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El Diario 20 Jun, 2026 06:26

Trump se compara con Alejandro Magno y se enfada por los archivos Epstein, según un nuevo libro

Un ansia de venganza. Una falta de límites. Una obsesión con la decoración de interiores y el afán de dejar una huella duradera en su cargo.

Ese es el retrato del presidente Donald Trump en su segundo mandato que surge de Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump, un nuevo libro escrito por dos periodistas de The New York Times, Maggie Haberman y Jonathan Swan.

El libro, de 464 páginas, que sale a la venta el martes, describe los esfuerzos implacables y transgresores de Trump por doblegar a su antojo al gobierno federal, las instituciones culturales y los ciclos informativos. Se basa en entrevistas exhaustivas realizadas bajo condición de anonimato para relatar debates internos y temas delicados. Según cuentan los autores, durante todo el proceso de investigación se esforzaron al máximo por contactar a las personas mencionadas en el libro y ofrecerles amplias oportunidades para que expusieran su punto de vista.

Regime Change describe al “presidente más poderoso de nuestras vidas”: un líder que actúa movido por “resentimientos e instintos” y al que, al menos en una ocasión, se le vio decorando la Casa Blanca con un tubo de pegamento instantáneo.

Aquí tienes 11 ideas clave del libro.

A Trump le encantó ver cómo Zuckerberg y Bezos intentaban congraciarse con él

Según el libro, después de que Trump llegara a la presidencia en las elecciones de 2024, se deleitaba viendo cómo los líderes tecnológicos que antes lo habían despreciado ahora “me lamen las botas”.

Disfrutó especialmente del acercamiento de Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, quien había expulsado a Trump de Facebook e Instagram después de los disturbios en el Capitolio del 6 de enero de 2021.

En Mar-a-Lago, Trump solía contar a sus visitantes los mensajes que había recibido de los titanes de las empresas tecnológicas, según el libro. En una ocasión, les enseñó una foto de una carta de uno de los hijos de Zuckerberg, en la que escribía que esperaban con ansias “la edad de oro de Estados Unidos” que llegaría con el regreso de Trump, según el libro. En otra ocasión, les enseñó un mensaje de Jeff Bezos con una selfi sonriente del fundador de Amazon y Lauren Sánchez, ahora su esposa.

En una cena tras las elecciones de 2024, según el libro, Trump y Bezos compartieron un motivo de frustración común: The Washington Post, el periódico de Bezos, cuya cobertura llevaba mucho tiempo irritando a Trump.

Bezos, que compró el Post en 2013, se quejó de que el periódico había sido su peor inversión, según el libro.

“La gente de allí es horrible”, dijo Bezos en referencia al departamento comercial del medio, según el libro. “No escuchan. En mis otras empresas, sí que escuchan”.

En otro momento, Trump parecía maravillarse de la nueva acogida que le dispensaba el mundo tecnológico.

“Me odiaban”, le dijo a Elon Musk, refiriéndose a Zuckerberg y Bezos, según cuenta el libro. Y añadió: “Y míralos ahora”.

“Serviles de primera clase”, dijo Musk, según el libro.

Los altos cargos de la Casa Blanca estaban obsesionados con el escándalo de Jeffrey Epstein

El verano pasado, altos cargos del gobierno se reunieron en la sala de crisis de la Casa Blanca para celebrar una serie de reuniones mientras trabajaban en la respuesta a las revelaciones sobre la relación del presidente con Jeffrey Epstein, y para hacer frente a la presión del Congreso para obligar al gobierno a hacer públicos los documentos relacionados con el delincuente sexual condenado.

Según el libro, en dichas reuniones los funcionarios discutieron sobre la repercusión que tenía el tema entre los seguidores de Trump. En un momento dado, se habló de enviar al vicepresidente JD Vance o a Todd Blanche, un alto funcionario del Departamento de Justicia, al pódcast de Joe Rogan para hablar del tema, según el libro.

En otro momento, se mostraron preocupados por una acusación sin corroborar contra Trump que había salido a la luz en documentos judiciales desclasificados de un caso de difamación de hace una década que Virginia Giuffre, una víctima de Epstein, interpuso contra la compañera de toda la vida de Epstein, Ghislaine Maxwell.

En dichos documentos, otra denunciante de Epstein, Sarah Ransome, afirmaba que conocía a una chica que dijo haber tenido relaciones sexuales con Trump y que él tenía un fetiche por los pezones, según el libro. Ransome se había retractado más tarde de algunas de sus afirmaciones, y su acusación contra Trump se había hecho pública antes de que él volviera al cargo.

