En medio del ir y venir del Mercado Hidalgo, un sabor ha resistido el paso del tiempo. Se trata de El Oasis, un negocio con más de 65 años de historia dedicado a la elaboración de tepache, cuya receta llegó desde Guadalajara de la mano del abuelo del actual dueño.
Hoy, Carlos forma parte de este legado. Llegó por invitación, gracias a conocidos que ya trabajaban en el lugar y ahí aprendió el proceso artesanal que ha conquistado a generaciones enteras.
También te puede interesar: De concha tradicional a fenómeno viral
La clientela es prueba de ello. Hay quienes acuden desde niños, acompañados por sus padres, y que ahora continúan la tradición. “Vengo desde que era pequeño”, contó un cliente fiel, reflejo de una bebida que no solo refresca, sino que conecta con la memoria.
El tepache, bebida fermentada de origen prehispánico cuyo nombre proviene del náhuatl, se elabora en el mismo local.
La receta incluye cáscara y trozos de piña, además de manzana y tamarindo, todo machacado con piloncillo. En busca de nuevos matices, también experimentan con cáscara de naranja.
La mezcla reposa en barricas de roble entre tres y cuatro días. Además el clima es clave: el calor acelera la fermentación, mientras que el frío la ralentiza, por lo que el proceso requiere supervisión constante para mantener el sabor que los clientes reconocen.
Una vez listo, se cuela cuidadosamente para eliminar residuos de fruta y se almacena en recipientes de acero inoxidable antes de salir a la venta. Aunque la fruta se retira, Carlos asegura que aún puede consumirse, e incluso él mismo la disfruta junto con la bebida.
Actualmente, tres personas atienden El Oasis, que además cuenta con un segundo punto dentro del mismo Mercado Hidalgo.
También te puede interesar: Ecobici conecta transporte y reduce emisiones: Semovi
Para el tepachero, el principal reto es competir con los refrescos al considerar que muchos consumidores optan por lo que ya conocen, pero confía en que quien prueba el tepache, regresa.
La clave de su permanencia, afirmó, está en la atención, la higiene y la calidad del producto: una bebida 100 por ciento natural, de proceso artesanal y sabor equilibrado, menos intenso y con un toque más dulce que otras versiones.
En El Oasis, cada vaso cuenta una historia que lleva más de medio siglo fermentándose.