Para los aficionados más ricos y mejor conectados de la Ciudad de México, existe un mercado informal para conseguir algunos de los mejores asientos del Mundial.
Un palco para 27 personas, con una de las mejores vistas hacia la cancha, se ofrece en 27 millones de pesos, para los cinco partidos que se jugarán en el Estadio Banorte, de acuerdo con una publicación vista por Bloomberg News. Otro palco para 15 personas se vende en 7.5 millones de pesos. Todo ello en el mismo recinto icónico donde Diego Maradona anotó su célebre gol de la “Mano de Dios” durante el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra en 1986.
El estadio de la Ciudad de México es el único de las 16 sedes distribuidas entre México, Estados Unidos y Canadá que no tuvo que ceder sus codiciados palcos a la FIFA para los partidos del Mundial de este verano. Mientras esos boletos se comercializan en plataformas oficiales, los acuerdos en la capital mexicana solo circulan vía WhatsApp.

Todo es posible gracias a una particularidad en la forma en que el estadio –antes conocido como Azteca– fue construido en la década de 1960. Tras enfrentar problemas financieros, su propietario original, Emilio “El Tigre” Azcárraga, vendió palcos a algunas de las familias más acaudaladas de la ciudad para financiar el resto de la construcción. A cambio, esas familias recibieron contratos de propiedad por 99 años sobre los espacios, convirtiéndolos, en la práctica, en propiedad privada. Posiblemente se trata de un esquema único en el mundo.
El año pasado se llevaron a cabo intensas negociaciones entre la FIFA y los propietarios de los palcos, ya que el organismo rector del futbol perdería potenciales ingresos por la venta de alrededor de 13 mil de los 90 mil asientos del estadio. Para compensar a la FIFA, Ollamani SAB, empresa propietaria del Estadio Banorte, tuvo que desembolsar 58 millones de dólares y se prohibió la reventa secundaria.
Aun así, grupos de WhatsApp y un grupo de Facebook están llenos de anuncios para comercializar estos palcos, mientras intermediarios redactan contratos entre los propietarios y aficionados dispuestos a pagar millones de pesos. El mercado paralelo ya llegó a oídos de la FIFA y de Ollamani, que el 11 de mayo envió notificaciones a los dueños advirtiendo que cualquier boleto identificado como transferencia o venta contraria a las reglas podría ser cancelado.
El 14 de mayo, un juez federal otorgó medidas cautelares a un grupo de propietarios de palcos, lo que ahora les permite rentar o vender sus espacios para el torneo, entre otras medidas.
“No vamos a permitir que una organización internacional se sobreponga a las leyes y contratos nacionales”, señaló Roberto Ruano, presidente de la asociación, en una entrevista. Dijo que representa a casi la mitad de asientos de palcos y plateas del estadio. “Mucha gente está rentando su palco bajo el agua por el reglamento con trampas de FIFA”, afirmó.
Un portavoz de Ollamani dijo que ni la compañía, ni el estadio, habían recibido o visto una copia o notificación de las medidas cautelares y señaló que dudaba que existieran.
El estadio ha tenido una relación con los propietarios de palcos por más de 60 años, dijo, y el contrato con FIFA es lo que va a regir el mundial. “De todo habrá registro electrónico, y cuando veamos que el registro no coincide con ningún titular o familiar, se entrará más a fondo”, dijo. FIFA no respondió a una solicitud de comentario.
Un intermediario, que pidió permanecer en el anonimato debido a posibles represalias, afirmó que los palcos son propiedad privada y, por lo tanto, la FIFA tiene poco margen de control. Cuestionado sobre si sabía que la reventa de palcos no está permitida, respondió: “Sí, tampoco lo son las drogas”.
Ese intermediario tiene cuatro palcos dentro de su cartera. Asegura que los propietarios quieren rentarlos para los cinco partidos a un solo comprador, lo que simplificaría la logística, aunque el precio es tan elevado que aún no logran venderlos.
El corredor explicó que, aunque los precios son astronómicos, el costo individual por boleto y por partido se mantiene alineado con los precios del mercado. El palco para 27 personas equivale a unos 200 mil pesos, o 11 mil 600 dólares, por boleto por partido, incluida la inauguración. Los boletos para la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, otro de los encuentros más cotizados del torneo, se venden en más de 10 mil dólares.
El intermediario señaló que los dueños podrían optar por vender los lugares por encuentro individual, reduciendo el costo total y aumentando las posibilidades de concretar ventas.
Dice conocer al menos una operación cerrada por un conocido suyo, en la que un palco para 20 personas se vendió en 8.5 millones de pesos, unos 493 mil dólares, para los cinco partidos. La comisión del corredor fue de 500 mil pesos, equivalentes a unos 29 mil dólares.
En un intento por obtener ingresos adicionales de los propietarios de palcos en la Ciudad de México, la FIFA y Ollamani les prohibieron abastecer sus espacios con alimentos y bebidas propios o consumir en el palco algo comprado en puntos de venta regulares dentro del estadio. Esa restricción dejará de aplicar una vez concluido el Mundial.
En su lugar, los propietarios deberán adquirir paquetes de hospitalidad directamente con la FIFA. El “Premium Package”, que incluye botanas, alitas de pollo, mesa de quesos, ensaladas, hamburguesas, sándwiches, bebidas alcohólicas premium y refrescos, cuesta 15 mil dólares para 12 personas. El paquete más económico incluye alimentos y agua, pero no alcohol, y cuesta 7 mil 80 dólares para 12 personas. Los precios se ajustan según el número de asientos. Encargado por Azcárraga en 1962 y diseñado por el reconocido arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el estadio ha albergado más partidos de Copa del Mundo que cualquier otro recinto deportivo. Este año marcará su tercera Copa del Mundo varonil.
Grupo Televisa SAB escindió Ollamani en 2024 como holding del estadio, el club América y otras unidades de negocio, como casinos. La compañía invirtió 106 millones de dólares en una remodelación que elevó la capacidad a cerca de 90 mil asientos y añadió nuevos vestidores, baños y áreas gastronómicas.
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