“Puedes ser todo lo virtuoso que quieras, pero no eres nadie sin tu equipo.” Zinedine Zidane.
La selección mexicana ganó el partido inaugural de la Copa Mundial 2026 por dos goles a cero frente a Sudáfrica. Es la primera vez que nuestro equipo triunfa en un encuentro inaugural, y esa victoria se celebró con entusiasmo colectivo. Fuimos testigos de un contagio positivo, tan necesario en nuestra sociedad.
Por varias horas se superó la polarización y la división que promueve el oficialismo. Seguramente habrá más momentos de armonía de la afición durante la fiesta mundialista.
No obstante, la alegría por el campeonato no basta para ocultar los graves y crecientes problemas nacionales ni que el gobierno de la 4T carece de destrezas y funcionarios capaces para resolverlos. A pesar de haber recibido un país estable, obtenido una espuria sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados mediante trampas, y de recurrir al soborno y al chantaje en el Senado para constitucionalizar la destrucción de la democracia y la concentración de poder, el oficialismo confirma que no es lo mismo proteger narcopolíticos, agandallar y destruir, que gobernar.
Hoy México enfrenta condiciones peores que durante los gobiernos anteriores. Tras casi ocho años de la llamada 4T, los indicadores revelan un retroceso peligroso en múltiples ámbitos que afectan el bienestar social y el desarrollo nacional.
Como se anticipó, diversos grupos han aprovechado la atención internacional generada por la inauguración y los partidos del Mundial 2026 para visibilizar sus demandas:
- CNTE. El anterior inquilino de Palacio Nacional traicionó a niños y jóvenes al cancelar la Reforma Educativa de su antecesor, que había instaurado un sistema de evaluación docente obligatorio para elevar la calidad y recuperar el control estatal sobre las plazas magisteriales. Con ello se impulsó la carrera docente, se redujo el poder de la CNTE y comenzaron a mejorar los indicadores. Pero en 2019, el actual oficialismo promovió una contrarreforma deficiente y sin fundamentos, devolviendo el control a la CNTE. La Mandataria, además, prometió irresponsablemente derogar la Ley del ISSSTE, con un costo estimado de siete billones de pesos. Afortunadamente la Presidenta parece haber entrado en razón al reconocer que la derogación de la citada Ley es inviable. Sin embargo, 1.4 millones de alumnos están sin clases y más de 17,400 escuelas permanecen cerradas.
- Madres Buscadoras. Miles de familias han tenido que emprender por cuenta propia la búsqueda de sus desaparecidos ante la inacción oficial. Ni el anterior presidente ni la actual Mandataria se han dignado atenderlas. Han recurrido a la ONU y a la OEA para visibilizar la crisis. Las cifras son devastadoras: entre 2000 y 2006 se registraron 914 desapariciones forzadas; de 2006 a 2012, 16,889; de 2012 a 2018, 32,682. El periodo 2018-2024 marcó el mayor incremento, con 54,049 desapariciones —al menos una cada hora—, a las que se sumaron otras 17,552 en apenas año y medio del actual gobierno. Esta crisis humanitaria, consecuencia directa del narcoterrorismo, se agravó con la política de “abrazos, no balazos”. México encabeza las acciones urgentes del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada, acumulando el mayor número de peticiones a nivel mundial y evidenciando fallas estructurales del Estado. Tristemente es ahora la propia Presidenta la que cuestiona ese movimiento, en un afán por descalificarlo.
- Transportistas. El gremio de transportistas resiste la violencia cotidiana, enfrenta la creciente inseguridad en carreteras, extorsiones y el abandono institucional. Decidieron no ejercer presión mayor durante el torneo mundialista para no afectar la movilidad turística, pero mantienen abierto el diálogo para visibilizar sus demandas.
Debemos sacudirnos la indiferencia y oponernos al silencio del oficialismo institucional que pretende sepultar la realidad bajo la fiesta del futbol. Finalmente son cortinas de humo.
* Abogado, negociador y mediador
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