Todos tenemos intereses políticos, en una democracia. No tenerlos sería un signo de desánimo, o de falta de interés por lo que ocurrirá con tu país, o tu región, o tu Estado, o tu ciudad, o tu colonia. Hay quien lo interpretaría como una falta de patriotismo. En una democracia, los habitantes, los ciudadanos, y quienes ostentamos derechos políticos parciales, tenemos la obligación de involucrarnos, hasta cierto punto, y el derecho a no hacerlo, también hasta cierto punto.
¿Por qué la CNTE, y otras decenas de organizaciones sociales, incluidas las Madres Buscadoras, decidieron manifestarse y protestar en la inauguración del Mundial de Futbol 2026? Bueno, primero, porque esa es la forma de manifestarse políticamente en México si quieres tener un mínimo de interlocución. Una organización social que no toma carreteras, o que al menos no mancha la reputación nacional durante un evento deportivo global, no tendrá ninguna probabilidad de éxito en sus fines.
La segunda razón por la cual las organizaciones sociales hacen estas cosas es porque pueden. No hay castigos, y el upside es rentable. Luego la gente que atenta contra el orden público, tomando la principal vialidad del país, o tomando control de activos estratégicos del Estado como pozos petroleros, llegan a presidentes de México. Uno entra al Congreso a caballo, y años después reaparece como coordinador de la mayoría. El riesgo es bajo, la ganancia esperada es muy alta; ¿Cómo por qué no hacerlo? ¿Decencia? La moral es un árbol que da moras, decía ese pragmático potosino, el general revolucionario Gonzalo N. Santos.
Es sorprendente ver a la Secretaria de Gobernación, esa otra potosina de este siglo, la Lic. Rosa Icela Rodríguez Velázquez, afirmando que “las madres buscadoras recibieron apoyos financieros para desplazarse a la CDMX desde Jalisco”, palabras más, palabras menos. Que hay “intereses políticos” detrás de su activismo mundialista reciente; y que va a investigarlas y a quiénes están detrás. Atrás del podio presidencial, estaba la presidenta, sonriendo. ¿Por qué sonríe? ¿Es porque las señoras buscan a sus hijos? ¿Es porque sus hijos andaban en “malos pasos”? En estos tiempos en donde hay una leva, reclutamiento forzado, de estos grupos delincuenciales, ¿podríamos culpar a los cientos de miles de desaparecidos, que llenarían el Estado Azteca 1.5 a 2 veces?
Supongamos que sea correcto. Que las financió Trump, MAGA, JD Vance, los hermanos Koch, Rupert Murdoch, George Soros, el Opus Dei, Ricardo Salinas Pliego, el PRIAN, el Movimiento Cristero Renacido, los herederos de Maximiliano, Bibi Netanyahu, Javier Milei, Nayib Bukele y los Iluminati. ¿Sería ilícito que lo hicieran? ¿Sería contrario a las leyes de la República y del Mundo que ellas aceptaran el financiamiento? ¿Es un atentado contra el Estado, o contra la democracia, que se manifiesten en la fiesta mundialista?
La respuesta a las tres preguntas anteriores es no. Ese es el juego democrático. Un montón de gente tiene interés en influir en la acción del Estado, en las leyes, en la interpretación de las mismas, en el uso del poder, y trata de influir en los gobernantes, quienes detentan el poder del Estado. Tres maneras lícitas de hacerlo son, amenazar con no votarlos, aliarse con sus opositores, o generarles costos reputacionales altos avergonzándolos públicamente.
Amenazar a organizaciones sociales con investigar las fuentes de su financiamiento, suena soviético, no democrático. Bueno: en congruencia, Trump y otros políticos emblemáticos de la derecha también perseguirían a sus detractores. Pero eso no implica que esté bien.
Si van a usar el aparato del Estado para hacer valer la ley, tendrían que hacerlo en contra de los grupos más violentos del ecosistema. La CNTE ya hace décadas rebasó la línea entre activista y delincuente. Claro, la Lic. Rodríguez Velázquez no investigaría sus fuentes de financiamiento, porque claramente la Coordinadora es un monstruo que al Estado mexicano, desde el PRI pasando por el PAN y hasta Morena, se les salió de las manos.
Dicen que la frase “para mis amigos todo; para mis enemigos, la ley a secas”, no se la podemos atribuir claramente a Benito Juárez. La verdad de Perogrullo que sí dijo, la del respeto al derecho ajeno equivalente a la paz, es una que probablemente deberían recordar los gobernantes actuales y futuros de México; no nada más recitarla alrevesada. Sobre todo, hay que respetar el derecho a disentir pacíficamente, aunque nos dé pena con las visitas.