Escuelas de gobierno nivel medio superior atiborradas de alumnos, casos específicos, grupos de los primeros semestres se ha logrado ver 60 estudiantes por salón, unos de pie otros sentados en el piso, donde el espacio es insuficiente para desarrollar una clase fundamentada en la pedagogía, ni siquiera el docente tiene la capacidad de sobrellevar su asignatura con tantos estudiantes que no logra controlar.
El tiempo se va en otros aspectos como el pedir disciplina, pasar lista de asistencia y con ello, los minutos de clase se agotan. El solicitar atención a la materia es otro intervalo perdido, jamás se podrá impartir una clase de calidad a dichos jóvenes, es demasiado el cúmulo de estudiantes que demandan atención para disipar las dudas, con tanto chamaco a un profesor le es muy complicado sobrellevar una clase de calidad.
Ni qué decir cuando el profesor debe revisar tareas, subir evaluaciones y entregar evidencias de los alumnos problema, entre otras actividades en ese período escolar, por lo que al llegar las vacaciones saltan de gusto, prefiriendo los cursos maratónicos a estar al frente de 60 imberbes.
Hacinados y con los climas tan extremos en la ciudad, ya sea calor en 40 grados, es prácticamente un martirio estar en espacios con tanto calentón humano, que por la edad despiden calor, fragancias no gratas y demás olores que permean dentro del aula. 60 almas en espacios de esa magnitud, donde están diseñados para máximo 40 alumnos es inclusive hasta denigrante para los propios estudiantes.
Antes de terminar el actual ciclo escolar, y con las nuevas disposiciones de no examen de admisión, las escuelas públicas ya tienen repletas nuevamente las aulas para el siguiente ciclo escolar que empieza en agosto, algunos con 2, 3 y más miles de alumnos, que les darán cabida en dichos salones a reventar, un alfiler sale corriendo de ahí.
De antemano no es bueno que este sucediendo esto, la saturación de aulas de clase no ofrece una buena oportunidad de estudio y conocimiento a los alumnos, además puede convertirse en un problema de salud e higiene, inclusive de piojos que no respetan clases sociales, estos espacios siempre son propicios para estos problemas de limpieza.
Los estándares pedagógicos señalan que el número ideal de estudiantes por aula es de 25 a 30 alumnos, aunque el límite normativo de México señala como máximo 40. La realidad supera a la norma en nuestra ciudad con las instituciones educativas de gobierno que usan salones sardina, donde para variar la oferta educativa con procesos de enseñanza y aprendizaje muy limitados para tal número de estudiantes, rebasando la capacidad de enseñanza de los docentes, por muy preparados que estén.
Mientras las escuelas privadas muriendo por falta de alumnos, no se voltea a ver que estas pueden ser la solución ante tal problema que enfrentan, en lugar de sobrepasar el número de estudiantes por aula, pueden desahogar con las escuelas oficiales de paga. Las cuales siempre han estado supervisadas para que cumplan los estándares ante protección civil y demás peritajes que las constituyen como instituciones confiables y certificadas.
En ocasiones la solución está en frente, pero quizá los intereses no permiten que se llevan a cabo soluciones rápidas en beneficio de la comunidad, de estos adolescentes, pero sobre todo terminar con la deserción escolar y clases con deficiente nivel educativo por aulas pletóricas.