Nuestra salud mental
El pasado 13 de marzo de 2026 la noticia nos tomó por sorpresa: el actor mexicano José Ángel Bichir sufrió una caída desde el tercer piso de un edificio en la CDMX, y tuvo que ser llevado de emergencia al hospital Rubén Leñero.
Aunque aún se están investigando las causas, lo cierto es que este hecho ha vuelto a poner sobre la mesa algo que no podemos seguir ignorando: la salud mental en México es un tema de urgencia, que afecta a millones y que todavía tiene un montón de barreras de estigma y falta de acceso a ayuda.
¿Sabías que según el Mind Health Report 2024, el 36% de los mexicanos dice tener alguna condición de salud mental? Eso es 8 puntos más que en 2022, y hasta un poco más que el promedio mundial de 32%. Pero aquí viene lo preocupante: el 90% de las personas que podría tener una condición grave cree que su salud mental está bien.
Y en cuanto a buscar ayuda, los números no son los mejores: solo el 22% ha ido a ver a un psicólogo y el 13% a un psiquiatra en los últimos 12 meses. El 33% se las arregla solo. En 2025 se registraron 9,051 muertes por suicidio en el país, y en la CDMX representa el 10.6% de las muertes violentas. Datos duros, pero necesarios de conocer.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que la salud mental es un "estado de bienestar que nos permite enfrentar el estrés, desarrollar nuestras habilidades y contribuir a la comunidad" —y lo considera un derecho humano fundamental. En todo el mundo, más de mil millones de personas tienen alguna afección, pero muchas no pueden acceder a tratamiento por el estigma, la discriminación o la falta de recursos.
En México, hay algunas buenas iniciativas, como las pláticas de salud mental que hace el DIF Nacional junto con la UNAM, especialmente enfocadas en jóvenes. Hablan de cómo manejar las emociones, prevenir el suicidio y lidiar con el bullying, y ya han llegado a miles de estudiantes.
Pero aún es insuficiente. Casi todos los días vemos casos de agresiones dentro de las escuelas, estudiantes que se agreden entre sí o adultos que agreden estudiantes afuera de los planteles. Alrededor vemos jóvenes grabando, o simplemente como observadores, sin pedir ayuda, a veces riéndose.
¿A qué grado de indolencia hemos llegado? Este tipo de conductas también nos hablan de la urgencia de atender la salud mental.
Tenemos que pedir que se fortalezcan las políticas públicas, que haya más servicios de calidad y que se reduzca ese estigma que hace que mucha gente se calle y no busque ayuda.
Cuidar la salud mental no es cosa solo de los gobiernos: toca a todas las familias, comunidades y cada uno de nosotros. Así sí podemos asegurarnos de que nadie se quede solo en este camino hacia el bienestar.
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