La comparecencia del exjefe del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, ante la Audiencia Nacional no dejó espacio para ambigüedades. Su mensaje fue directo, el servicio de inteligencia español no participó “ni por acción ni por omisión” en la operación desplegada a partir de 2013 para espiar al extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas. “Cero absoluto”, indicó el exjefe de los espías para cerrar cualquier resquicio de duda sobre la implicación de los servicios de inteligencia.
Este posicionamiento tiene implicaciones relevantes. Si se acepta como veraz, desplaza el epicentro de la responsabilidad exclusivamente hacia estructuras del Ministerio del Interior de la época, bajo el Gobierno de Mariano Rajoy, y refuerza la tesis de que la operación Kitchen se ejecutó al margen de los cauces legales y del control judicial.
Sanz Roldán no solo negó la participación del CNI; fue más allá al subrayar que una operación de estas características habría sido incompatible con el marco legal que regula la actividad de los servicios secretos. “El CNI actúa siempre con absoluto respeto a la ley (...) ningún Gobierno me pidió que hiciese nada ilegal y esto lo hubiese sido”.
Este argumento cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que la operación Kitchen, según la Fiscalía, se diseñó para sustraer documentación sensible a Bárcenas en un momento crítico para el Partido Popular, cercado por las investigaciones judiciales del caso Gürtel. La ausencia de control judicial en dichas actuaciones refuerza su carácter presuntamente ilícito.
Villarejo, el conflicto de fondo y la batalla del relato
El testimonio también desmonta uno de los pilares de la defensa del comisario jubilado José Manuel Villarejo, quien ha sostenido que el origen del procedimiento judicial está contaminado por una supuesta maniobra del CNI derivada de su enfrentamiento personal con Sanz Roldán, toda vez que la causa se deriva del caso Villarejo.
La negativa del exdirector del CNI a reconocer cualquier animadversión o intervención en el caso debilita esa línea argumental. Más aún cuando enmarca su actuación judicial contra Villarejo en la defensa institucional del organismo, no en un conflicto personal. En otras palabras, intenta separar la disputa individual de la estructura del Estado, blindando la credibilidad del CNI.
El fondo del asunto trasciende la autoría concreta de la operación. Kitchen se ha convertido en un caso paradigmático sobre cómo reaccionó la cúpula de Interior durante los días aciagos de la instrucción de la trama Gürtel y la publicación de los papeles de Bárcenas.
En este contexto, la declaración de Sanz Roldán introduce una línea divisoria clara: los servicios de inteligencia, al menos según su versión, no cruzaron ese límite. Pero esa afirmación, lejos de cerrar el debate, lo intensifica. Si el CNI no participó, ¿quién asumió entonces la iniciativa y bajo qué cadena de mando? @mundiario