Recientemente, el INEGI publicó un informe sobre los Indicadores Laborales para los Municipios de México al 2025, en el cual, de los cuarenta municipios con las menores tasas de informalidad, treinta de ellos se localizaron en entidades del norte.
No es aleatorio que los municipios con menor informalidad estén en el norte. La informalidad laboral es un fenómeno con raíces complejas y persistentes. Tiene un componente cíclico, tendiendo a crecer durante las épocas de estancamiento o recesión económica, pero también un componente estructural, relacionado con mayores niveles de pobreza, menor educación y capacitación, más trabas y costos de parte del gobierno para iniciar un negocio, desigualdad de género, mayor corrupción, falta de Estado de derecho e impunidad.
El sector informal tiene una mayor preponderancia de generación de empleos precarios, sin suficientes ingresos para cubrir las necesidades básicas de una familia, empleos sin contrato o contratos temporales, sin acceso a servicios de salud ni seguridad social por motivo de la relación laboral y empleos con una alta vulnerabilidad física y psicológica por el ambiente y las condiciones del trabajo.
Entre los municipios del Norte con tasas de población ocupada informal menores al 25 por ciento se encuentran varias ciudades de Nuevo León y Coahuila, que han tenido tasas de crecimiento económico relevantes en los últimos años, al apostar por una actividad industrial y manufacturera exportadora, además de un dinámico sector servicios, que les ha permitido aumentar la población asegurada en el Instituto Mexicano del Seguro Social y pagar salarios competitivos. Además, tienen tasas de educación superiores al resto del país, que permite a las industrias mano de obra calificada, lo que a su vez atrae inversión extranjera directa, generadora de empleos formales.
Los tres municipios con mejor informalidad son Arteaga, Coahuila, con 19.2 por ciento, seguido por San Nicolás de los Garza, Nuevo León, con 23.5 por ciento y Sabinas, Coahuila, con 24.1 por ciento.
Otra característica de las ciudades con menores tasas de informalidad son la cantidad de trámites gubernamentales, los costos y tiempo invertido por los emprendedores para iniciar un negocio, factores que el Banco Mundial ha asociado a la mayor prevalencia de la informalidad. Nuevo León ha trabajado mucho durante los últimos años en programas de desregulación.
Si me preguntaran el equivalente a una ‘bala de plata’ para acabar con la informalidad, mi respuesta sería fomentar aquellos factores que incentivan la formalidad. Y una vez que se logre tener empleo formal, el siguiente paso es buscar que los trabajos sean, como lo dice la Organización Internacional del Trabajo, empleos “decentes”, en contraposición de los empleos precarios. Un trabajo formal tiene contratos escritos, acceso a servicios de salud y prestaciones. Sin embargo, se debe luchar porque el salario alcance a cubrir las necesidades de una familia, que la salud sea de calidad y que las prestaciones sean atractivas. Además, que el medio ambiente de trabajo no vulnere la integridad física y psicológica de las personas. Todo lo anterior es responsabilidad no solo del gobierno y los empresarios, sino también es un reto para los sindicatos modernos, que deben velar por los derechos de los trabajadores.