Dentro de las ciudades siempre podemos encontrar áreas que se han desarrollado rápidamente, y otras que han permanecido en espera de encontrarse con él. Una de ellas es la Zona Periurbana Surponiente, encajonada entre la difícil realidad que le impide ser “merecedora” de impulso a causa de su localización, y la esperanza de un día atrapar la intención de quienes tienen los recursos y toman las decisiones.
El surponiente de la ciudad tiene problemáticas que históricamente han sido el motivo por el que ha sido relegada y que le ha llevado a ser catalogada como ZEDEC, Zona especial de Desarrollo Controlado, esto es, que desde las autoridades se debe desincentivar su crecimiento. Actualmente, según el Plan de Desarrollo Urbano Sostenible para Ciudad Juárez, ahí viven 12,913 personas y, como es de esperarse, su nivel de bienestar está en la escala de muy bajo y bajo principalmente por la carencia de servicios básicos e infraestructura de calidad. Tiene otras cuestiones en contra: sus calles, aunque desde una vista aérea se observa una cuadrícula ordenada, están sin pavimentar, lo cual incide directamente en cuestiones de salud, amén de que la zona se encuentra desprovista también de equipamiento de salud. El tema de la educación es otro factor no resuelto pues se tiene en nivel más bajo de la ciudad en cuanto a número de años de escolaridad, 7.9, por cierto, acorde a ello también es donde hay mayor número de analfabetas de 15 años y más, el 1.1 por ciento. Esto es el resultado de que la mayoría de las manzanas se encuentran fuera del radio de servicio aún de escuelas de nivel preescolar: si el nivel preescolar está en condiciones críticas siendo que por lo general es el que tiene mayor cobertura entoda la mancha urbana… Aquí… ¡ni eso! ¿Cómo estarán los demás?
Sus calles, aunque desde una vista aérea de observan delimitadas, están sin pavimentar, lo cual incide directamente en cuestiones de salud, amén de que la zona se encuentra desprovista también de equipamiento de salud.
Empezó a poblarse en la década de los sesenta del siglo pasado. Hay quienes relacionan su aparición a fenómenos migratorios surgidos con la llegada de la industria maquiladora; la falta de suelo asequible siempre presente en nuestra ciudad orilló, literalmente, a un grupo de población a asentarse hacia aquella zona de manera irregular, sin embargo, a diferencia de otros asentamientos que surgieron de la misma manera, con el paso del tiempo no ha corrido con la misma suerte por la problemática que presenta el abastecimiento de agua potable que la misma configuración del suelo ofrece y, porque de salvar esta circunstancia, la calidad del agua que se pudiera obtener no sería apta para el consumo dada su contaminación con arsénico y otros metales pesados.
En “Los Kilómetros”, somo se conoce la zona, son expertos en el uso y reuso del agua: son tres y hasta cinco los usos que le dan para beber, preparar alimentos, asearse, lavar ropa, trapear, regar plantas… ¡un modelo de sustentabilidad! El agua les llega en pipas, pero no siempre llega a todas las colonias pues con frecuencia el agua se agota y las pipas no regresan… o bien, por qué no decirlo si los propios vecinos lo expresan, hay quienes “se ponen listos’ y ofrecen una “gratificación” a los choferes. Se puso en marcha un programa en el que se repartieron “bidones” pero no siempre se tiene la oportunidad de llenarlo. Se supone que las pipas recorren la zona para llenarlos tres veces por semana y, si es que así sucede, se tiene que pagar demasiado cara: unos 260 pesos por cada ocasión… más de dos mil pesos al mes y, aun así el agua no alcanza, menos aún en tiempo de calor.
En ese mismo sentido, estudios han llevado a la conclusión de que introducir una red sanitaria sería problemático y costoso por cuestiones de su topografía.
Sin embargo, hablando desde una perspectiva técnica ¿realmente es imposible dotar de agua el surponiente e introducir un sistema propio de drenaje? ¿o solo es que resulta demasiado caro y no es redituable, políticamente hablando, atender a una relativa poca población?
La pregunta viene a colación porque fue hasta hace relativamente poco tiempo, menos de dos meses, que el gobierno estatal se apiadó e hizo el compromiso de invertir 110 millones de pesos para instalar contenedores elevados de loscuales se surtirán las pipas que habrán de repartir agua de manera gratuita, además de un programa de limpieza de fosas sépticas y letrinas, entrega de tinacos sin costo a ciertas familias que se consideren en situación vulnerable y puntos en los que las familias podrán llenar hasta tres garrafones diarios. Esperemos sea permanente y avance a soluciones permanentes.
Mientras, en contraste y considerando que estas familias tienen sesenta años esperando que “se les haga justicia”, como ellos dicen, en el suroriente se contempla una inversión de cerca de cien millones de pesos para instalar la infraestructura hidráulica necesaria, pues por allá tampoco se tiene disponibilidad de agua.
Justicia social… justicia espacial… Un punto a reflexionar.