticos, incluso a corta distancia, explican.
En términos operativos, no basta con apuntar. El usuario debe mantener estabilidad corporal, controlar el movimiento del arma y repetir una secuencia mecánica con suficiente consistencia para que los disparos salgan en dirección al objetivo. Esa coordinación no suele aparecer de forma espontánea.
Por eso, el hecho de que el agresor haya utilizado un arma de este tipo y haya realizado varios disparos plantea una línea adicional de análisis. No sólo tuvo acceso al revólver y a las municiones, sino que aparentemente contaba con algún grado de familiaridad para manipularlo durante el ataque.
El otro frente es el acceso. En el mercado ilícito, un revólver de este tipo puede conseguirse desde 12 mil pesos.
El precio puede variar por marca, antigüedad, estado físico, procedencia y disponibilidad, pero se mantiene dentro de un rango alcanzable para redes clandestinas.
Esa cifra contrasta con el mercado legal. Un arma similar adquirida por la vía autorizada ante la Secretaría de la Defensa Nacional puede ubicarse en rangos cercanos, dependiendo del modelo y existencia.
La diferencia no está necesariamente en el costo, sino en la trazabilidad. En el circuito legal, el arma debe estar registrada, vinculada a un propietario y limitada al uso permitido por la ley.
En el mercado negro, en cambio, desaparece el rastro institucional. No hay registro del comprador, no hay identificación del vendedor ni control sobre el destino final del arma.
Para Raúl Sapién Santos, presidente del Consejo Nacional de Seguridad Privada, el problema central es la entrada ilegal de armamento al País.
"Nuestras fronteras presentan un alto nivel de porosidad, lo que facilita la entrada ilegal de armas, principalmente desde Estados Unidos", explica.
Sapién advierte que México enfrenta un volumen amplio de armas en manos de civiles y que una parte mayoritaria se encuentra fuera de registro.
"Se estima que hay más de 16 millones de armas en manos de civiles y más de 13 millones no están registradas", indica.
Ese universo paralelo explica por qué armas de calibres permitidos para posesión domiciliaria terminan en hechos delictivos.
El .38 Special, por ejemplo, no es un calibre reservado en todos los casos para uso exclusivo de fuerzas armadas. La legislación mexicana permite a civiles poseer revólveres de ese calibre para defensa del domicilio, siempre que estén registrados ante la autoridad.
La diferencia está en el uso y en el contexto. Tener un arma registrada en casa no equivale a poder portarla en la vía pública, trasladarla sin permiso o ingresarla a un espacio restringido.
Para portar un arma fuera del domicilio se requiere una licencia específica, sujeta a requisitos y autorización expresa.
"Un arma registrada tiene trazabilidad. Se puede identificar quién la adquirió y en qué momento, por eso es poco probable que se utilice en un delito", apunta Sapién.
El caso de Teotihuacán rompió ese esquema. El agresor ingresó con un revólver y decenas de cartuchos a un sitio arqueológico, donde el acceso con armas está prohibido. La escena exhibió una doble falla: la circulación de armas fuera del control legal y la debilidad de los filtros de seguridad en un espacio público de alta afluencia.
La discusión no se limita al arma. También incluye las municiones. Un revólver sin cartuchos no representa riesgos. En este caso, la portación de decenas de municiones revela preparación previa y acceso no sólo al arma, sino al abastecimiento necesario para sostener el ataque.
En investigaciones de armas, la munición suele ser una pista clave. Permite identificar calibre, fabricante, lotes, canales de distribución y posibles puntos de desvío. Pero cuando los cartuchos circulan fuera de registro o son adquiridos en redes clandestinas, la trazabilidad también se debilita.
A nivel internacional, los reportes de rastreo ubican a estados como Texas y Arizona como puntos recurrentes de origen de armas recuperadas en México.
Es decir, el mercado ilícito depende en buena medida de redes de tráfico transfronterizo, aunque también existen armas antiguas, robadas, desviadas o revendidas dentro del País.
