Las horas recientes han dejado algo más que consignas, bloqueos y discursos cruzados en Chihuahua. También quedó una frase de María Eugenia Campos que, en medio de la confrontación política, terminó resonando entre muchos ciudadanos: “Hay que conocer Chihuahua”. Detrás de la batalla entre Morena y el Gobierno estatal existe una realidad que pocas veces se entiende desde el centro del país. Este estado fronterizo lleva décadas aprendiendo a sobrevivir prácticamente solo, entre el abandono federal, las crisis económicas, la violencia y un clima que no da tregua.
Chihuahua siempre ha estado lejos del centro. Lejos de las prioridades nacionales, de los presupuestos y muchas veces también de la atención política. Aquí los veranos son verdaderos infiernos y, aun así, las tarifas eléctricas siguen golpeando a miles de familias. Durante décadas se han prometido apoyos para el campo, incentivos para las empresas fronterizas y soluciones de seguridad que rara vez llegan completas.
Por eso resulta injusto intentar cargar toda la violencia únicamente sobre el gobierno estatal. Morena ha aprovechado el caso CIA para golpear políticamente a Campos, aun cuando la inseguridad en Chihuahua también es responsabilidad de la Federación. Si realmente quisieran convertir al estado en una prioridad nacional, hace tiempo habrían reforzado masivamente la presencia federal, como ocurre en otras regiones del país.
Pero Chihuahua suele arreglárselas solo. Así ha sido siempre. Entre sequías, abandono y violencia.
Quizá por eso muchos chihuahuenses reaccionaron con molestia ante los discursos importados desde el centro del país. Porque aquí existe una identidad distinta. Un orgullo fronterizo que entiende lo que significa sostenerse lejos del poder central.
Chihuahua podrá sentirse olvidado muchas veces, casi como otro país dentro de México, pero aun así sigue siendo profundamente mexicano. Tal vez incluso con más responsabilidad y compromiso que muchos otros estados.