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Mundiario 20 Jun, 2026 05:04

Tregua y estado de excepción en Bolivia: el juego a dos bandas de Rodrigo Paz tras el caos

Bolivia respira, pero todavía no puede afirmar que haya dejado atrás la crisis. Después de 50 días de bloqueos de carreteras, desabastecimiento, enfrentamientos y una creciente desafección política, el acuerdo suscrito entre el presidente Rodrigo Paz y los principales dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB) representa el primer gran intento de reconstruir la gobernabilidad en un país exhausto por la confrontación.

La imagen de los líderes sindicales y del Gobierno firmando el pacto de pacificación posee una enorme carga simbólica. No solo porque pone fin, al menos temporalmente, a uno de los conflictos sociales más prolongados de la historia reciente boliviana, sino porque evidencia hasta qué punto el país había llegado al límite de la fractura política y económica. Paz ha recurrido a la declaración del estado de excepción nacional con el objetivo de limpiar las carreteras y desactivar la resistencia de los sectores afines al expresidente Evo Morales.

Los 50 días de bloqueos dejaron una profunda huella. Las protestas paralizaron corredores estratégicos, dificultaron el abastecimiento de alimentos y combustible, interrumpieron la atención sanitaria y provocaron pérdidas económicas multimillonarias. El balance humano también ha sido dramático: al menos 14 personas fallecieron durante la crisis, muchas de ellas debido a la imposibilidad de recibir atención médica oportuna en medio de los cortes de carreteras.

La firma del acuerdo refleja, además, un cambio de estrategia tanto del Ejecutivo como de una parte del movimiento social. Paz optó desde el inicio por evitar una respuesta militar generalizada, pese a las crecientes presiones de sectores urbanos y conservadores que reclamaban el despliegue del Ejército para despejar las carreteras. En su lugar, apostó por combinar negociaciones sectoriales, concesiones económicas y una estrategia destinada a aislar políticamente a los grupos más radicalizados.

Esa fórmula parece haber dado resultados parciales. La COB, principal organización sindical del país, decidió finalmente aceptar una hoja de ruta basada en la revisión de los procesos judiciales contra los detenidos, la defensa de las empresas estratégicas del Estado, el control social sobre las políticas económicas y el establecimiento de mecanismos de diálogo para afrontar la crisis económica.

Enfoque contra el evismo

Sin embargo, el acuerdo dista mucho de cerrar todas las heridas. Importantes sectores campesinos e indígenas evistas continúan mostrando reticencias e incluso han acusado a la dirigencia sindical de haber cedido ante el Gobierno. Estas divisiones revelan una fractura cada vez más visible dentro del histórico bloque social que durante años articuló el movimiento popular boliviano.

La crisis también ha profundizado el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el expresidente Morales, a quien el Gobierno responsabiliza de haber alentado la estrategia de bloqueos desde el cocalero Trópico de Cochabamba, su bastión político y sindical. Paz ha llegado incluso a denunciar la existencia de una operación organizada para desestabilizar al Gobierno y ha vinculado las movilizaciones más radicales con intentos de ruptura del orden constitucional.

Más allá de la disputa política, la crisis deja varias lecciones de fondo. La primera es que la economía boliviana atraviesa una situación mucho más delicada de lo que reconocían las autoridades. La inflación, la escasez de combustible y las dificultades fiscales han creado un caldo de cultivo propicio para el descontento social. También revela que la capacidad de intermediación de las organizaciones tradicionales se encuentra cada vez más erosionada. Aunque la COB ha logrado cerrar un acuerdo, no representa de manera automática a todos los sectores movilizados, lo que podría dificultar futuras negociaciones.

Quizá la revelación más palpable es que Bolivia continúa atrapada en una dinámica de confrontación, aunque se esperaba que la transición a un sistema democrático no controlado por el Movimiento al Socialismo (MAS) comenzara a sacar al país de la crisis. La disputa entre el oficialismo y el evismo sigue condicionando la estabilidad institucional y amenaza con trasladarse al próximo ciclo electoral. @mundiario

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