A dos años de su triunfo electoral, la presidenta Claudia Sheinbaum lo celebró con un informe sobre su administración.
Como era previsible, su discurso fue triunfalista y sin la más mínima autocrítica.
Frente al capítulo de mayor tensión que ha vivido México con su principal socio comercial, centró su alocución, como eje principal, en la soberanía nacional.
En materia económica, reiteró lo que ha venido diciendo: la economía está fuerte y resiliente; se registra un flujo récord de Inversiones Extranjeras Directas (IED); baja en el desempleo y fortalecimiento de los programas sociales que han sacado de la pobreza a 13 millones de mexicanos.
Hay un notable contraste entre la lectura oficial de los datos económicos y aquélla que realizan las instituciones no gubernamentales.
Además, es evidente el énfasis gubernamental en la optimista expectativa, derivada de sus planes y la coyuntura real, en la que los datos, incluso oficiales, son contundentes.
La imagen de la realidad económica que mostraron en días pasados, dos de las tres más importantes agencias calificadoras de México, Standard and Poor´s y Moody´s, es cruda.
Señalan muy bajo nivel de crecimiento económico, escaso margen fiscal en las finanzas públicas y serias dudas sobre el modelo operativo de Pemex, cuyas deudas amenazan con arrastrar hacia el abismo de la degradación crediticia al gobierno mexicano.
Apenas la semana pasada, Banco de México, recortó su pronóstico de crecimiento para el cierre de este año de 1.6% a 1.1%; explicó que su revisión a la baja se basó en un desempeño de la actividad económica “considerablemente más débil de lo esperado”.
La más reciente encuesta de Citi entre especialistas económicos también redujo su expectativa de crecimiento en 0.1 puntos porcentuales y la colocó en 1.1 por ciento.
En ambos casos, Banxico y analistas privados, reflejan el débil crecimiento en el primer trimestre de 2026: -0.6% trimestral y la incertidumbre por el comercio con Estados Unidos, la inversión privada estancada y choques externos.
Coinciden Banxico y los analistas privados, en su previsión de crecimiento a la baja Banxico y, contrasta con el pronóstico de la Secretaría de Hacienda, que encabeza Édgar Amador, de alrededor del 2.3 por ciento.
El pronóstico más optimista, es el oficial; es casi del doble del consenso privado.
El titular de las finanzas públicas ha dicho públicamente que está convencido de que la economía mexicana crecerá por encima de los pronósticos del mercado.
Ha sostenido que las recientes decisiones de las agencias calificadoras sobre el rango crediticio del país no han tenido ningún impacto en los mercados.
La presidenta Sheinbaum presentó en días pasados las 12 noticias de la economía mexicana.
Destacó el récord histórico en IED; desempleo, en 2.5%, entre los más bajos del mundo; inflación a la baja y tipo de cambio estable; gasolina barata, a pesar de la guerra en Irán; mejoría en déficit fiscal y recaudación; deuda pública, en 50.3%; exportaciones con cifras récord y balanza comercial positiva; salario mínimo al alza y pobreza laboral en mínimos históricos; Pemex redujo su deuda en 20 mil millones de dólares; la nueva ley de inversión y la oficina de inversión y los programas del bienestar.
Es el rostro del optimismo oficial. El otro lado de la misma fotografía muestra las imperfecciones.
La economía mexicana registra un mínimo crecimiento económico, contracción trimestral; la IED, mayoritariamente es por reinversiones y mínimamente por nuevos capitales; el empleo informal es el motor del mercado laboral; la inflación no logra converger al objetivo de Banxico; el precio de la gasolina se ha contenido, por el oneroso subsidio gubernamental; la deuda pública sigue creciendo; las exportaciones crecen pero comienza a reflejarse el impacto arancelario; Pemex tiene menos deuda pero no produce; y los planes de inversión, siguen siendo planes.
Los planes gubernamentales sí representan una positiva expectativa, por los cambios en el modelo que durante el sexenio pasado mantuvo la puerta cerrada a las inversiones privadas.
Los vehículos de inversión que plantea Hacienda, pueden generar mayor interés.
Sin embargo, los cambios en lo político, electoral, judicial y extinción de los órganos autónomos, mantienen elevado el nivel de incertidumbre para las inversiones, en particular para las grandes y medianas empresas.
El mensaje que envían todos cambios legales es que las reglas pueden cambiar por mayoría; que la Constitución puede ser enmendada fácilmente.
Hay un trecho importante entre la coyuntura, de debilidad económica e incertidumbre jurídica; y la expectativa por los planes de inversión en infraestructura y cambios al modelo.
El país necesita urgentemente mayores inversiones, pero éstas seguirán llegando lentamente si no hay certeza jurídica.
Si no hay más inversiones, no se alcanzará el crecimiento necesario que permita continuar con las transferencias sociales y seguirá en riesgo la calificación crediticia.
Además de todo, se registra incertidumbre por la revisión del T-MEC y las crecientes presiones del gobierno de EU en materia comercial.
La coyuntura se observa compleja; la expectativa, parece alentadora. Veremos.