Londres— No es el mar, pero pareciera. Sobre las crujientes cubiertas de dos barcos a medio hundir tras haber colisionado, Corlys Velaryon y los suyos combaten encarnizadamente contra la Triarquía, liderada por la almirante Sharako Lohar.
En un gigantesco tanque de agua del tamaño de un campo de futbol en un estudio en Levesden, no cesan de generarse olas falsas. Motores hidráulicos sacuden las naves con fuerza.
Los actores están cansados. Cala el frío británico y también el peso de sus armaduras de utilería. Pero los motiva imaginar a los dragones y la enormidad de la guerra que se agregarán digitalmente en las paredes pintadas de azul.
Es julio de 2025. Un día cualquiera de los 52 esquemados para rodar el capítulo inicial de la tercera temporada de La Casa del Dragón: ‘The Battle of the Gullet’, que debuta este domingo. Todos en los estudios de Leavesden afirman que es lo más grande que se haya hecho jamás para la televisión.
“Le decía a HBO: ‘Tenemos que encontrar la manera de abordar esto. Es un momento crucial’. La llamada ‘Danza de los Dragones’ es, en cierto modo, lo que sucede antes y después de esto”, comenta el showrunner Ryan Condal.
El jefe de la superproducción reconoce que comenzó a concebir este episodio desde hace cuatro años. En ningún instante el camino ha sido cristalino y llano. Todo el equipo puede relatar sus propios quebraderos de cabeza.
“El cine y la televisión ya han hecho cosas en el mar, y nuestra serie ya ha mostrado dragones luchando. Pero esto es la combinación única de estos elementos”, explica.
“Y luego está la naturaleza de las batallas navales medievales: todo es a corta distancia, los barcos tienen que chocar y hay una lucha masiva en cubierta, algo que nunca se había visto”.
En el libro ‘Fuego y Sangre’, de George RR Martin, el enfrentamiento es descrito como uno de los más brutales en Westeros. La flota Velaryon (de los Negros, simpatizantes de la Reina Rhaenyra Targaryen) bloquean King’s Landing. La Triarquía (Verdes, leales a Aegon Targaryen) embosca a sus enemigos para romper el cerco.
Complacer a la audiencia
La audiencia de este universo ya ha atestiguado despiadadas guerras (como la Batalla de los Bastardos, en Game of Thrones). Contentarla es complicado. Impresionarla más. Pero ésa es la meta aquí.
“En esta franquicia tienes que hacerlo mejor y mejor. Es un requerimiento mínimo”, afirma Kevin de la Noy, productor ejecutivo. Que él sea una de las cabezas a cargo no es casualidad.
Tiene lo que se necesita en este reto. Hizo películas bélicas, como la mítica ‘Rescatando al Soldado Ryan’ (1998), pero también marítimas, como la legendaria ‘Titanic’ (1997).
Los actores ensayaron meses antes de comenzar a grabar. Nada los preparó para estar a cubierta, con la superficie resbaladiza, siendo impactados por cañones de agua y sintiendo cerca llamaradas controladas.
“Queremos que la gente se siente en sus sillones y diga: ‘Dios mío, mira eso, ¿cómo lo hicieron?’”, menciona el actor Steve Toussaint, quien interpreta a Corlys, la ‘Serpiente Marina’.
“En una toma hay una fiera explosión. A la siguiente, una ola enorme. Lo impredecible te da mucho para jugar. Tienes que reaccionar, actuar y reaccionar”, agrega Abubakar Salim, quien regresa como Alyn de Hull, marinero de la flota Velaryon.
Es un rompecabezas narrativo, lo muestran los monitores con la previsualización digital. El episodio busca sumergir al espectador en el caos bélico y temer lo inevitable: ¿Qué personajes morirán en esas aguas?
En las juntas había dos referencias. Por un lado, los crudos combates navales de la película ‘Capitán de Mar y Guerra’ (2003). Por otro, los jinetes y sus dragones tendrían que tener un toque a la ‘Top Gun: Maverick’ (2022).
‘The Battle of The Gullet’ podrá ser fantasía, pero los involucrados apuntaron al mayor realismo posible. Un escuadrón de expertos navales e historiadores asesoró a los creadores sobre lo que tendría sentido y lo que no.
Fue en extremo importante para todos los departamentos. La producción creó una enciclopedia de 172 páginas con detalles, explicaciones y soluciones de cualquier duda posibles.
Al final, todo depende de la comunión perfecta entre efectos prácticos y digitales.