El revólver .38 Special encaja en ese universo, pues no es un arma sofisticada ni exclusiva de grupos criminales. Por el contrario, su antigüedad, durabilidad y amplia circulación histórica la convierten en un arma común en decomisos, posesión civil, inventarios viejos y mercados clandestinos.
La facilidad de comprar armas
El ex delegado del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Luis Miguel Dena Escalera, advierte que el ataque en Teotihuacán exhibe la facilidad para acceder a armas y las limitaciones de la inteligencia para anticipar agresores solitarios.
Sobre el manejo del revólver, el especialista descarta que el agresor tuviera entrenamiento.
"No lo vi como un hombre experto. Se toma bastante tiempo en organizar el proceso de carga del arma", señala.
Agrega que, a diferencia de otras armas, el revólver no requiere una alta capacitación técnica para su uso básico.
"No es que requieras una gran capacitación () con sólo entender el manejo, cargar el proyectil y apretar el gatillo es algo muy sencillo", afirma.
Dena Escalera apunta que el acceso a este tipo de armamento se ha ampliado en México, tanto en mercados físicos como digitales.
"La accesibilidad es tan simple cuando vas a Tepito o incluso a nivel de internet", indica.
Detalla que el costo de un revólver puede variar ampliamente dependiendo del origen y condiciones.
"Está en un rango posible de 5 a 12 mil pesos. Mucho más barato cuando alguien se quiere deshacer de ella", dice.
En cuanto al fenómeno del atacante en la Pirámide de la Luna, lo ubica dentro del perfil de "lobo solitario", lo que complica su detección previa.
"Hay una figura que se le llama lobo solitario. No es un tema que se pueda predecir, pero sí se puede anticipar", explica.
Señala que la inteligencia depende en gran medida de la infiltración o de fuentes internas para generar alertas tempranas, aunque reconoce que la capacidad es limitada frente a la multiplicidad de grupos y amenazas.
"No puedes hoy tener un infiltrado en cada grupo. No alcanzaría", reconoce.
El ex funcionario subraya que cuando no existe infiltración directa, la alternativa es trabajar con informantes.
"La segunda oportunidad es que haya una fuente interna que pueda colaborar y anticiparte esa información", dice.
Añade que los órganos de inteligencia priorizan amenazas conforme a la Agenda Nacional de Riesgos, lo que puede desplazar recursos hacia fenómenos como el narcotráfico o el fentanilo.
"Las prioridades se enfocan acorde a esa Agenda Nacional de Riesgos", sostiene.
Para Dena Escalera, el caso refleja una combinación de factores: acceso a armas, influencia social normalizada y los límites operativos de la inteligencia frente a agresores sin red visible.
Un arma con un largo historial
Durante décadas, este tipo de revólver fue asociado con corporaciones policiales y seguridad privada. Actualmente, muchas instituciones migraron a pistolas semiautomáticas por capacidad de fuego, rapidez de recarga y estandarización. Sin embargo, los revólveres siguen circulando por vías legales e ilegales.
Su permanencia se explica por su resistencia mecánica. Son armas que pueden seguir funcionando durante años si se conservan en condiciones aceptables. Esa longevidad complica el control, porque un arma fabricada décadas atrás puede reaparecer en un hecho criminal actual.
En el mercado ilícito, esa característica aumenta su valor. Un revólver usado puede cambiar de manos varias veces sin dejar huella documental. Puede provenir de robo, compraventa irregular, herencias no registradas, desvíos o tráfico transfronterizo. Una vez fuera del registro, su trazabilidad se pierde.
La regulación mexicana puede restringir la adquisición formal, pero el mercado ilícito abre una ruta paralela que evade todos los filtros. En ese espacio, un arma permitida para posesión domiciliaria puede convertirse en instrumento de ataque en un sitio público.
El componente técnico también importa. El revólver no requiere la misma dinámica de alimentación que una pistola semiautomática, pero exige dominar su respuesta. La presión del gatillo, el peso del arma, la reacción al disparo y el control del cilindro influyen en cada detonación.
