La visita del Papa León XIV a España ocurre en un momento que nos interpela a todos, más allá de nuestras creencias religiosas, nacionalidades y adscripciones políticas.
Prevost pisa suelo español en un contexto de pérdida de confianza en las instituciones, de creciente belicismo, de consolidación de la ultraderecha y de agonía del multilateralismo en el nivel global.
En Occidente, los representantes religiosos pierden influencia en la sociedad y nuevas figuras —artistas, gurús, influencers, magnates tecnológicos— asumen el rol de guiar moral y políticamente a las nuevas generaciones. León XIV es consciente de esto y apuesta por una visita que conecte de nuevo con la sociedad.
Madrid, Barcelona, Montserrat, Gran Canaria y Tenerife acogen al jefe del Estado Vaticano. Las dos primeras se encuentran en completa ebullición: coinciden la Feria del Libro de Madrid y los multitudinarios conciertos de Bad Bunny en ambas ciudades.
Los editores españoles se muerden las uñas porque temen que el caos vial y las altas temperaturas de junio desincentiven la compra de libros; escuelas públicas madrileñas protestan porque a 18 de ellas la ya famosa en México, Isabel Díaz Ayuso, les ha impuesto hospedar a peregrinos nacionales y extranjeros en sus patios y gimnasios.
Con el elevado número de propiedades y de escuelas religiosas privadas que tiene la Iglesia en Madrid, padres y madres cuestionan por qué el presupuesto público debe soportar el cuidado de los peregrinos, al tiempo que partidos como Unidas Podemos y el Bloque Nacionalista Gallego se opusieron a la intervención del pontífice en el Congreso, al considerar que supone privilegiar una religión sobre todas las demás en un Estado constitucionalmente aconfesional (mas no laico).
León XIV viaja con su primera encíclica bajo el brazo, Magnifica Humanitas, que busca ser para la inteligencia artificial, la biotecnología y el poder digital lo que Rerum novarum fue para la revolución industrial y la cuestión obrera. Su tesis central es que ninguna tecnología es neutral, incluida la inteligencia artificial, y la innovación debe estar subordinada a la libertad, la conciencia y la dignidad humanas.
La encíclica sorprende con profundos análisis de la coyuntura política mundial que combinan citas a los textos sagrados y a filósofos como Hannah Arendt o Jürgen Habermas.
Magnífica Humanitas parece más un texto de un teórico político progresista que del líder de la Iglesia católica. Llama a “desarmar la IA” para que una minoría económica no controle nuestras vidas, a redistribuir la riqueza y a ser compasivos con los migrantes. También apela a la necesidad de superar “los extremismos religiosos y el fanatismo identitario” y reconoce los errores históricos de la Iglesia ante la esclavitud.
Pedro Sánchez encuentra en el viaje papal un paréntesis diplomático que oxigena un entorno de acoso judicial. La foto junto al líder espiritual del Vaticano proyecta estabilidad, centralidad internacional y sintonía moral con una figura global. Ambos comparten, además, una crítica a la política bélica de Trump y a la deshumanización de los migrantes. Pero esa cercanía es ambigua.
Ante el Congreso, el Papa planteó que los derechos humanos fundamentales preceden al Estado y no dependen de mayorías parlamentarias, consensos sociales cambiantes ni concesiones gubernamentales, en un discurso con dos guiños a la derecha: la defensa de la vida “desde su concepción hasta su ocaso natural” y una llamada a respetar el derecho de los progenitores a elegir la educación de sus hijos.
En redes sociales, los políticos españoles de todo el espectro compartían selfies con León XIV y reinterpretaban sus declaraciones a modo de sus propias convicciones políticas. Santiago Abascal, de Vox, argumentó que una cosa es un discurso de un líder religioso y otra cosa la política real.
Miriam Nogueras, independentista catalana, se acercó al Sumo Pontífice para pedirle que hablara catalán en su visita a Barcelona. El Papa quiere apelar a todos y todos quieren extraer rédito político de su presencia, comulguen o no con sus valores.
Para Prevost, “las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”, reflexiona así sobre la dificultad de hacer política cuando la posverdad se impone y los hechos dejan de importar.
Ante este escenario, ateos, agnósticos y religiosos podemos reconocer la importancia de la espiritualidad, o al menos, de una forma intensificada de empatía y compasión para enfrentar el presente.
Al final, Sánchez obtiene una fotografía útil; la Iglesia española intenta recomponer su lugar en una sociedad que ya no le concede obediencia automática; la derecha puede beneficiarse de la movilización católica; y el Papa utiliza España para proyectar un mensaje global contra la guerra, la xenofobia, la tecnocracia y la mentira digital.
Lectura recomendada: “Cristianismo radical” de Juan José Tamayo (Trotta).
Gracias, LGCH.