Antes de arrancar el Mundial 2026 en el verano, Estados Unidos, México y Canadá ya iniciaron el "juego" en la cancha comercial para evitar que la revisión del T-MEC se vaya a "tiempo extra".
México y Estados Unidos comenzaron conversaciones en Washington con tres ejes: reglas de origen, certidumbre en cadenas de proveeduría y reducción de importaciones asiáticas.
El reto es complejo: sólo en enero, 51 por ciento de las importaciones mexicanas provinieron de Asia, mientras que en Estados Unidos la participación alcanzó 45 por ciento al incluir países como China, Japón, Singapur, India, Tailandia y Vietnam.
Aun así, Norteamérica mantiene una fuerte interdependencia: también en enero, México importó 34 por ciento de sus bienes de sus socios del T-MEC, mientras que Estados Unidos obtuvo 27 por ciento de sus compras externas de ellos.
Es decir, en ambos casos, prácticamente una tercera parte de las importaciones se originaron en sólo dos países, sus socios de la región.
Daniel Zaga, economista en jefe de Deloitte México, subrayó que los negociadores deben considerar esta integración.
"Las relaciones comerciales van a seguir de una u otra forma", sentenció.
"En cuanto al T-MEC y términos comerciales, sabemos que el impacto para México es enorme, pues más del 80 por ciento de las exportaciones se van a Estados Unidos; sin embargo, en algunas industrias en particular como la automotriz, Estados Unidos necesita fuertemente a México", acotó Zaga.
Sobre los posibles acuerdos bilaterales que los socios de Norteamérica alcancen, para el especialista de Deloitte el último año es prueba de que ya no hay políticas comerciales definitivas, sino que pueden cambiar y ajustarse, incluso con un pacto vigente. "Ojalá que sea el T-MEC, y es muy probable que sea así. Si no es así, la relación bilateral con Estados Unidos va a seguir", apuntó.