HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Economista 08 Jun, 2026 01:16

Pesimismo

Después del mal desempeño de la economía durante el primer semestre de este año, cuando el PIB real experimentó una caída de 0.6% respecto del cuarto trimestre del año pasado, diferentes agentes económicos privados, tanto consumidores como empresas, así como diferentes organizaciones nacionales e internacionales han revisado sus expectativas sobre la evolución de corto plazo.

Sin ser catastróficas, estas sí indican un marcado pesimismo, contradiciendo el discurso presidencial de “vamos bien y estaremos mejor”. Como no, si a tasa trimestral el PIB ha caído en tres de los seis trimestres que van de este gobierno, la inversión sigue cayendo en las comparaciones anuales (con el mes de marzo ya van 19 meses consecutivos reduciéndose) y en la economía no se están generando empleos formales, solo informales.

Empezando por los consumidores, el INEGI dio a conocer la semana pasada el Indicador de Confianza del Consumidor correspondiente al mes de mayo, se situó en 43.5 puntos, una caída de 3.4 puntos respecto a mayo del 2025 con lo que se acumulan 17 meses de caídas consecutivas (50 puntos marca la línea entre optimismo y pesimismo). En esta encuesta destacan tres rubros sobre lo que esperan los consumidores. Primero, a la pregunta “Cómo ve la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses” el indicador se situó en 37.3 puntos, una caída de un punto respecto de la encuesta de abril y de 5.3 puntos en comparación con la de mayo de 2025. Un notorio pesimismo; no vamos bien.

Segundo, a la pregunta “Cómo espera que sea la situación económica del país dentro de 12 meses comparada con la actual”, el indicador se situó en 43.3 puntos, con una reducción de 1.6 puntos en comparación con la encuesta de abril y una estrepitosa caída de 5.8 puntos respecto de la encuesta de mayo de 2025. Un pesimismo muy marcado; no estaremos mejor, piensan.

Finalmente la tercera, “Cómo espera que sea la situación del empleo en los próximos 12 meses”, el indicador se situó en 45.1 puntos, una reducción de 1.1 puntos respecto de abril de este año y de 3.6 puntos respecto de hace un año. Esta percepción está sustentada en la debilidad observada en el mercado laboral, destacando que con la reducción del empleo formal en el primer trimestre de este año ya se acumularon cinco trimestre consecutivos cayendo. En abril, por otra parte, de los 448,000 empleos creados, sólo 608 fueron formales; los restantes 447,538 fueron en la informalidad. Con ello, para el primer cuatrimestre el resultado es el de una creación total de 221,000 personas, con una pérdida de empleos formales de 230,000 personas y un incremento de 451,000 empleos informales.

El que los individuos esperen que hacia el futuro cercano el mercado laboral no mejorará también indica que no perciben que se darán las condiciones para que se empiecen a crear empleos formales, lo cual está íntimamente ligado a que la economía está estancada (el valor del PIB real generado durante el primer trimestre de este año (el sexto del gobierno de Sheinbaum), fue 2% inferior al generado en el tercer trimestre de 2024 (el último del gobierno de López) y no se espera que la economía salga de este letargo.

Como apunté arriba, con el dato de la caída a tasa anual de 3.1% de la formación bruta de capital correspondiente al mes de marzo, se acumularon 19 meses consecutivos de reducción de la inversión bruta y, como es claro, si la inversión no aumenta tampoco habrá mayor crecimiento ni creación de empleos formales. Y aquí resalta la encuesta que realizó el Banco de México entre analistas del sector privado durante el pasado mes de mayo. A la pregunta sobre si consideran que es un buen momento para invertir, ninguno de los encuestados así lo consideró y el 51% de ellos apuntaron que el actual es un mal momento para invertir mientras que el 49% restante afirmó no saber.

La destrucción institucional, particularmente la pérdida de la independencia del Poder Judicial con una Suprema Corte de Justicia de la Nación capturada por el Poder Ejecutivo y con una marcado sesgo en contra del sector privado aunado a la reforma a la ley del Amparo, han derivado en que no existe certidumbre jurídica sobre las reglas del juego y su aplicación ni sobre los derechos privados de propiedad es en duda la principal razón detrás de la caída de la inversión. Como este arreglo institucional no va a mejorar e incluso puede empeorar en función de lo que suceda con el T-MEC, tampoco puede esperarse que haya mayor inversión y, en consecuencia, mayor crecimiento económico.

Por ende, se han revisado a la baja los pronósticos sobre el crecimiento para este año: los analistas consultados por el Banco de México lo estiman en 1.1%, el propio banco central lo estima en 1%, los analistas consultados por Citi México lo ponen en 1.2% y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en 0.8 por ciento.

No vamos bien ni tampoco nos irá mejor; el pesimismo campea.

Contenido Patrocinado