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Radar Inteligente
El Economista 17 Jun, 2026 00:46

¿Ya nadie quiere ser millonario?

Hay un montón de mexicanos millonarios. Montones. Cualquier individuo con una casa prácticamente puede serlo si posee un activo de ese valor en su haber.

Pero los millones ya no son suficientes para lo que prometemos todos en el mercado. Lo de hoy son los billonarios, y eso es un problema para cualquier inversionista o empresa que use el sentido común. Los ejemplos pueden partir de lo ridículo y minúsculo.

El lunes estuve en el Zócalo para ver el futbol en ese lugar público. A punto de la deshidratación, me acerqué a comprar un agua mineral en el puesto del principal patrocinador: 120 pesos. Una botella de agua convencional costaba 90 pesos.

Tal vez por eso la emblemática plaza estaba vacía a la hora del partido entre España y Cabo Verde. Eso no es culpa del gobierno ni de quien organizó este torneo global. Es más bien responsabilidad de todos, y conviene repararlo.

Los millones que antes eran valiosos ahora se diluyen en la era del primer billonario en dólares del planeta: Elon Musk, cuya fortuna de un billón de dólares, o one trillion en inglés, podría pagar mes y medio del monstruoso gasto del gobierno de Estados Unidos. Al de México, más de año y medio.

Los directores quieren más, cada vez más. En 2017, James Quincey, director de Coca-Cola, ganaba 230 veces más que el empleado promedio de la compañía. En 2025, la diferencia se disparó a 1,739 veces. Todo está en documentos oficiales de la empresa.

Atención: el socialismo me parece una pérdida de tiempo. Es como el amor sin esfuerzo. Llamativo, pero al final alguien tendrá que poner un pollo sobre la mesa, y ahí empieza el lío.

El capitalismo funciona, aunque deficientemente. Hay que cuidar que no crezca la deficiencia.

Quienes tienen más influencia en el mercado deben cuidar la narrativa.

Encuentro pocas cosas más apegadas a la actividad del libre mercado que la del anciano que estuvo junto a mí unos minutos en el Zócalo, burlando juntos el golpe del sol con la delgada sombra del asta bandera.

Él cargaba un pequeño cartón, tamaño carta. En él podía leerse una frase escrita a mano: “Vendo monedas del Mundial”. Ya. Eso era todo.

El hombre fue detectado por un trío de personas no identificadas, vestidas de negro, que lo obligaron a guardar el improvisado cartel.

Tal vez en otros días, hombrecillo. Tal vez en otras calles usted podría practicar esa compra y venta. Pero, por el momento, el Zócalo no le pertenece a usted, sino a una empresa multimillonaria. Ya regresará a sus manos.

La gente se molestó y reclamó al misterioso trío. Para cuando me fui, ya estaban armando una “vaca” para comprarle al señor su mercancía.

¿Qué sabor deja esa actitud por parte de las marcas que visiblemente patrocinan la enorme pantalla dispuesta frente a la Catedral?

No me hago el santo. Yo vendo mis conferencias y otros servicios. No espero, como muchos, que el gobierno resuelva mi economía personal. Insisto: defiendo el libre mercado.

Pero, precisamente porque lo defiendo, percibo que nos estamos pasando de la raya respecto a lo que el mercado comunica.

Amigos me reclamaron que no me quejara de la misma manera por los precios que pagamos en la Fórmula 1. Yo no sabía que ya podíamos comparar el deporte más popular del mundo con un espectáculo de acceso definitivamente limitado y probablemente elitista.

No es solamente el futbol. Urge cuidar que los premios del sistema no se alejen de las manos de la mayoría.

El gobierno mexicano dice ocuparse de la pobreza mientras ignora el estancamiento de la clase media, descuidada también por quienes hoy detienen inversiones aludiendo incertidumbre.

Ayer, Ian Bremmer, el influyente politólogo y líder de Eurasia Group, también alertó en sus redes sociales: “La gente no solo está enfadada con los políticos, sino con un sistema en el que el poder y el acceso se concentran en manos de cada vez menos personas”.

Es un neoyorquino que también vive del libre mercado, pero no es difícil percibir que esto tiene límites. El futbol solo puso luz al asunto. Cuidado.

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