Hay historias que deben ser contadas, pero la de Octavio Romero Gill, creador de Pique, la mascota de la Copa Mundial de Futbol México 1986, merece ser conocida.
Con talento, lápiz y papel, fue el hombre que venció con la imagen de un chile jalapeño ensombrerado a Manuel Bartlett Díaz y Mario Moreno Cantinflas, dos hombres poderosos en el México de la década de los 80; a 40 años de distancia, lo reveló en su primera entrevista con un medio de comunicación y lo hizo con DIARIO 24 HORAS.
Quizá una buena historia y Octavio Romero Gill, un hombre entrado en años, nunca la había dado a conocer. Son aquellos relatos que no pueden quedarse en un mito urbano, una anécdota familiar o tertulia entre amigos.
Un artista “a la antigua”, así se calificó, ya que vive alejado de la tecnología, incluso, mencionó que manejar su teléfono celular le resulta complicado, prefiere lo manual y las interacciones físicas.
Cuatro décadas después, decidió no guardar más los mitos y anécdotas de una mascota que rompió los estereotipos.
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Pique, jocosidad y albur
Es fácil recordar a Pique, un chile jalapeño con sombrero de charro, un bigote al estilo del caudillo Emiliano Zapata, con uniforme de la Selección Nacional, tacos de futbol y un balón, el cual nació en México 86, pero existe un relato y su inventor puede decirlo.
Con voz cascada, la cual cobró vigor al momento de recordar cómo surgió la figura, Octavio Romero Gill narró en la entrevista SIN LÍMITES como su esposa, Ema Ramírez Valle, la cual encabezaba un corporativo de creativos en la comunicación, lo alentó a inscribirse en el concurso que buscaba a la mascota oficial para la Copa Mundial en territorio azteca.
El diseñador atajó a su mujer así: “Estos concursos están arreglados, para qué participamos”. Ante la insistencia, el equipo de seis creadores pusieron manos a la obra.
Romero Gill mencionó que de su mano y creatividad salieron tres personajes, un chile jalapeño, un elote y un guajolote; el primero fue el que más lo convenció y le dio confianza.
Pique se creó en las calles, con los cuates, a quienes les encantan las bromas y era necesario, para esta competencia, “darles chile a los extranjeros” que sepan del sabor de los mexicanos, “yo cocino mucho con este picante, lo utilizo mucho”, rememoró.
Fue entonces que el creativo clavó la mirada en unos bosquejos puestos sobre la mesa, varias hojas blancas desprendidas de un cuaderno profesional, donde estaban plasmados varios piques a lápiz y en diversas circunstancias.
Marcó una leve sonrisa y expresó: “Así nació Pique, en estas hojas fue como se ideó”; no obstante, algo le deparaba más adelante.
Dos rivales fuertes
El concurso fue muy difícil, reconoció, llegaron miles de propuestas y al final quedaron 115 finalistas, entre ellos se colocó el personaje del equipo de Octavio Romero Gill.
Existía una salida para dar al ganador, y era la figura de Mario Moreno Cantinflas, considerado el mejor comediante de México con mucho arrastre. Al final un problema surgió y no se materializó, incluso, ya existían figuras que lo daban como la insignia de la decimotercera Copa Mundial.
Ahora bien, la historia es cambiante y Pique ganó; cumplió con todos los requisitos y gustó a los jueces.
Octavio Romero dijo que el fallo lo dio a conocer al entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, quien cuestionó que no era posible que un chile jalapeño fuera presentado en un evento internacional y pidió más propuestas.
Al final, el destino tenía deparado el espacio a Pique, quien salió avante.
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Éxito y olvido
Octavio Romero Gill dio el último sorbo al café que degustó durante la entrevista y aclaró que la bolsa de dinero por ganar el concurso fue de un millón de pesos, repartido entre los seis integrantes de su equipo de creativos que aportaron ideas.
La suerte sonríe y para este diseñador, de la Academia San Carlos, el trabajo nunca le faltó para vivir bien con su familia; no obstante, las personas no dictan el futuro y el padre de Pique tenía su dinero en la Bolsa Mexicana de Valores, donde perdió su capital en la crisis, pero vive sin problemas.
Existen historias que deben ser conocidas y la de Octavio Romero Gill es una de ellas.