Pero a los funcionarios les preocupaba que incluirla en una base de datos del gobierno le diera más credibilidad, según el libro.

La sala de crisis es un recinto que normalmente se reserva para reuniones sobre asuntos de seguridad nacional de gran importancia. Según el libro, un funcionario diría más tarde que fue una experiencia “surrealista” estar sentado allí “hablando de Donald Trump y de pezones maltratados”.

Trump le pidió a Rupert Murdoch que comparara a Vance con Rubio

A Trump le gusta preguntar a sus aliados si prefieren a su vicepresidente, Vance, o a su secretario de Estado, Marco Rubio. A ambos se les ve como posibles candidatos presidenciales para 2028 y herederos de su movimiento político.

Según el libro, las preguntas del presidente han llegado hasta Rupert Murdoch, el nonagenario magnate de los medios de comunicación, propietario de Fox News, The New York Post y The Wall Street Journal.

En una cena amistosa en la Casa Blanca en octubre, Trump —que había presentado una demanda por difamación contra el Journal después de que este informara que había enviado una tarjeta de cumpleaños obscena a Jeffrey Epstein hace décadas— le preguntó a Murdoch si prefería a Vance o a Rubio, según el libro.

La pregunta tenía una carga especial debido a la presencia de dos hombres en la mesa: los propios Vance y Rubio.

Murdoch optó por un enfoque diplomático, según relata el libro, pero su preferencia quedó clara.

“Creo que JD tiene potencial para ser genial”, respondió Murdoch, quien, según se dice, había intentado convencer a Trump de que no eligiera a Vance como compañero de candidatura en 2024.

“¿Y qué opinas de Marco?”, insistió el presidente.

Murdoch fue más contundente esta vez, según el libro. “Marco es brillante”, dijo.

Trump quería vengarse de quienes, en su opinión, le habían hecho daño, incluso cuando no recordaba sus nombres

Cuando Trump volvió a la Casa Blanca, se vio consumido por un deseo de venganza que a veces lo distraía.

Una tarde de la primavera de 2025, Trump se esforzaba por recordar a “ese abogado” de su primer gobierno que, según él, había dicho que las elecciones de 2020 “fueron justas y no hubo fraude”, según el libro.

Un asesor de alto rango, Stephen Miller, quien se había ganado la fama de ser el “guardián de las quejas” de Trump, sugirió que quizá Trump se refería a un funcionario de Seguridad Nacional.

Boris Epshteyn, uno de los abogados privados del presidente, hizo una búsqueda rápida en su celular, según cuenta el libro, y dio una respuesta: “Chris Krebs”, quien había dirigido una división del Departamento de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump.

“Sí, Chris Krebs”, respondió Trump, según el libro. “¿Qué habrá sido de él? Era un tipo malo. Échale un vistazo”.

Unos días después, la Casa Blanca emitió un decreto ejecutivo que ordenaba al Departamento de Justicia investigar a Krebs.

Los Trump han obtenido muchísimas ganancias de la presidencia

Las sospechas de corrupción han acompañado el segundo mandato de Trump, entre otras cosas, por su criptomoneda, por los negocios inmobiliarios de su familia y por aceptar un avión de lujo de Catar.

Según el libro, los inversores extranjeros han visto una “vía más directa para ejercer influencia, al meter dinero directamente en los bolsillos de la familia Trump a través de sus negocios con criptomonedas”.

Pero la familia Trump no solo se ha enriquecido con las criptomonedas.

Sus hijos Eric y Don Jr. cerraron rápidamente acuerdos muy lucrativos, como la adquisición gratuita por parte de Eric de un terreno, valorado en 67 millones de dólares y adyacente a una universidad de Miami, para la creación de la biblioteca presidencial de Trump, según cuenta el libro.

Howard Lutnick, el secretario de Comercio del presidente, dijo que donaría 25 millones de dólares al fondo de la biblioteca, según el libro, una medida muy inusual para un miembro en activo del gabinete.

A Trump le gustan las comparaciones de su poder con el de Mao y Gengis Kan

En una entrevista que Haberman y Swan le hicieron a Trump para el libro, el presidente, que había iniciado la guerra con Irán dos semanas antes, reflexionó sobre su poder.

El presidente enumeró una serie de figuras poderosas de la historia, extraídas de un documento de dos páginas que le había dado un conocido, y luego explicó por qué creía que su poder palidecía en comparación con el suyo, ya que carecían de alcance global.

