Es la primera vez que la competición es organizada conjuntamente por tres países. México es el primer país en organizar tres Copas del Mundo (después de las ediciones de 1970 y 1986), Estados Unidos es el sexto en albergar al menos dos ediciones (tras el certamen de 1994) y Canadá, sin embargo, es sede por primera vez.
Este Mundial es el primero en incluir 48 equipos, una expansión de dieciséis selecciones respecto al formato anterior. Resulta paradójico que la FIFA reconozca a más asociaciones nacionales que la propia ONU a Estados soberanos. La candidatura norteamericana superó a la propuesta rival de Marruecos —que finalmente organizará junto a España y Portugal el Mundial de 2030— durante la votación celebrada en el 68.º Congreso de la FIFA, el 13 de junio de 2018, en Moscú.
El evento vuelve a su calendario tradicional de verano en el hemisferio norte, después de que la edición de Catar 2022 se celebrara excepcionalmente entre noviembre y diciembre. Durante cuarenta días, el campeonato se convertirá de nuevo en el mayor espectáculo deportivo del planeta y en uno de los acontecimientos con mayor seguimiento mediático del mundo.
La FIFA reúne más federaciones que la ONU Estados miembros. Estados Unidos comparte protagonismo con pequeños países como Cabo Verde o Curazao
La organización del Mundial en Estados Unidos ha estado acompañada de numerosas controversias. La Administración Trump dificultó la entrada al país de diversas personas vinculadas al torneo, especialmente procedentes de países de mayoría musulmana. También han sido objeto de críticas la continua mercantilización del fútbol impulsada por la FIFA y los elevados precios de las entradas, los hoteles y el transporte necesario para acceder a los estadios.
Se trata, sin duda, de una competición marcada tanto por su dimensión comercial como por su inevitable proyección política. Bajo la presidencia de Gianni Infantino, la FIFA ha reforzado su peso económico e institucional, aunque no sin generar debate sobre el rumbo que está tomando el fútbol mundial.
Y ahí surge otra paradoja: en el mismo torneo coinciden Estados Unidos, una de las mayores potencias del planeta, con algunas de las naciones más pequeñas presentes en la competición, como Curazao o Cabo Verde.
Una muestra más de que el Mundial sigue siendo el único escenario donde gigantes y pequeños comparten, al menos durante noventa minutos, exactamente el mismo terreno de juego. @mundiario