nullMario Maraboto
En diversos momentos a lo largo de lo que va de su “gobierno”, la presidenta Sheinbaum ha enfatizado que la soberanía de México es irrenunciable, y que la defenderá. Específicamente al hablar de la relación con Estados Unidos ha insistido en que no hay sumisión sino colaboración con respeto a la soberanía de ambos países.
Cuando la presidenta ya se había sumado al linchamiento a la gobernadora de Chihuahua por poner en riesgo la soberanía federal al permitir operar a agentes de la CIA en territorio nacional, se reveló la acusación de los Estados Unidos en contra del gobernador de Sinaloa y 9 políticos más, todos afiliados a Morena, por tráfico de drogas y otro delitos.
Días antes Sheinbaum había expresado con referencia al caso Chihuahua: “No se puede hablar del Estado de derecho para unas cosas y para otras no…” Al igual que el estado de derecho, la soberanía no se la puede invocar para algunas cosas y no para otras. Si autoridades estatales permiten operaciones extranjeras sin notificar o coordinar con la Federación, o permiten libremente operaciones de grupos criminales (como en casi todo el país), se pone en riesgo la soberanía federal.
El pasado jueves, la presidenta, al fijar posición sobre el tema de Sinaloa, volvió a expresiones comunes: no vamos a encubrir a nadie (mientras sea de la oposición); que presenten pruebas, y remató con lo que ahora es su lema del momento: “… mi posición ante estos hechos es verdad, justicia y defensa de la soberanía.”
El tema de la soberanía está en tensión frente a los tratados y acuerdos con Estados Unidos en materia antidrogas. Mientras México habla de colaboración, Washington presiona en busca de acciones más agresivas contra cárteles y narco políticos.
Pero la soberanía no sólo es puesta en riesgo por un gobierno extranjero que realiza operaciones encubiertas, lo que ha pasado en México desde sexenios atrás; en la práctica los cárteles de la droga, muchas veces con apoyo de autoridades federales y estatales, socavan la soberanía constitucional del Estado (la que, legítimamente, reside en el pueblo) y ejercen una soberanía efectiva a través de: control territorial, violencia, extorsión y administración paralela (designación de candidatos, sometimiento de gobernadores y alcaldes, imponer reglas, cobrar “derecho de piso”, regular mercados locales, decidir quién entra o sale de zonas, etc.).
En tanto la soberanía formal la ejerce el Estado a través de sus órganos institucionales, los cárteles de la droga han impuesto su soberanía en diferentes regiones al monopolizar el uso de la fuerza y el control territorial y político en diferentes Estados. Cuando civiles armados ejercen control sobre poblaciones o territorios, la soberanía estatal queda erosionada.
Señora presidenta: la soberanía de la nación se defiende siempre y ante cualquier actor que pretenda violarla, aunque sea de su movimiento. No se vale defenderla ante otro país y cerrar los ojos frente a los que ejercen la soberanía efectiva y sus cómplices en los gobiernos estatales. La soberanía de México está vulnerada; restaurarla requiere, sí, de verdad y justicia, pero sobre ello, transparencia, voluntad, y no encubrir o solapar a nadie al límite de la complicidad.
¿Cuál soberanía defiende usted?