A mediados de mayo, con la fallida marcha en defensa de la soberanía, Morena evidenció una debilidad: en el centro del estado y municipios aledaños a la capital, no tienen la capacidad de convocatoria suficiente y, por lo tanto, no tienen el “músculo” (entiéndase esto como efectividad en el acarreo) que gusta presumirse en los actos político-partidistas.
Entonces, hubo necesidad de llevar personas desde otras latitudes del estado cuya llegada fue impedida por bloqueos carreteros de ciudadanos inconformes identificados como agricultores y con obras públicas sobre las rutas con que llevaban al punto de encuentro de este evento.
Tan solo 3 semanas después en el estado de Coahuila, nuestro vecino, los candidatos de Morena sufrieron una derrota no solo amarga (cualquier derrota lo es), sino además humillante. Dieciséis diputaciones de representación directa en el Congreso del Estado estaban en juego en esa elección (a parte, las de representación proporcional) y las dieciséis las ganó el Partido Revolucionario Institucional con diferencias de votos contundentes.
Ambos acontecimientos fueron tragos amargos para la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes. Si bien es cierto, la derrota en Coahuila no fue resultado de la gestión de la actual dirigente de Morena, no le quedó más remedio que adoptar a ese hijo no deseado.
Ayer, nuevamente debió beber tragos amargos en el evento de instalación de lo que Morena ha llamado Consejos Municipales en defensa de la transformación. Serán 67 en todo el estado de Chihuahua, uno por cada municipio; y cada consejo municipal deberá incluir el número total de secciones electorales que tiene el municipio. Para el caso de Ciudad Juárez, deben ser poco más de mil 200 secciones.
Si consideramos que cada comité seccional se conforma por un presidente, un secretario y mínimo 2 vocales, al evento debieron acudir mínimo 4 mil 800 personas, insisto, asumiendo que la representación por cada sección es depositada en 4 personas; en la práctica y para que funcione, deberían ser más. Por supuesto para estas proyecciones, debemos excluir a los funcionarios, empleados gubernamentales y representantes populares como regidores y diputados, así como los dirigentes partidistas.
La realidad es que el gimnasio Josué Neri Santos, sitio en el que fue realizada la toma de protesta, lució semivacío. Dicho inmueble tiene una capacidad base de poco más de 5 mil personas, sentadas en butacas fijas, sin embargo, el único espacio que se utilizó para los asistentes fue el de la duela; todo el graderío, en los cuatro puntos cardinales, lució completamente vacío. Esto nos dice que si mucho, acudieron al evento con la dirigente nacional de Morena, no más de 2 mil 500 personas.
Afortunadamente, aunque se haya negado el acceso a los compañeros de la prensa, el desaire a la instalación del Consejo Municipal en defensa de la transformación, podemos constatarlo a través de las fotografías que diferentes personajes allegados al partido oficial hicieron públicas en sus redes sociales… ¡benditas redes sociales!
Pero hay un detalle mucho más interesante en esas fotografías: se distingue a personas que lo mismo acuden a un evento institucional del gobierno municipal juarense que a un acto partidista de Morena… pero también, a eventos de tinte azul (panista) o incluso, de tinte tricolor (priista).
¿Qué significa esto? Significa que el ciudadano va a cualquier sitio en el que considere que puede recibir un beneficio; en dónde vea que puede gestionar y resolver alguna problemática, ya sea personal o comunal. Significa, y esto no es nuevo, que el ciudadano aprendió que asistir a un acto partidista es una buena estrategia para recibir lo que no recibe a través de la administración pública, a través de sus gobiernos.
Y aunque esa dádiva que recibe sea pasajera, el ciudadano ya asimiló que peor es no recibir nada.
En Coahuila, según cifras oficiales, hay poco menos de medio millón de beneficiarios de programas sociales federales, pero no les alcanzó para ganar el Congreso. Allá, a la hora de la verdad, la gente prefirió la certeza de un gobierno para ellos funcional (hasta ahora), que el experimento de las dádivas.
En Chihuahua, recientemente declararon que estaban por llegar a 1 millón de beneficiarios de programas sociales, pero ¿será eso suficiente en 2027? ¿o los chihuahuenses harán lo mismo que los vecinos coahuilenses? ¡Ya veremos! Lo que sí afirmo es que el norte no es el sur (de la república) y lo que funciona allá, no necesariamente puede replicarse aquí.
Por lo pronto, el pasado domingo, el morenismo de Ciudad Juárez, se conformó con sesionar a puerta cerrada y sin testigos, con el recién remodelado gimnasio Josué Neri Santos a mitad de su aforo.