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Mundiario 19 Jun, 2026 06:34

El coste de cuidar en España: una carga que sigue recayendo en las mujeres

La desigualdad en la distribución de los cuidados en España no es un fenómeno nuevo, pero cada nueva estadística la vuelve más visible y difícil de ignorar. Los últimos datos del módulo de conciliación de la Encuesta de Población Activa elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman una realidad estructural: cuando hay que reducir jornada, renunciar a ingresos o reorganizar la vida laboral para cuidar, son mayoritariamente las mujeres quienes dan el paso. En 2025, la diferencia alcanza una proporción abrumadora: ellas reducen su jornada casi diez veces más que ellos.

Las cifras hablan por sí solas. Más de 328.000 trabajadoras afirmaron haber pasado de jornada completa a parcial o haber reducido sus horas laborales por motivos de conciliación, frente a apenas 33.400 hombres. En términos relativos, el 8,9% de ellas frente al 0,4% de ellos. El desequilibrio no solo es cuantitativo, sino también cualitativo: el coste profesional de cuidar sigue recayendo de forma desproporcionada sobre las mujeres.

Un reparto desigual que se repite en todos los escenarios

El patrón no cambia cuando se analizan otros indicadores. Según la misma estadística del INE, un 33% de las mujeres con responsabilidades de cuidado ha tenido que realizar algún cambio en su trabajo —como teletrabajar, cambiar de puesto o adaptar horarios— para poder atender a sus familias. En el caso de los hombres, el porcentaje baja al 18%.

Esta brecha no depende del nivel de ocupación. Entre las personas empleadas, el 42% de las mujeres tiene responsabilidades de cuidado frente al 38% de los hombres. Entre las personas en desempleo, la diferencia es aún más acusada: 40% frente a 26%. Incluso en la inactividad laboral, ellas siguen asumiendo más carga (30% frente a 19%).

La “renuncia” como patrón femenino

Desde el Club de Malasmadres, la socióloga Maite Egoescozabal resume el fenómeno con una frase contundente: “La renuncia tiene nombre de mujer”. Según su análisis, el problema no se limita a la conciliación, sino a la estructura misma del mercado laboral y a la persistencia de roles de género que siguen determinando quién cuida y quién prioriza la carrera profesional.

Egoescozabal subraya que las decisiones familiares no son neutrales: cuando hay que reducir ingresos, son ellas quienes más frecuentemente ajustan su vida laboral. Y aunque la brecha salarial influye, no lo explica todo. Incluso en hogares con ingresos similares, el peso de los roles tradicionales sigue inclinando la balanza.

Cuando la sociología confirma la inercia

La catedrática de Sociología Teresa Jurado coincide en el diagnóstico: la desigualdad persiste tanto en el tiempo dedicado a los cuidados como en el impacto laboral que estos generan. Sin embargo, introduce un matiz relevante: cuando no hay pérdida de salario o reducción de jornada, la implicación masculina aumenta.

Es decir, los hombres participan más cuando el coste económico o profesional es bajo o inexistente, pero la asimetría se dispara en cuanto entra en juego la renuncia laboral.

El coste invisible de cuidar

Más allá de los datos, la conciliación revela un impacto profundo en las trayectorias vitales y profesionales de las mujeres. Reducir jornada, rechazar ascensos o abandonar temporalmente el mercado laboral tiene consecuencias acumulativas: menor salario, menor cotización y menor estabilidad futura.

El resultado es un círculo difícil de romper: las mujeres ganan menos, por lo que a menudo “compensa” que sean ellas quienes ajusten su carrera para cuidar. Pero ese ajuste perpetúa la desigualdad inicial.

La conciliación como problema estructural

El informe del INE también señala que en España hay más de 12 millones de personas con responsabilidades de cuidado. Sin embargo, el 67,5% de las personas ocupadas afirma no encontrar dificultades especiales para conciliar. Entre quienes sí las perciben, destacan los horarios impredecibles y las jornadas largas como principales obstáculos.

La paradoja es evidente: aunque la mayoría no identifica problemas directos, los datos muestran una brecha persistente y sistemática. La conciliación, lejos de ser una cuestión individual, se revela como un problema estructural vinculado al modelo laboral, la organización del tiempo y la distribución desigual de responsabilidades dentro de los hogares.

En este contexto, la pregunta ya no es solo quién cuida más, sino por qué sigue siendo tan difícil que cuidar no implique renunciar. @mundiario

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