Mientras nuestra atención se concentra en temas políticos, económicos o de seguridad, un fenómeno climático de escala planetaria comienza a cobrar relevancia por sus posibles efectos sobre el agua, la producción de alimentos y la calidad de vida de los queretanos: El Niño.
Aunque se origina en el océano Pacífico ecuatorial, sus impactos pueden sentirse a miles de kilómetros de distancia. La alteración de las corrientes oceánicas modifica los patrones atmosféricos y provoca cambios en las lluvias, las temperaturas y el comportamiento de los ecosistemas.
Para Querétaro, estos cambios merecen especial atención. Nuestro estado ha experimentado uno de los procesos de crecimiento urbano e industrial más acelerados del país. La expansión metropolitana y el aumento de la demanda de servicios han generado una presión creciente sobre los recursos naturales, especialmente sobre el agua.
Gran parte del abastecimiento hídrico depende de acuíferos subterráneos que presentan distintos niveles de estrés. Esto significa que cualquier alteración climática que reduzca la infiltración o incremente el consumo puede agravar un problema existente.
En este contexto, El Niño podría convertirse en un factor multiplicador de riesgos. Uno de sus efectos más frecuentes es el aumento de las temperaturas promedio. Para Querétaro, esto podría traducirse en mayor consumo de agua, incremento de la evaporación en presas y bordos, mayor demanda de riego agrícola y estrés hídrico sobre la vegetación natural.
Por otra parte, más lluvia no necesariamente significa más agua disponible. Los eventos de El Niño suelen modificar la distribución temporal de las precipitaciones. En lugar de lluvias moderadas y constantes, pueden presentarse tormentas intensas concentradas en periodos cortos. Cuando esto ocurre, gran parte del agua escurre superficialmente sin infiltrarse al subsuelo. Las consecuencias pueden incluir inundaciones urbanas, erosión de suelos, daños a la infraestructura y una menor recarga de los acuíferos. Paradójicamente, puede llover más y disminuir la disponibilidad futura de agua.
Las actividades agropecuarias también son vulnerables. La irregularidad de las lluvias y el aumento de las temperaturas pueden afectar rendimientos, incrementar costos y generar incertidumbre para los productores.
El Niño debe entenderse como algo más que un fenómeno meteorológico pasajero. Es un recordatorio de la vulnerabilidad de nuestro modelo de desarrollo frente a los límites ecológicos del territorio.
La pregunta ya no es si Querétaro enfrentará condiciones climáticas más complejas en el futuro. La evidencia indica que así será. La verdadera pregunta es si tendremos la visión para prepararnos mediante la protección de las zonas de recarga hídrica, la conservación de ecosistemas estratégicos y una gestión más eficiente del agua.
El futuro de Querétaro dependerá, de las decisiones que tomemos hoy.
Amigo lector, agradezco sus opiniones y comentarios en mi cuenta de X: @EUribarren.