Una persona sin práctica puede disparar un revólver, pero no necesariamente hacerlo con control. La diferencia entre accionar el arma y usarla con eficacia es relevante. En un ataque, esa familiaridad puede aumentar el daño potencial.
En Teotihuacán, la hipótesis de un agresor con algún nivel de práctica se suma a otros elementos del caso: la portación del arma, la cantidad de cartuchos y el ingreso al sitio sin ser detectado. Cada elemento apunta a una falla distinta.
La primera falla está en el origen del arma. Si no estaba registrada o fue adquirida fuera de los canales autorizados, forma parte del mercado ilícito. La segunda está en la disponibilidad de municiones. La tercera está en los accesos al sitio arqueológico. La cuarta está en la reacción institucional frente a una persona armada en un espacio con turistas.
El ataque exhibió, por tanto, una cadena de vulnerabilidades. No se trata sólo de que un individuo tuviera un arma. Se trata de que pudo conseguirla, abastecerla, transportarla e ingresarla a un espacio restringido, reconocen fuentes de seguridad.
La regulación legal, por sí sola, no detuvo ese recorrido.
En México, la posesión legal de armas por civiles está acotada. El ciudadano puede solicitar la compra de armas permitidas para defensa del domicilio, bajo requisitos establecidos y registro ante la Defensa. Pero ese modelo depende de que el arma permanezca dentro del marco autorizado.
Cuando el arma se adquiere fuera de registro, el Estado pierde control desde el primer momento. No sabe quién la tiene, cómo la obtuvo, dónde está ni cuántas veces ha cambiado de manos. En un hecho criminal, reconstruir esa ruta puede tomar semanas, meses o quedar incompleto.
El ataque mostró que los controles pueden ser superados. También que una persona con un arma corta puede generar daño antes de que las autoridades reaccionen. Ese margen de tiempo es el que los protocolos buscan reducir, pero para hacerlo necesitan detectar el riesgo antes de que se active.
El camino legal... y el ilegal
Un revólver calibre .38 Special, como el utilizado en el ataque en Teotihuacán, puede adquirirse legalmente en México por un rango similar al que alcanza en el mercado ilícito, lo que evidencia que la diferencia entre ambos circuitos no es el precio, sino el control.
De acuerdo con referencias de compra y catálogos recientes de la Secretaría de la Defensa Nacional, un arma de este tipo tiene un costo aproximado de entre 12 mil y 18 mil pesos en la Dirección de Comercialización de Armamento y Municiones, la única vía autorizada para su adquisición legal en el País.
Ese rango corresponde a modelos de marcas como Smith & Wesson o Taurus, disponibles para civiles bajo el esquema de protección domiciliaria, siempre que cumplan con los requisitos legales y el registro obligatorio ante la autoridad.
En México, la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos permite la posesión de armas para defensa dentro del domicilio, incluyendo revólveres hasta calibre .38 Special, siempre que sean adquiridos por los canales autorizados y registrados ante la Defensa.
Sin embargo, esa autorización no implica libertad para portar el arma en espacios públicos, lo cual requiere permisos específicos que no se otorgan de manera generalizada.
El esquema busca mantener control sobre la circulación de armas legales, mediante la identificación de propietarios y el seguimiento de cada pieza. En contraste, las armas que ingresan por vías ilícitas carecen de ese registro, lo que dificulta su rastreo en investigaciones.
El caso de Teotihuacán ilustra ese punto. El arma utilizada corresponde a un calibre permitido en el ámbito domiciliario, pero su uso en un espacio público y su probable adquisición fuera de registro la colocan en el terreno de la ilegalidad.
Además del arma, el agresor portaba decenas de cartuchos, lo que refuerza la hipótesis de que el equipo no provenía de una compra regulada.
El catálogo más reciente de la Defensa no registra disponibilidad de revólveres .38, pero en cortes anteriores su precio se ha ubicado entre 12 mil y 18 mil pesos.