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Radar Inteligente
El Financiero 12 Jun, 2026 21:30

Abuchear a la IA no te protege

En algunas graduaciones recientes en Estados Unidos bastó que el orador mencionara la inteligencia artificial para que aparecieran los abucheos. La escena contiene una contradicción interesante. Muchos de esos estudiantes usaron la IA para transitar sus últimos años de escuela, pero ahora la ven como una amenaza justo al momento de entrar al mercado laboral.

Según la revista The Economist, la historia económica muestra que las grandes tecnologías han transformado el empleo, aunque por lo regular ese proceso ha ocurrido de manera gradual. La agricultura mecanizada, la máquina de vapor, la computadora y la automatización industrial eliminaron tareas, modificaron oficios y abrieron otros espacios de trabajo. Hasta ahora, el mercado laboral ha mostrado una capacidad considerable para absorber esos cambios.

Sin embargo, la IA tiene rasgos distintos, pues avanza más rápido, entra con bajo costo en procesos cotidianos y alcanza actividades cognitivas que antes parecían protegidas por la educación formal. Por eso conviene evitar dos errores. El primero consiste en caer en el catastrofismo y pensar que todo empleo está condenado. El segundo aparece cuando alguien analiza los datos agregados de desempleo y concluye que nada relevante está ocurriendo.

Frente a la IA, cada profesionista necesita revisar con honestidad de dónde proviene su valor. Durante años, muchas carreras descansaron en la capacidad de ejecutar tareas con conocimiento técnico. Cuando una herramienta comienza a realizar parte de esas actividades con calidad aceptable, la pregunta cambia. El valor profesional deja de concentrarse solo en hacer la tarea y empieza a depender de la capacidad para formular el problema, entender el contexto, distinguir lo importante, interpretar consecuencias, conversar con otras personas y asumir la responsabilidad del resultado.

Esto tiene implicaciones fuertes para un ejecutivo. Esperar a que el gobierno regule, la empresa capacite o el mercado encuentre estabilidad, quizá resulte una estrategia demasiado lenta. Quien dirige, asesora, decide o coordina equipos necesita entender qué parte de su trabajo admite automatización y qué parte depende de juicio, confianza, criterio y lectura humana.

La estrategia arranca por observar la semana laboral con cierta frialdad. ¿Qué tareas son repetitivas, previsibles o basadas en información que una IA procesa mejor y más rápido? ¿Qué actividades requieren sensibilidad, negociación, lectura política o responsabilidad frente a otros? ¿En qué momentos estás usando la IA como apoyo y en cuáles la estás dejando fuera por incomodidad, miedo o simple costumbre?

Los abucheos a la IA expresan una inquietud legítima. Los jóvenes sienten que la promesa educativa cambió sus reglas, los trabajadores temen perder oportunidades y las empresas avanzan sin explicar bien qué harán con las personas. Todo eso merece discusión pública, regulación y responsabilidad institucional.

Mientras tanto, queda una pregunta directa. ¿Qué parte de tu valor profesional depende de tareas que pronto serán comunes, baratas y automatizables? Coméntame en LinkedIn, Instagram, o X y sígueme en el podcast “Dinero y Felicidad”, en Spotify, Apple Podcast, entre otros

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