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El Economista 20 Mar, 2026 09:37

Presidenta amarrada

La presidenta Claudia Sheinbaum es una mejor administradora que su predecesor en el cargo, pero no es una política. No se me malentienda, a veces hace falta un buen administrador para dirigir un país. De hecho, hay algunas ocasiones en que eso es mejor que tener un político con visión, pero ignorante o corrupto. En realidad, no sabemos si es la administradora que necesita el país porque está amarrada por algunas “herencias” que le fueron legadas por AMLO y que le impiden tener un mayor espacio político en momentos en que se requiere flexibilidad en algunos temas.

Así, amarrada, va al proceso de selección de las candidaturas de su partido para 2027 y a la negociación del T-MEC con la administración Trump. Contra lo que escribe buena parte de los analistas y periodistas, no creo que la mandataria sea una marioneta en manos de López Obrador. Creo que hay elementos para afirmar esto. Por ejemplo, el vuelco en la política de seguridad es un hecho, sea por presión extranjera o necesidad nacional o ambas, esto no lo hubiera llevado a cabo el expresidente. Otro ejemplo es su política hacia PEMEX y CFE buscando inversión privada, sea nacional o extranjera. Un tercer caso es el trato que le da a sus aliados del PT y el PVEM. El macuspano nunca los habría maltratado como lo intentó Sheinbaum en la primera versión de su fracasada reforma electoral.

Sostengo que Sheinbaum es una persona leal a López y que comparte muchas ideas y propósitos con él, como la tendencia al autoritarismo, el desdén por la negociación con otras fuerzas políticas y la creencia absurda en causas que los llevan a apoyar a dictadores. La obsesión por Cuba la comparten ambos; esa confusión entre el gobierno dictatorial y el pueblo cubanos que los lleva a afirmar que el primero es representante del segundo, lo cual es falso. La dictadura de Díaz Canel está rota y no fue Estados Unidos el que la quebró.

España es otra cosa. AMLO hizo de una reclamación histórica basada en hechos una bandera contra la España moderna. Tergiversó la historia y, como el viejo PRI, revistió a los pueblos indígenas con halos de perfección y a los españoles los pintó como invasores brutales. La historia como una narrativa de buenos y malos. Sheinbaum no tiene esa misma obsesión y el gobierno y la corona españolas lo saben y le han mandado varios mensajes conciliatorios. El último, del mismo Felipe VI, al que se le giró una invitación para asistir al Mundial. El rey, como jefe de Estado, no vendrá si no hay garantías de que se le tratará de acuerdo con un protocolo formal y diplomático. Veremos si Sheinbaum es capaz de romper con la narrativa obradorista y normalizar las relaciones. Sería absurdo no hacerlo.

Otra herencia de AMLO es la reforma electoral. Esta es una medida innecesaria para un país que ha perdido lo sustancial de una democracia. MORENA y sus aliados tienen el control de los Poderes y las instituciones. Los partidos opositores están sin rumbo y sin fuerza y la mayor parte del gran capital ha multiplicado su riqueza gracias a los gobiernos del eslogan “primero los pobres”. Por este lado no hay mayor problema. Adicionalmente, la presidenta goza de popularidad de acuerdo con las encuestas. ¿Para qué hacer una reforma electoral? Por esto, cabe preguntarse si Sheinbaum confeccionó una primera versión de reforma electoral que sabía sería rechazada y una segunda versión sin mayor consecuencia. La mandataria concluye que ella “ya cumplió” con intentarlo.

Además de haber heredado una economía lastrada por el déficit, la deuda y la falta de crecimiento, Sheinbaum heredó a los grupos obradoristas radicales que quieren mantener la “pureza” del movimiento. Seguramente, algunos trabajan de la mano de López Obrador, pero otros levantan su bandera para mantener intereses más allá de la política.

Ahora, con el inminente arranque de los procesos electorales, la lucha por las candidaturas será feroz. Acerca de esto, desde que recuerdo, todos los presidentes han asegurado que no meten mano en las designaciones, pero lo hacen porque es un mecanismo de control. Sheinbaum no es la excepción. Sin embargo, llega a este proceso de selección con derrotas y rebeldías. En las primeras, además de la reforma electoral en su primera versión, el tropiezo de no imponer la norma antinepotismo desde el 2027. En las segundas, Saúl Monreal (Zacatecas), Félix Salgado (Guerrero), Ruth González (San Luis Potosí) y los que se acumulen.

La presidenta está amarrada por las “herencias” obradoristas, enfrentará problemas internos que podrían derivar en espacios para que las oposiciones crezcan. No hay que quedarse a ser espectadores y cronistas de las broncas de la 4T, hay que avanzar en la restauración de la democracia.

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