Éramos pocos, seguían colándose pocos personajes en ese camarote de los Hermanos Marx de lo que llamamos izquierdas a la izquierda del PSOE, y se les ha aparecido un clon de arcángel San Gabriel, con acento catalán, claro, anunciando uno de esos misterios que han traído de cabeza a una gran parte de la humanidad por los siglos de los siglos: un nuevo parto sin pecado concebido; una izquierda, a la izquierda del PSOE, capaz de protagonizar una nueva inmaculada concepción de un mesiánico espacio político. Hombre, ¡bienvenido sea cualquier detergente capaz de limpiar, dar lustre y esplendor a esta democracia española con toda la mierda, con perdón, que por lo visto y oído le rompía el corazón, el otro día, al portavoz del Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados! ¡Por fin la voz de su señoría Rufián, clamando en el desierto ético y estético del Hemiciclo, reconoció que algo olía a podrido en España!
Bueno, muy bien, ¿y ahora qué? Porque, la palabra mierda, de nuevo con perdón, ya resonó prácticamente como despedida de Labordeta desde la tribuna del Congreso, y pasó lo que pasó, o sea, lo que no pasó, y la vida siguió igual, mientras distintos y distantes lugares de esos, donde las espaldas de los sucesivos representantes del pueblo pierden sus nobles nombres, no tuvieron la fortuna de experimentar que otros y otras se sentaran en ellos y mejor lo hicieran: ¡ay, si los escaños hablasen…!
Lejos de mí la mínima intención de aprovecharme del apellido de Don Gabriel, para adjetivar a algunas y algunos nombres y apellidos que ahora puedan estar deshojando la margarita, si, no, si no, respecto a la posibilidad de que sea él, Grabiel Rufián, el mejor o el menos malo de los árboles al que arrimarse para que buena sombra pueda cobijarles. Pero, con todos los respetos a la gente de buena voluntad, convencida de que sólo por las izquierdas a la izquierda del PSOE se puede aspirar al paraíso, la mierda, con perdón por tercera vez, la codicia de poder, las ambiciones personales por encima de las colectivas, la miseria humana del quítate tú para ponerme yo, anida también en ese heterogéneo espacio adalid del juego limpio, de la justicia social, de la redención de los vulnerables y del antídoto infalible para derrotar a los cuatro jinetes del apocalipsis de cualquiera de los dos partidos mayoritarios.
Desde Cataluña, ese pedazo de territorio en el que crece y se desarrolla la alergia a España, han surgido, en el espacio de tiempo de 1986 al 2026, un proyecto y ahora un intento que, curiosamente, uno pretendía salvar al liberalismo nacional y el otro se ofrece ahora para salir al rescate del progresismo plurinacional: la Operación Roca, que acabó como acabó y la Operación Rufián, que acabará como acabará. No me pregunten ustedes porqué, antes de teclear el punto y final, evoco en mi cabeza una película: Alien: El Regreso. @mundiario