La precisión y rapidez con que la investigación judicial del expresidente Zapatero interrumpe la dinámica en que andaba el teatro político es tan asombrosa que parece seguir un guión de una serie diseñada para ocupar al personal. Con la Justicia nunca se sabe; tan bien va “p´adelante” con gran rapidez, como se estanca y mueve la prospección investigadora con tal lentitud que, a lo que se ve en capítulos recientes de series similares, puede estancarse durante 12 o 13 años, si no más: El “caso Gürtel” empezó en noviembre de 2007. Esta capacidad para elegir el momento más apropiado para introducir en la rutina diaria un asunto ideal para el cotilleo solo tiene parangón con la capacidad que tienen algunos políticos para situar en franjas horarias de máxima audiencia palabras dignas de un titular sorprendente y llamativo hasta el clímax, por el valor duro y atrevido de las palabras.
De este modo -casi poético-, hemos pasado, en un santiamén, del “Bambi” que suscitaba sonrisas por el “talante” de sus propuestas para arreglar las duras disputas con ETA, a la de un taimado listillo que -según la estimación que sugiere el auto del juez Calama- se ha aprovechado del cargo para llevarse pasta ilegal a sus cuentas corrientes. Esta ingeniería creativa, tan apropiada para armar la estructura de una novela negra, tiene a su favor a policías que “se dan prisa para investigar” si cuanto sugiere el auto tiene pruebas reales, objetivas, capaces de ir más allá de cuanto afirma e “imputar” a un personaje político -hasta ahora visto como “honrado”-, en cuyo currículum político está el haber sido capaz de sacar adelante asuntos y leyes sociales complicadas.
Por esta simple razón, hay quienes lo ven como “indeseable” porque, además, lo ven como el gran inspirador del “Sanchismo” de Pedro Sánchez, causante de insospechadas corrupciones y corruptelas de las que no libra a su propia familia. Dentro del esquema narrativo del conservadurismo y del ultraconservadurismo -tan próximos en creatividad del insulto vergonzante contra cuanto no les gusta o les destapa sus vergüenzas-, es un hallazgo. Feijóo y sus consejeros no tenían ya argumentos para reclamar su vez en la Moncloa, una vez más.
Esta reivindicación judicial -a la que se adhirió “Manos limpias” después de una denuncia de Francia y Suiza por blanqueo de dinero- es digna de un premio que debiera concederse en la calle Génova con boato solemne. Cuenta con el aval de EE UU, muy ocupado en cuanto roce Venezuela, y nada olvidadizo de desplantes que puedan interpretarse como indeterminación de vasallaje. Que Zapatero retirase de Irak, en abril de 2004, tropas que Aznar había concertado el año anterior en las Azores con Tony Blair y Bush, no lo han olvidado. Tampoco la poca unción mostrada ante el paso de la bandera americana en el desfile militar el 12 de octubre de aquel año.
Esta nueva incursión de la Justicia en la vida cotidiana de los españoles, en general, y en las de quienes los representan en su Parlamento, ha sorprendido, escandalizado y paralizado a cuantos dicen tener ideas de carácter más bien progresistas que propiamente de izquierdas, especie esta de múltiple tipología estructural y organizativa. “Shock”, “salto inesperado”, “trauma”, “incredulidad” y “tristeza” componen ya una salmodia de exclamaciones que no han dejado de oírse desde el inicio del primer episodio: la disponibilidad de de las 88 páginas del argumento completo que propone el juez, a las pocas horas de su anuncio, desvela al leerlo despacio una narrativa de gran precisión al conectar una posible trama delictiva, planificada para delinquir con el tráfico de influencias.
Esta figura jurídica exige coacción o imposición a funcionarios, y este auto encadena -con ansiedad detallista, y uso sugerente de las sospechas-, una secuencia de puntos estratégicos, escuchas, personas y dineros que rondan a Zapatero, y ver si se ha valido de su prestancia para que la ayuda a una compañía en apuros, Plus Ultra, sea un hilo de múltiples corrupciones, como viene contando MUNDIARIO. Más allá, según las reglas de este juego al escondite, se ha de esperar a que, en los capítulos siguientes, se desvelen las partes del sumario que permanecen secretas y los informes sobre las pesquisas documentales en despachos implicados, donde las cámaras han puesto gran atención.
Reputación y democracia
Aunque todo se quedara en apariencia de delito, el daño a la reputación de Zapatero y su familia ya está hecho. Desde el inicio de la democracia ha habido historias parecidas, bien como traición de un mal amigo o, más bien, como método tramposo para quitarse de en medio a alguien que estorba. También se daña al PSOE, le quitan uno de sus referentes y, de paso, posibles votantes a los que haya agradado. Y en tercer lugar -pero que a lo que importa es primero-, se inyecta en el sistema democrático una fuerte dosis de desconfianza, propicia a que instancias extrañas a los intereses colectivos se hagan con el control de la fragilidad cívica.
¿Quién subsana este daño y dónde se reclama si, al final, todo es una farsa indecente? Y si no lo es, porque hay comprobaciones rigurosas, caben todavía serias dudas sobre pautas seguidas por altos dirigentes políticos, que nunca transgreden esa débil línea -tan imprecisa jurídicamente- cuando actúan como lobbys de grandes empresas abriendo “puertas giratorias” bien engrasadas con dinero. ¿Al abandonar sus cargos políticos, se han olvidado de sus agendas y relaciones anteriores? Por otro lado, ¿por qué hablan de lo que ven en cabeza ajena, tapando el ojo de lo que pasa en la propia?
Cuantos se rasgan sus vestiduras debieran dar ejemplo eliminando la “ley del embudo”, pues hay constancia de enjuagues similares, en beneficio propio o de sus familias. La corrupción en España tiene larga historia, como demostraba José Varela Ortega en 2001, en: Los amigos políticos (1875-1900). ¡Ojalá no sea el caso de Zapatero! Con todo, en los tiempos que corren, todo demócrata -del signo que sea- debiera guiarse por lo que Lars Gustafsson (Muerte de un apicultor, 1978) ponía en boca de un profesor -casi tan desesperado como muchos que estos días hacen huelga-: “Volver a empezar”.