Pemex es un pesado lastre para México. Sólo puede ser rescatada amputándole, o vendiendo o cerrando la mayor parte de sus operaciones de Transformación Industrial, básicamente, sus refinerías. Y, desde el luego, haciendo cambios profundos en Exploración y Producción, introduciendo nuevas tecnologías (Fracking y aguas profundas) y sometiéndola a una estricta disciplina de eficiencia, competencia y alianza con empresas privadas. Pemex es un oneroso fracaso. Las reservas probadas de petróleo disminuyen y apenas superan 6 mil millones de barriles, lo que alcanza para menos de diez años con el ritmo de extracción actual. La producción de crudo ha caído a menos de 1.5 millones de barriles diarios (MDBD), desde 3.4 MDBD en 2004.
También, la producción de gas seco en Pemex se desploma, al tiempo que el consumo nacional se dispara y rebasa los 9 mil millones de pies cúbicos diarios. Pemex auto-consume y derrocha la mayor parte del gas que produce, lo que representa el 30% de la demanda nacional. (De hecho, Pemex consume y despilfarra por su ineficiencia más del 22% de todos los combustibles fósiles producidos en México). Nuestro país carece de infraestructura de almacenamiento de gas, y Pemex quema en la atmósfera o ventea cantidades ingentes de este energético, desperdiciando más de mil millones de pies cúbicos diarios, por falta de infraestructura de recolección y transporte, y por equipamientos dañados o sin mantenimiento. México es uno de los países que más gas natural (metano) quema y ventea en la atmósfera; potentísimo gas de efecto invernadero. El 90% del gas que consumen la industria y la CFE en centrales eléctricas y la industria es importado de Texas; y con este energético se genera el 70% de la electricidad nacional. Se trata de una vulnerabilidad energética extrema. Cualquier incidente o presión política desde los Estados Unidos pondría de rodillas a la economía mexicana. Las reservas probadas de gas sólo podrían cubrir nueve años con los volúmenes actuales de producción.
Por obcecación ideológica, el gobierno de la 4T ha hecho que Pemex intente refinar más crudo (en lo que pierde dinero), en vez de exportarlo (en lo que ganaría dinero), cuando que la demanda de gasolinas y diésel decrece por la mayor eficiencia de los motores y la electrificación del parque vehicular. PEMEX pierde más de 40 USD por cada barril de petróleo que refina, mientras se reducen considerablemente sus rendimientos operativos en Exploración y Producción, lo que explica sus pérdidas colosales en los últimos años.
Por otro lado, Pemex es la mayor fuente de contaminación atmosférica en México por Bióxido de Azufre (que se transforma en ácido sulfúrico) generado directamente por las refinerías y por las centrales termoeléctricas que queman el combustóleo (residuo de la refinación). Las plantas de recuperación de azufre en las refinerías y Centros de Procesamiento de Gas simplemente han dejado de funcionar por falta de mantenimiento.
En 2025 el gobierno le transfirió a Pemex casi 400 mil millones de pesos en aportaciones de capital, y recibió menos de 200 mil millones en impuestos y derechos. Es decir, en México, la renta petrolera es negativa; PEMEX le cuesta a la Nación más de lo que le entrega. A pesar de las aportaciones de capital del gobierno, Pemex perdió 2 billones de pesos durante el gobierno del presidente López. Su patrimonio es negativo en 1.9 billones de pesos, es decir, es una empresa masivamente quebrada. Pemex es la petrolera más endeudada del mundo, y sólo logra reducir un poco la carga de sus pasivos gracias al apoyo fiscal, refinanciamientos, reducción de impuestos y derechos, inyecciones de capital, y operaciones financieras respaldadas por la SHCP. Su deuda con proveedores rebasa los 400 mil millones de pesos, lo que tiene en jaque a miles de empresas y a millones de trabajadores. La inversión en Pemex se ha derrumbado más de 50% entre 2014 y 2025. Esto significa que no aumentará la producción de crudo ni de gas, ni se reducirán las pérdidas astronómicas en las refinerías. Pemex perderá cada año más dinero y le costará más al fisco, contribuyendo a un enorme déficit fiscal y deuda pública insostenibles. Como si esto fuera poco, los robos de crudo en Pemex se disparan, mientras el volumen de combustibles robados en ductos crece exponencialmente. El contrabando de combustibles (Huachicol Fiscal) es también espectacular, donde están involucrados altos funcionarios y mandos de las Fuerzas Armadas. Todo ello implica pérdidas estimadas de ingresos para Pemex y para la SHCP, de más de 100 mil millones de pesos anuales. La corrupción corroe toda la estructura administrativa y operativa de Pemex. El robo, tráfico y contrabando de crudo y combustibles a gran escala presuponen una compleja infraestructura y capacidades de coordinación y de logística, y una red gigantesca de complicidades y corrupción en las más altas esferas en torno al monopolio petrolero mexicano. Así se tejen intrincados vasos comunicantes entre el régimen y el crimen organizado. Pemex, más pronto que tarde, terminará de hundir a México.