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Radar Inteligente
Publimetro 02 Jun, 2026 18:48

¿Freno a la IA o escudo contra ciberataques? Trump ordena revisar modelos antes de su lanzamiento

La carrera por dominar la inteligencia artificial entró en una zona explosiva que involucra al propio gobierno de Estados Unidos, ya que el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que permite al gobierno federal evaluar riesgos de seguridad nacional en los modelos de IA más avanzados antes de su lanzamiento público, reporta el sitio Metro World News.

Se trata de una medida que hace cuestionar si se trata de protección cibernética o del primer paso para meter al gobierno en el corazón de la innovación tecnológica.

La Casa Blanca insiste en que no habrá una supervisión generalizada de todos los modelos nuevos, y de hecho el texto de la orden ejecutiva subraya que Estados Unidos busca mantener su liderazgo global en IA sin imponer una regulación “excesivamente onerosa” que frene a la industria.

Sin embargo, también reconoce que las capacidades avanzadas de IA ya presentan riesgos de seguridad nacional que requieren coordinación entre agencias federales.

Llama la atención lo referente a los modelos de frontera, sistemas tan potentes que pueden detectar vulnerabilidades, reforzar defensas cibernéticas o, en malas manos, convertirse en herramientas para atacar infraestructura crítica.

La orden crea un marco voluntario para que empresas como OpenAI, Anthropic y Google compartan modelos avanzados con el gobierno hasta 30 días antes de liberarlos a socios o usuarios externos.

Revisión antes del lanzamiento

La orden ejecutiva establece que el gobierno podrá diseñar un proceso para evaluar modelos de IA con capacidades cibernéticas avanzadas, esa revisión sería de hasta 30 días antes de que los desarrolladores liberen el modelo a otros socios de confianza.

La palabra clave es voluntario, el texto deja claro que nada debe interpretarse como una licencia obligatoria, permiso previo o autorización gubernamental indispensable para desarrollar, publicar o distribuir nuevos modelos de inteligencia artificial, incluidos los de frontera.

Aun así, la medida cambia el tono, ya que después de haber derogado varias salvaguardas de IA impulsadas por Joe Biden, Trump ahora reconoce que la tecnología avanzó a un punto en el que el gobierno quiere mirar más de cerca, especialmente cuando se trata de sistemas capaces de encontrar fallas de seguridad en software, bancos, hospitales, redes eléctricas o dependencias públicas.

Sombra de Claude Mythos

El contexto vuelve la orden todavía más escandalosa, la directiva llega después del lanzamiento de Claude Mythos, el modelo avanzado de Anthropic que desató preocupación por su aparente capacidad para encontrar vulnerabilidades de ciberseguridad en software crítico, de acuerdo con la información reportada por la prensa internacional.

La empresa habría limitado el acceso a Claude Mythos a un grupo reducido de socios de confianza, como grandes tecnológicas y bancos, antes de ampliar ese círculo a otras organizaciones.

Esto hizo cuestionar si una IA capaz de detectar fallas puede ayudar a cerrar agujeros antes de que los ataquen criminales, pero también puede mostrar exactamente dónde romper un sistema.

Ahí está la bomba, el gobierno de Trump quiere aprovechar la potencia de los laboratorios privados, pero sin permitir que una herramienta de ese tamaño salga al mercado sin que Washington tenga al menos una lectura temprana del riesgo.

Batalla con las tecnológicas

La orden también cae en medio de una relación tensa con los gigantes de IA, principalmente porque Anthropic tiene una disputa contractual con la administración Trump por temas relacionados con el Pentágono.

Por su parte, OpenAI, creadora de ChatGPT, calificó la nueva política como un paso relevante para construir marcos de seguridad con instituciones democráticas, experiencia técnica y participación amplia de actores involucrados.

Sin embargo, la rivalidad entre empresas tampoco es secundaria, OpenAI, Anthropic y Google compiten por lanzar los modelos más potentes, atraer inversión, cerrar contratos gubernamentales y definir quién se queda con la infraestructura tecnológica del futuro.

En ese escenario, una revisión federal voluntaria puede convertirse en sello de confianza para algunas compañías, pero también en arma política si el gobierno decide favorecer a unos laboratorios y tratar con más dureza a otros.

NSA gana poder

La orden da un papel central a agencias de seguridad, el texto firmado por el presidente establece que la NSA, junto con el Departamento de Seguridad Nacional, CISA, el Tesoro, el Departamento de War y otras instancias, participará en procesos de evaluación, defensa cibernética y coordinación para corregir vulnerabilidades.

También ordena crear una especie de centro de coordinación de ciberseguridad con colaboración voluntaria de la industria y operadores de infraestructura crítica; su objetivo será detectar, validar y priorizar vulnerabilidades, además de distribuir parches de seguridad.

Esto implica que el gobierno quiere sentarse antes en la mesa donde se decide qué tan peligrosa o útil puede ser una nueva IA.

No para revisar cada chatbot o app común, sino para observar los modelos capaces de tocar seguridad nacional, defensa digital e infraestructura estratégica.

China y los controles

Y esto ocurre en el contexto de que la Casa Blanca sabe que cualquier freno mal calculado puede favorecer a China.

De hecho, Trump ya había pospuesto una ceremonia de firma porque, según dijo, no quería hacer nada que interfiriera con la ventaja tecnológica de Estados Unidos.

Sin embargo, cabe aclarar que por ahora la orden ejecutiva no prohíbe lanzamientos, no impone licencias obligatorias y no obliga a todas las empresas a entregar sus modelos al gobierno, pero sí crea un filtro político y de seguridad, y ese filtro puede crecer.

Si los laboratorios participan, el gobierno podrá revisar modelos antes de que lleguen a socios externos; si no participan, podrían quedar bajo presión pública, política o contractual, especialmente si después ocurre un incidente de ciberseguridad.

Por lo pronto, el gobierno deberá definir qué modelos califican como modelos de frontera, qué criterios usará para medir sus capacidades y qué socios recibirán acceso temprano.

Esa parte será decisiva porque puede determinar quién juega en la liga más avanzada de la IA y quién queda bajo sospecha.

La orden del presidente Trump no apaga la carrera de la inteligencia artificial, pero sí plantea que la era de lanzar modelos cada vez más poderosos sin que el gobierno mire de cerca, empieza a cambiar, y eso puede cambiar el rumbo en los proyectos que se desarrollan en Silicon Valley.

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