La Copa del Mundo de 2026 continúa devorando jornadas en territorio norteamericano, pero la expansión del torneo a 48 selecciones sigue dejando a su paso más dudas que certezas en lo puramente futbolístico. El Levi's Stadium de San Francisco fue el escenario de un compromiso espeso y falto de ritmo que pareció dar la razón a quienes critican el gigantismo de la actual cita mundialista.
En una tarde donde el espectáculo brilló por su ausencia, la selección de Suiza terminó pagando muy cara su racanería táctica al conceder un empate a uno en el minuto 95 ante la aguerrida Qatar de Julen Lopetegui.
El planteamiento inicial del seleccionador helvético, Murat Yakin, destiló una soberbia que terminó volviéndose en su contra con el paso de los minutos. A pesar de medirse al combinado teóricamente más débil del Grupo B, el técnico suizo optó por blindarse con una alineación sumamente conservadora, renunciando a la frescura de jóvenes como Manzambi y registrando el once más veterano de la historia del país en los Mundiales, con una media de edad que superaba los 30 años. La apuesta por el oficio y el control funcionó durante el arranque, pero convirtió el duelo en un ejercicio monótono y previsible.
El partido se puso de cara para los europeos muy pronto, aprovechando los lógicos nervios de un combinado qatarí propenso a las novatadas en los grandes escenarios. El guardameta Abunada cometió una clara imprudencia dentro del área al llevarse por delante a Remo Freuler, cometiendo un penalti que despertó ciertas dudas por un posible fuera de juego en el inicio de la jugada.
Breel Embolo no perdonó desde los once metros y adelantó a Suiza en el marcador, dibujando un escenario que invitaba a pensar en una cómoda goleada de los centroeuropeos.
La fe de Julen Lopetegui desbarata los planes helvéticos
Lejos de venirse abajo tras el mazazo del gol inicial, el conjunto dirigido por Julen Lopetegui demostró una capacidad de resistencia numantina bajo el cielo de California. Suiza, satisfecha con la mínima ventaja, decidió replegar velas y dosificar esfuerzos de manera prematura, permitiendo que Qatar se mantuviera con vida a base de orden defensivo y un orgullo inquebrantable.
Las tímidas aproximaciones de Edmilson en el frente de ataque fueron el único argumento ofensivo de los asiáticos durante una segunda mitad que desesperaba a los aficionados por su falta de verticalidad.
El tramo final del encuentro acentuó el atasco futbolístico de una Suiza que desperdició sus escasas opciones para sentenciar el choque, incluyendo un mano a mano fallado por Rubén Vargas ante Abunada y la escasa aportación de un desaparecido Dan Ndoye.
Desde el área técnica, Lopetegui no dejó de alentar a sus hombres, introduciendo variantes que permitieron a Qatar volcarse con todo en el tiempo de prolongación, fiando su suerte a la épica de las acciones a balón parado.
La recompensa a la fe qatarí llegó en el minuto 95, cuando Boualem Khoukhi cazó un balón suelto en el área helvética para batir la portería europea y desatar una tremenda explosión de alegría en el banquillo asiático. El tanto de la igualada certifica el primer punto de la historia de Qatar en una Copa del Mundo fuera de sus fronteras, una auténtica gesta que deja en evidencia las costuras de una Suiza castigada por su conformismo. El Grupo B se aprieta tras los debuts, obligando a los suizos a ofrecer una versión mucho más ambiciosa si pretenden estar en las rondas eliminatorias. @mundiario