La cuenta regresiva para el Mundial 2026 ya comenzó, pero el torneo enfrenta uno de sus primeros grandes desafíos fuera de la cancha. La posible participación de Irán, en medio del conflicto armado con Estados Unidos e Israel, ha colocado a la FIFA y a los países anfitriones en una situación delicada que mezcla deporte, política y seguridad.
FIFA apuesta por un Mundial “como está previsto”
Desde su sede en Zúrich, la FIFA ha intentado enviar un mensaje de calma. Tras su más reciente reunión ejecutiva, el organismo dejó claro que su intención es mantener el plan original del torneo.
El objetivo, insistió, es que el Mundial se dispute “con todos los equipos” clasificados y en un ambiente de “fair play y respeto mutuo”. Incluso su presidente, Gianni Infantino, evitó referirse directamente al caso iraní, pero hizo un llamado a la paz y subrayó el papel del futbol como un puente entre naciones en tiempos de tensión.
En términos prácticos, esto significa que, hasta ahora, no hay cambios en el calendario: Irán sigue programado para disputar sus partidos de fase de grupos en Estados Unidos, donde enfrentaría a Bélgica, Nueva Zelanda y Egipto.
Factor político: dudas sobre seguridad y visas
El problema es que el contexto geopolítico ha rebasado la planeación deportiva.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado señales contradictorias: por un lado, aseguró que la selección iraní sería bienvenida; por otro, advirtió que su presencia podría no ser “apropiada” por motivos de seguridad.
A esto se suma la denuncia de autoridades iraníes sobre obstáculos logísticos, como la expedición de visas, lo que ha incrementado la incertidumbre.
Desde Teherán, la postura también es firme: el presidente de la federación iraní, Mehdi Taj, ha dejado claro que su país no pretende abandonar el Mundial, pero sí rechaza jugar en territorio estadounidense.
“Boicotearemos a Estados Unidos, pero no el Mundial”, resumió.
México alza la mano
Ante ese escenario, México alzó la mano como una opción clave.
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el país está dispuesto a recibir los partidos de Irán si la FIFA decide modificar las sedes. La posibilidad es latente y, de hecho, ha sido parte de conversaciones entre la federación iraní y el organismo rector del futbol.
Aunque la FIFA no ha confirmado ningún cambio, el simple hecho de que se contemple una reubicación refleja el nivel de presión que enfrenta la organización.
De concretarse, sería un ajuste logístico relevante en un torneo que, por primera vez, se jugará con 48 selecciones y en tres países distintos: Estados Unidos, Canadá y México.
Irán no se baja… pero mantiene presión
Pese a la tensión, Irán sigue en ruta hacia el Mundial.
La Confederación Asiática de Futbol ha reiterado que, hasta el momento, no existe ninguna notificación oficial de baja, mientras que la selección continúa con su preparación deportiva.
Sin embargo, el contexto sigue evolucionando. Las declaraciones políticas, el conflicto armado y las tensiones diplomáticas mantienen abierta la posibilidad de cambios de última hora.
Un Mundial que también se juega fuera de la cancha
El caso Irán muestra que el Mundial 2026 no solo será el más grande en formato, sino también uno de los más complejos en términos geopolíticos.
Para la FIFA, el reto es doble ya que debe garantizar la seguridad de jugadores y aficionados, y al mismo tiempo preservar la esencia global del torneo.
Por ahora, el discurso oficial es de continuidad, pero en los hechos, el escenario sigue abierto y cualquier decisión podría redefinir no solo el calendario, sino el equilibrio político detrás del evento deportivo más importante del planeta.
Con información de agencias


