En una ceremonia solemne que activó los recuerdos y desató emociones, decenas de familias, agentes activos, retirados y autoridades de la Patrulla Fronteriza sector El Paso se reunieron para honrar con gran orgullo a quienes entregaron la vida en cumplimiento del deber.
Por primera vez en varios años, el homenaje anual en memoria de los caídos cambió de sede y dejó atrás el tradicional escenario del museo de la corporación, ubicado en el Noreste de la ciudad, para trasladarse al Complejo de Actividades Estudiantiles del Distrito Escolar Independiente de Socorro (SISD), donde el acto adquirió una dimensión más simbólica por la amplitud del recinto y la presencia de familias provenientes de varios puntos del país.
Al iniciar el evento, tres paracaidistas descendieron desde un helicóptero lo que desató expresiones de sorpresa y admiración entre los asistentes.
Los tres integrantes del Grupo de Operaciones Especiales de la Patrulla Fronteriza y la División Aérea de El Paso de Operaciones Aéreas y Marítimas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) aterrizaron entre aplausos sobre el campo de futbol americano, portando banderas distintivas de la corporación, mientras cientos de personas los observaban.
Tras la exhibición aérea se inició el acto protocolario para recordar a los 161 agentes de la Patrulla Fronteriza que han muerto en servicio desde la creación de la corporación en 1924, de los cuales 21 prestaron servicio en el Sector El Paso. Cada nombre fue acompañado por el tañido de una campana, seguido de una salva de honor de 21 disparos, el toque de corneta —melodía que se entona en funerales militares— y el paso solemne de un caballo sin jinete, una de las imágenes más emotivas del memorial y una antigua tradición militar para honrar a quienes ya no regresaron del servicio.
El jefe del Sector El Paso, Jesse D. Muñoz, recordó que el homenaje no solo reconoce el sacrificio de quienes murieron, sino el compromiso que mantuvieron con la protección del país. “El recuerdo de nuestros agentes permanecerá para siempre en nuestros corazones y seguirá siendo constante por su heroico servicio”, expresó durante su mensaje.
El comisionado de CBP, Rodney Scott, compartió uno de los momentos más difíciles que ha vivido durante más de tres décadas dentro de la corporación. “Tuve el muy, muy triste honor, a lo largo de mi carrera, de entregar muchas banderas estadounidenses a familias mientras despedían a sus seres queridos”, expresó con voz entrecortada. Scott pidió a los presentes pensar más allá del uniforme y recordar a cada agente por las experiencias compartidas y el impacto que dejaron en quienes los conocieron. “No nos reunimos únicamente para honrar su sacrificio; nos reunimos para celebrar que tuvimos la fortuna de caminar junto a personas verdaderamente extraordinarias”, señaló.
Un reencuentro de 21 años
Uno de los momentos más íntimos de la ceremonia ocurrió fuera del escenario. En uno de los pasillos del complejo deportivo, donde se colocaron carteles con las fotografías de los 21 agentes caídos de la región fronteriza, Thomas y Dorothy Attaway permanecieron varios minutos frente al retrato de su hijo Travis.
Con las manos tomadas y una oración en voz baja, los padres recordaron al agente fallecido en 2004 durante el cumplimiento de sus funciones.
A más de dos décadas de distancia, dijeron que continúan regresando cada año porque sienten que su hijo sigue formando parte de esa gran familia verde.
“Cada vez que mencionan su nombre tratamos de estar presentes. Para nosotros es importante. En septiembre se cumplirán 21 años y seguimos orgullosos de él”, compartió Dorothy con voz entrecortada.
La pareja, originaria de D'Hanis, Texas, recordó que tras la tragedia recibieron una promesa de la corporación: nunca serían olvidados. “Nos dijeron que siempre seríamos parte de esta familia y han cumplido esa palabra todos estos años”, expresó.
Este año el homenaje tuvo un significado especial: por primera vez los acompañó una nieta nacida un año después del fallecimiento de Travis. “Ella no conocía esta parte de la historia. Pudimos mostrarle cuánto respaldo reciben las familias y lo orgullosos que seguimos estando de él”, relató Dorothy.
Los Attaway recordaron que Travis, cuya insignia llevaba el número 7260, sirvió siete años en la corporación y, además de sus funciones como agente, era instructor de armas de fuego en la academia.
De acuerdo con el reporte oficial, Travis, de 31 años, murió junto con su compañero Jeremy Wilson cuando ambos se ahogaron tras volcar su lancha patrullera en el Río Bravo, cerca del Puente del Libre Comercio en Los Indios, Texas.
Los dos agentes, junto con un tercero, realizaban un patrullaje de rutina cuando la lancha oficial Predator de 5.8 metros (19 pies) se topó con aguas turbulentas. El Río Bravo presentaba un caudal inusualmente alto debido a las fuertes lluvias del día anterior. Otros agentes en una embarcación cercana escucharon una señal de socorro y lograron rescatar al tercer agente. Los cuerpos de Attaway y Wilson fueron recuperados dos días después, tras una intensa búsqueda en la zona.
Al concluir la ceremonia, mientras la bandera era retirada por la Guardia de Honor y los asistentes abandonaban lentamente el recinto, los padres permanecieron unos minutos más frente a la imagen de su hijo. “Seguimos agradecidos porque nunca ha sido olvidado”, dijeron antes de retirarse.
Así, entre banderas, uniformes y familiares que observaban en silencio, el homenaje concluyó con un llamado a mantener vivo el recuerdo de los agentes caídos y a reconocer que detrás de cada nombre pronunciado existe una historia, una familia y una vida entregada al servicio de la nación.