No está claro, sin embargo, que siga significando lo mismo. Aquel “cruce de caminos” donde el mar no se podía concebir, a donde regresaba siempre el fugitivo, y donde los niños sustituían el mar por vasos de ginebra, las noches se alargaban, y tras “las jeringuillas del lavabo” daba igual si la muerte venía en metro o porque la estufa de butano no calentaba, mira mucho al Sur. No es que aquí no quede sitio para nadie, pero vivir es más caro que nunca, y lo que acaba de pasar en Andalucía puede hacer que, dentro de poco, la alabanza implícita a la bohemia alegre que nutría a Madrid, haya dejado de ser tan distendida e incitante como se soñaba. La Puerta de Alcalá, por mucho que se mire, no transpira todo lo que cantaba Ana Belén en 1986: el sueño eterno del “no pasarán” ve pasar el tiempo con otra libertad, y el “poblachón manchego” de que tanto hablaba Umbral haya vuelto por sus fueros.
Después de las elecciones del pasado día 17 de mayo, la cuestión principal vuelve a ser qué hayan hecho quienes, desde 1978, han gobernado: qué hicieron mal para que las consignas de Vox condicione la gobernanza de Andalucía. Es la cuarta vez que sucede desde diciembre, y puede repetirse en las próximas elecciones, en Madrid, en coincidencia con las generales -salvo adelanto- y en las de las comunidades de Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Murcia, Navarra y La Rioja. En 2027, y seguramente n agosto se dilucidará la profundidad y extensión logradas por el movimiento político que Abascal inició en diciembre de 2013. Pero la distancia entre lo que propugnan “los acentos de una voz” que propugna Prioridad Nacional, y los que traslucía el cantar de Joaquín Sabina, únicamente desaparecería si el poder taumatúrgico de esta remediara el virus inoculado en Extremadura, Aragón, Castilla-León y ahora Andalucía, más contagioso que el hantavirus del crucero MV Hondius.
Por su condición de Corte desde 1561, Madrid siempre tuvo desde Felipe II atractivo para personas de otras regiones con vocación administrativa y caciquil. Y siempre atrajo también estudiantes, literatos y cómicos, dispuestos a aprender más allá de lo que daban de sí los circuitos territoriales donde habían nacido. Esta particularidad innovadora de muchas vidas la hizo recobrar, entre los años sesenta y ochenta, aires republicanos de ciudad cuyo atractivo vecinal era que “nadie era forastero”, porque todos -y particularmente estudiantes y obreros- se movilizaban en la calle y, nadie preguntaba de dónde se era, a qué se hubiera dedicado, o en qué ocupaba su vida. Aquellas movidas, y las más optimistas que siguieron a 1978, dieron calidez e interés a la vida colectiva en los barrios y en el conjunto urbano. En 1992, sin embargo, empezaron a eclipsarse y. después de 2003, en que “el Tamayazo” fue el pistoletazo de salida de otro Madrid, la creciente turistificación ha fortalecido a la idea de que de Madrid Madrid son los que manejen “parné”, venga de donde viniere, y no los que hicieron aquel Madrid de los años ochenta, menos propicios a pasear la Gran Vía y alrededores...
Las prioridades de otro Madrid
En el Madrid del “ya hemos pasao”, al terminar la Guerra había 60.000 personas sin hogar, y otras 400.000 -más de un tercio de sus habitantes- se hacinaban en ruinas, cuevas, chabolas y espacios de “condiciones difícilmente soportables” (País en ruinas, pág.131, mientras personajes conchavados con entidades financieras y políticas construían barrios enteros y casas en que la puerta del “servicio” no era la de “los señores”. Entre 1942-44, Dámaso Alonso situaba en Madrid, desde el primer poema de Hijos de la ira, “Insomnio”, su diario íntimo. Desde 2003, en esta ciudad, supuestamente adelantada, prevalecen los poseedores de cuentas de resultados que crecen a partir de decisiones políticas en educación, vivienda, sanidad o atención a mayores, al estilo de los 7291 fallecidos con la covid-19 que “iban a morir lo mismo”. Siguen la tradición que, en 2009 Antonio Gamoneda recordaba, en Un armario lleno de sombra, en que los becarios pobres de su colegio tampoco entraban por la misma puerta. Las chicas iban a colegios parecidos y, ahora, los desheredados/as de hace 86 años parece que deban ver a sus descendientes entre el 60% de los niños y niñas de la enseñanza privada. Los del otro 40% madrileño configuran un buen indicador para repensar -en lo que quede hasta las siguientes elecciones- si la Prioridad Nacional, y su “sentido común” financiarán sus necesidades sociales de modo acorde con los derechos reconocidos en la CE78.
Un ecosistema de privilegios en cuanto ocupa a los ciudadanos según su percentil de renta, rige multitud de decisiones mimadas por el marketing hostelero, futbolero y hasta el “aconfesional”, cuyo sello encamina historias diversas, como la del ruidoso Bernabeu, que los vecinos sólo ven rentable para Florentino Pérez, pero que anima a Isabel Ayuso a dar “seguridad jurídica” a quienes alquilen ese estadio para conciertos, pues “Madrid es una ciudad de ruido”. Y su entorno, siempre adelantado a Feijóo, también asegura que el circuito Madring de Fórmula 1 -para cuyas obras IFEMA ha puesto 137 millones de Euros- se inaugurará en septiembre sin cargo a los presupuestos públicos. Sea es o no verdad este modo de invertir el dinero público no impide la “prevalencia moral”, de que habla el juez Peinado en sus escritos, de alto interés para calibrrar el modelo de hábitat madrileño que pretenden.
“Hablar de Madrid” ahora que, desde la Puerta del Sol, se quiere evitar la memoria de que en la Dirección General que tuvo sede en la histórica Casa de Correos se reprimía a discordantes, es rememorar el maniqueismo que preservó el bien frente al mal durante más de 40 años. Su estructura, nada inocente, vuelve a culpar a los oprimidos y violados, de las limitaciones que sufren por no aprovechar las migajas neoliberales. Después de lo acontecido con el Movimiento del 15M (de 2011), la “sobresaliente” mayoría de “arraigados” votos “solventes” en el Sur propicia que los criptoadictos del bien pensar y votar también reivindiquen en 2027 sus prioridades, en Madrid y otras partes. @mundiario