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Expansion 04 May, 2026 13:18

Autos eléctricos podrían elevar demanda eléctrica hasta 30% en ciudades

La adopción de los vehículos eléctricos en México dejó de ser una promesa lejana para convertirse en una variable concreta dentro de la planeación energética. Aunque todavía representan alrededor del 3.5% de las ventas totales, su avance sostenido comienza a tensionar un sistema eléctrico que no fue diseñado para una electrificación acelerada del transporte. En el primer trimestre del año, la venta de vehículos híbridos y eléctricos alcanzó 44,183 unidades, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores. De ese total, solo el 30% —equivalente a 13,254 unidades— correspondió a autos eléctricos e híbridos enchufables, mientras que el 70% restante fueron híbridos no conectables.

La cifra aún luce modesta frente a un mercado total de 381,653 vehículos ligeros vendidos en el mismo periodo, dominado por autos de combustión interna. En términos proporcionales, los eléctricos e híbridos enchufables representan cerca del 3.5% del total, pero su velocidad de crecimiento introduce una presión distinta: no es el volumen actual, sino su tendencia lo que enciende alertas.

Crecimiento que rebasa a la infraestructura El problema ya no se limita a cuántos autos eléctricos circulan, sino a cómo se integran al sistema energético. La adopción avanza más rápido que la capacidad de coordinación entre generación, infraestructura de carga y gestión del consumo. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energías Renovables, la integración masiva de vehículos eléctricos podría elevar la demanda pico de electricidad entre 20% y 30% en ciudades si no se aplican esquemas de carga inteligente que distribuyan el consumo. Ese incremento no es menor en un país donde la red eléctrica ya enfrenta episodios de estrés en ciertas regiones. La electromovilidad, en ese contexto, se convierte en un factor adicional dentro de una demanda energética que crece por múltiples frentes. La gestión de la demanda se vuelve estratégica La conversación sobre autos eléctricos empieza a desplazarse hacia el terreno de la infraestructura. La capacidad de la red, la ubicación de estaciones de carga y la planeación energética se vuelven piezas críticas para sostener el crecimiento sin generar cuellos de botella. El despliegue de cargadores no depende únicamente de la tecnología disponible. También requiere una red capaz de soportar la conexión simultánea de múltiples puntos de carga, especialmente en zonas urbanas densas o corredores industriales. “Hoy el cuello de botella no es netamente tecnológico, sino que tiene un componente sistémico. Hay generación de energía, tenemos cargadores, pero falta la integración entre estos elementos. Sin una gestión adecuada de la demanda energética, incluso los sistemas más robustos pueden volverse ineficientes, costosos o subutilizados”, dijo Luis Antonio Osorio Sales, director de Enerlink México, una empresa de tecnología para la gestión de la electromovilidad que opera más de 400 cargadores de diversas marcas.

La presión sobre la red no proviene únicamente del transporte eléctrico. Se suma al crecimiento de otras actividades económicas que también demandan mayor consumo de energía, lo que genera una convergencia de cargas difícil de administrar sin herramientas de monitoreo y planeación. “Con lo que hoy se tiene, hay que hacer un mapeo y entender hacia dónde crece la demanda, además de contar con herramientas para gestionarla”, explicó Luis Antonio Osorio Sales. En la operación cotidiana, esa falta de integración ya tiene efectos tangibles. Empresas con flotillas eléctricas deben ajustar sus horarios de carga, rutas y niveles de consumo en función de la capacidad disponible en cada zona. La decisión de electrificar una flotilla deja de ser únicamente financiera o ambiental. Se convierte en un ejercicio técnico que depende de la infraestructura local y de la estabilidad del sistema eléctrico. La visibilidad sobre el uso de la red comienza a ser un activo estratégico. Anticipar saturaciones, redistribuir cargas y optimizar el desempeño del sistema son tareas que definen la viabilidad de la electromovilidad en el corto plazo. “Hoy tenemos que asegurar ser operativos y de ahí poder dimensionar dónde se pueden agregar cargadores, donde no es pertinente y trabajar con ello”, añadió el directivo. En regiones como el sur del país, donde el sistema eléctrico enfrenta un estrés constante, el monitoreo de la demanda se vuelve indispensable para evitar interrupciones o sobrecargas. La expansión de la movilidad eléctrica, sin una planeación paralela, podría agravar estas condiciones. El desafío, así, no radica únicamente en vender más autos eléctricos. Está en construir un sistema energético capaz de absorberlos sin perder eficiencia, estabilidad ni competitividad, en un momento en el que la transición energética avanza más rápido que la infraestructura que la sostiene.

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