Durante generaciones hemos narrado la empresa familiar como una epopeya de fundadores: el abuelo que arriesgó su patrimonio, el hijo que modernizó el taller, el nieto que llevó la marca al exterior. Una saga conjugada, casi siempre, en masculino. Por eso la elección de Tona Martínez como presidenta de la Asociación Gallega da Empresa Familiar, el pasado 18 de mayo en Santiago de Compostela, merece leerse como algo más que un relevo: es el momento en que ese relato empieza a reconocer a todas sus autoras.
El homenaje de Tona Martínez a las mujeres de la empresa familiar
Su intervención brilló, sobre todo, por la lucidez con que administró el momento. Martínez tenía a mano el discurso previsible de cualquier toma de posesión y prefirió, en su lugar, convertir el atril en un acto de reparación: nombrar a quienes la historia oficial había situado en el margen.
Habló de las empresas familiares como relatos de "valentía, riesgo, dificultad, esfuerzo y dedicación", y dedicó su reconocimiento más hondo a las mujeres —esposas, madres, abuelas— que durante décadas sostuvieron estos negocios desde la trastienda. "Sin su labor, tan poco reconocida, no existiría la empresa familiar", afirmó, y las llamó "la otra mitad indispensable". Que pronuncie esa frase la primera mujer que preside Agef la convierte en algo más que un homenaje: la convierte en programa.
La empresa familiar gallega abre su cúspide a las mujeres
Conviene que midamos lo que está en juego. Las empresas familiares concentran más del 90 % del tejido productivo gallego, en torno al 86 % del PIB autonómico y cerca de 600.000 empleos, según las cifras que la Xunta expuso en la asamblea. Hablamos de la columna vertebral de la economía gallega. Y a su patronal accede ahora, por primera vez, una presidenta. El gesto tiene la elocuencia de los símbolos que de verdad cambian las cosas.
La estadística confirma por qué este nombramiento importa. En España, alrededor del 18 % de las sociedades mercantiles cuentan con una mujer en la presidencia, y la cifra se mueve en el 14% en las direcciones generales, según el informe de la consultora Informa D&B. La presencia femenina se ha consolidado en los consejos de administración; el terreno por conquistar está, precisamente, en la cumbre, donde se decide. Tona Martínez acaba de plantar allí su bandera.
En el ámbito de la empresa familiar el progreso resulta más nítido: las mujeres ocupan ya cerca de un tercio de los asientos en los consejos, según el Instituto de la Empresa Familiar. El paso natural y más ambicioso era justamente el que Martínez acaba de dar: pasar de integrar el órgano a presidir la organización que habla en nombre de todo un sector.
Tona Martínez y el valor de un precedente
Me detengo en una idea que Martínez deslizó en su discurso y que sostiene, en realidad, todo lo demás. Reclamó estimular el emprendimiento "entre los jóvenes y entre las mujeres, que tradicionalmente emprendemos menos, por las circunstancias sociales". La precisión es de fondo, situó la causa en las circunstancias y en la cultura, una herencia que conviene revisar para que el talento de las mujeres disponga de caminos cada vez más anchos.
La asamblea, clausurada por el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y con la presencia del presidente de Abanca, Juan Carlos Escotet, dedicó tiempo a la capacidad de adaptación de estas compañías en un entorno cambiante. Comparto ese optimismo y añado un matiz: la mejor herramienta de adaptación de cualquier empresa consiste en aprovechar todo el talento disponible, también el de las mujeres que ya han demostrado de sobra su capacidad para sostener estas compañías y para dirigirlas.
El mandato de Tona Martínez dirá hasta dónde llega el símbolo: relevo generacional con perspectiva de género, conciliación efectiva, visibilidad para las empresarias gallegas. Su propio discurso fijó una hoja de ruta exigente. Y celebro que así sea, porque los precedentes que de verdad cuentan son los que abren una puerta y dejan a la vista el camino. Galicia tiene ya el suyo, y tiene nombre de mujer. @mundiario