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Radar Inteligente
Vanguardia 19 Jun, 2026 11:08

La lógica estratégica de la carrera armamentística en torno a la IA

Por Charles Ferguson, Project Syndicate.

SAN FRANCISCO- Ahora está claro que la revolución de la IA presagia una profunda reorganización de los factores determinantes del poder militar mundial. Para Estados Unidos y Europa, mucho dependerá de su capacidad para revertir el grave declive de sus sectores de defensa e industrial.

Aunque se observan algunas tendencias alentadoras, los posibles efectos de la IA sobre la seguridad colectiva de las democracias del mundo, así como sobre el control mundial de armamento, la no proliferación y los esfuerzos antiterroristas, son cada vez más preocupantes. El hecho de que el auge de la IA coincida con una transición hacia un mundo cada vez más caótico, que probablemente diferirá radicalmente de una era definida por la hegemonía estadounidense y las armas nucleares, amplifica aún más estos riesgos.

La llegada de las armas nucleares dio lugar a un elaborado régimen mundial liderado por Estados Unidos, diseñado para contener a la Unión Soviética, evitar la guerra nuclear y gestionar los arsenales atómicos. Este régimen incluía el paraguas nuclear estadounidense, la OTAN y los sistemas que regulaban el diseño, la producción, los ensayos, el despliegue y el uso de las armas nucleares. También abarcaba sistemas de inteligencia y de alerta temprana, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), múltiples tratados de control de armamento entre EE. UU. y la Unión Soviética y mecanismos de verificación, así como controles de exportación, entre los que destaca el Régimen de Control de la Tecnología de Misiles. Todo ello se sustentaba en una amplia infraestructura dedicada al análisis de políticas estratégicas.

Aunque imperfecto, este régimen resultó ser un éxito notable: la proliferación nuclear se mantuvo limitada, no estallaron guerras directas entre potencias nucleares y no se han detonado armas nucleares (salvo en ensayos) desde 1945. Sin embargo, ese orden se ha ido desmoronando gradualmente a medida que Occidente declina y China asciende, lo que ha dado lugar a una distribución cada vez más anárquica del poder militar entre numerosos países e incluso empresas privadas. Las consecuencias ya son visibles en el retraso de Occidente en cuanto a capacidades de combate basadas en la inteligencia artificial (IA), en los débiles controles de exportación y en la insuficiencia de las normativas de seguridad relacionadas con la IA.

A lo largo de las últimas décadas, los aparatos de defensa tanto de Estados Unidos como de Europa se han vuelto rígidos, lentos y lamentablemente desconectados de la realidad. Las Fuerzas Armadas de EE. UU. y sus principales contratistas siguen dependiendo en gran medida de sistemas tripulados por personas, enormemente caros y extremadamente vulnerables: aviones, buques, tanques, portaaviones y submarinos. Incluso los misiles individuales cuestan millones de dólares, y solo se producen cientos o miles de cada tipo al año.

Dado que los mercados comerciales de gran volumen impulsan cada vez más el rendimiento tanto económico como militar, Estados Unidos se ha quedado muy por detrás de China y otros países en sectores críticos como la fabricación aditiva, los semiconductores, la robótica, los drones, los ordenadores personales, los teléfonos móviles y las baterías. Como resultado, las armas estadounidenses suelen ser órdenes de magnitud más caras que los sistemas contra los que están diseñadas para atacar o defenderse. A estos problemas se suman la inestabilidad y la disfunción de la política estadounidense, que afectan cada vez más a la adquisición de material de defensa y a la política de EE. UU. hacia Irán, China, Rusia y Ucrania.

Se observan dinámicas similares en Europa, especialmente en las disputas internas sobre Ucrania y la cooperación en el sector de la defensa. Al mismo tiempo, el creciente poder político del sector tecnológico ha debilitado los esfuerzos de seguridad occidentales, sobre todo al socavar los controles de exportación a China, erosionar el régimen de sanciones a Rusia e impedir importantes iniciativas gubernamentales de investigación y desarrollo en materia de inteligencia artificial.

A menos que se produzcan cambios drásticos en el comportamiento de EE. UU. y Europa, el equilibrio de poder mundial podría inclinarse rápidamente a favor de China y otros países innovadores, a medida que la integración de la IA, los drones y los robots dé lugar a nuevas formas de poder militar. Las guerras en Irán y Ucrania ofrecen un primer atisbo de esta realidad emergente.

LA REVOLUVIÓN DE LOS DRONES QUE NO SE PRODUJO

En 2015, la administración del presidente estadounidense Barack Obama negoció el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), imperfecto pero significativo, que limitó drásticamente el programa nuclear de Irán y garantizó una resolución posterior del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que restringía las actividades de Irán en materia de misiles balísticos. Sin embargo, la primera administración Trump abandonó el PAJA, restableciendo las sanciones y dando vía libre a Irán para reanudar el desarrollo tanto de armas nucleares como de armas convencionales, y la administración de Joe Biden agravó el problema al permitir que Irán se acercara al umbral de la capacidad de armas nucleares y desarrollara drones avanzados. La administración Biden tampoco logró modernizar las Fuerzas Armadas de EE. UU. en respuesta al auge de los drones y la IA, incluso después de que la guerra entre Rusia y Ucrania y el rápido ritmo de desarrollo comercial de la IA pusieran de relieve la urgencia de hacerlo.

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