Sí, fue en el castillo de la emperatriz Carlota.

Sí, estuvieron invitados lo más alto de la sociedad mexicana, las autoridades de la FIFA y los muchos cuatroteros largos de lengua y cola.


Sí, se comieron su propio discurso de austeridad.
Sí, no tuvo madres… buscadoras…
Sí, fue una simulación.
La cena previa a la inauguración del Mundial fue un evento por todo lo alto. Un momento de élite que no estaba incluido en el combo de los boletos “machuchones”, que miles de aficionados compraron para no perderse un solo minuto del partido inaugural, en el Estadio Azteca-Banorte-Ciudad de México.
No fue de jeans, fue de smoking o traje con corbata; no fue de minis (faldas), fue de largo. No fue de colores, fue de oscuro. Del mismo tono que estaba el clima político y social para el gobierno de la República los días previos al Mundial. Con la CNTE gritando consignas. Las cadenas internacionales, de todo el mundo mundial, nunca mejor dicho, transmitieron el Zócalo capitalino, sede del Fan Fest, con vallas metálicas que reflejan la ya acostumbrada fobia a las marchas de la izquierda mexicana. Esa era la imagen del Mundial, exportada desde el gobierno de la ‘4T’.

El Alcázar del Castillo de Chapultepec, la vista hacia el bosque y la exclusividad en su máxima expresión. La ‘4T’ se estrella contra la realidad, a bordo de un Ferrari color guinda. Aman el dispendio, como ha quedado demostrado con sus gobernadoras y gobernadores, a bordo de sus camionetas blindadas, escoltas incluidos. Y, por qué no, la adicción a los eventos internacionales de primerísimo nivel, al grado de comprar lugares apenas a unos metros del presidente Donald Trump, como el titular del SAT de Quintana Roo de Mara Lezama.

Se dejaron fotografiar sin pudor y, ahora sí, sin complejos ni resentimientos. Acudieron a “la party” sin máscaras y con el pueblo muy lejos de ellos, para que no les ensuciaran sus outfits con besos y abrazos sudorosos. Así pudimos ver a la senadora por Baja California Julieta Ramírez, a Nacho Mier, a Gutierritos, sí, el esposo de Dato Protegido, a Manuel Velasco, entre otros, quienes de lengua se comieron el taco de austeridad que pregona... pero con cubertería de plata, porque era de etiqueta.

Folclor, jaraneros, chinas poblanas y varios “efectos especiales” se dieron cita para amenizar la velada, pagados con presupuesto público, por supuesto. La presidenta, peinada de cola de caballo alaciada, muy acinturada por una falda negra, sin motivos mexicanos (de los que siempre abusa), con una blusa satinada color rojo-bugambilia (afortunadamente no usó su amado guinda) y stilettos negros. Nunca la habíamos visto tan fashion, tan contra-UNAM, tan anti-chaira, pues.
Espectáculo de drones, con la bandera de México, las siglas de la FIFA, un balón, el águila sobre el nopal devorando la serpiente, entre otras artesanías tecnológicas, que no son nada baratas. Fue un despliegue de lo que nuestro país sí es (a pesar de Morena, de sus narcopolíticos y gobiernos, así como de todos los problemas económicos, sociales y de seguridad que hoy tenemos), pero que la ‘4T’ ha catalogado como gustos culposos.


No hubo tamalitos de chipilín, ni sillas de cervecería famosa, para eso hubieran tenido que ir los TRI-vagos López Beltrán, hoy multimillonarios, a quienes parece que nadie vio brindando. Pues nunca le huyen a la foto. El catering incluyó mesas perfectamente montadas y cena de varios tiempos, con bebidas ilimitadas. Un all-inclusive, con la venia de la presidenta y una abultada chequera. Habría que ver de la cuenta de quién salió tal fiestón, porque en los videos que han trascendido no se aprecian logos oficiales de FIFA en podio o pantalla, ni patrocinios a la vista. Entonces, ¿habrá pagado la pachanga VIP la ‘4T’? ¿Con todo y su repele a los actos de celebración donde las servilletas son de tela y no de papel de estraza?
Mientras la CNTE y las madres buscadoras, aunque con diferente fondo, mantenían en jaque al gobierno y había vallas metálicas en el Zócalo, la crema y nata departía a unas cuadras en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, herencia del virreinato y del imperio. Fue todo menos minimalista la celebración. Fue una muestra del peso económico que tiene la FIFA y la influencia del poder y el dinero para romper las barreras ideológicas que separan al capitalismo de lo que los morenistas pretenden imponernos en México.
¿Habrá llegado para quedarse esta bonita costumbre de preferir los eventos a puerta cerrada, que huelen a perfume sin austeridad con burbujas francesas incluidas? Dicho lo anterior, la presencia en el Deportivo Hermanos Galeana, para ver a la Selección Mexicana ganar 2-0 en el partido inaugural del Mundial, fue a todas luces… un exceso de su doble discurso.