Al enumerar nombres como Alejandro Magno y Guillermo el Conquistador, el presidente señaló: “No tenían aviones”, según el libro.

Y siguió recitando más nombres: Napoleón, Hitler, Mao, Stalin. Esos líderes, les dijo Trump a los autores, “se mantuvieron en el poder a base de miedo”.

“¿Quién haría algo así?”, preguntó Trump, según el libro. “¿Verdad?”

Stephen Miller adquirió un poder enorme… y se aseguró de que todos lo supieran

Miller fue una figura destacada del gobierno de Trump y de su campaña contra la migración. Pero, como por entonces aún no había cumplido los 35 años, los mandos militares de Trump podían “despacharlo fácilmente”, según el libro.

Para el segundo mandato, eso había cambiado.

Con cargos que no reflejaban su verdadero poder (subjefe de gabinete para políticas y asesor de seguridad nacional), el meticuloso y autoritario Miller acumuló una enorme influencia, según el libro.

Su ámbito de competencia abarcaba la mayor parte del gobierno federal, según el libro, ya que supervisaba las órdenes ejecutivas, contrataba a los abogados que las redactaban e impulsaba la campaña de deportaciones masivas del Departamento de Seguridad Nacional, presionando para que se desplegaran soldados estadounidenses en ciudades del país.

En el proceso, solía reprender a los miembros de su equipo. En una reunión, al exigir que se acelerara el ritmo de las deportaciones, Miller amenazó furioso con despedir a todo el personal del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, recuerda en el libro un alto cargo del gobierno.

El libro relata que Miller solía presentar sus puntos de vista como si fueran peticiones del presidente, aunque se mostraba cauteloso al expresarlas en presencia de Trump.

El asesinato de Charlie Kirk pareció inquietar al presidente, que se enteró por su hijo Barron

Tras el asesinato del activista conservador Charlie Kirk en septiembre, Trump se enteró a través de un joven admirador de Kirk: su hijo de 19 años.

Según el libro, Barron Trump llamó a Trump presa del pánico.

Al hijo del presidente le preocupaba que su padre, al que una bala de un aspirante a asesino le rozó la oreja en 2024, volviera a ser blanco de un atentado. Le dijo al presidente que se ponía en riesgo al hablar ante multitudes, según el libro.

Trump intentó tranquilizar a su hijo.

“Tranquilo, cariño, tranquilo”, dijo el presidente, según el libro. Pero, según cuenta, él mismo estaba claramente nervioso.

A Trump le gusta dar ‘giros inesperados’ cuando llegan malas noticias

Desde hace mucho tiempo, tanto sus críticos como sus seguidores ven a Trump como un maestro de la manipulación mediática: alguien que cambia lo que sale en las noticias cuando cree que no le conviene.

En un pasaje del libro, Trump pareció aludir a ese método.

Cuando la nominación de Pete Hegseth como secretario de Defensa parecía estar en peligro por una acusación de agresión sexual que Hegseth negó, Trump se planteó tirar la toalla y sustituirlo por el gobernador de Florida, Ron DeSantis, un antiguo rival.

“Necesitamos giros inesperados”, le dijo Trump a un aliado sorprendido, según cuenta el libro.

En cambio, relata el libro, Trump “desató” a Vance, a Kirk y a uno de sus hijos, Don Jr., para presionar a cualquier republicano que estuviera pensando en rechazar a Hegseth.

Trump se molestó con Vance tras un ataque contra Irán en 2025

Después de que Estados Unidos bombardeó una instalación de enriquecimiento nuclear enterrada a gran profundidad en Irán en junio de 2025, Trump pronunció un discurso de celebración, en el que declaró falsamente que la operación había “aniquilado completa y totalmente” la capacidad nuclear de Irán.

Pero mientras Trump preparaba el discurso, Vance le propuso suavizar un poco el tono. “Sé lo que hago”, respondió Trump con brusquedad, según el libro.

A la mañana siguiente, según cuenta el libro, Vance apareció en una entrevista en ABC News. No repitió las palabras “aniquilado totalmente”.

Trump no estaba nada contento, según el libro.

“Todo el mundo tiene que decir” la palabra dijo Trump, añadiendo un insulto, según el libro. “Esa es la palabra. Todo el mundo tiene que copiar lo que yo digo. Aniquilado. Aniquilado”.

Trump puede ser un decorador de interiores muy práctico

Algunos de los proyectos de construcción de Trump en Washington —un salón de baile que sustituirá al ala este de la Casa Blanca, un arco triunfal de 76 metros junto al río Potomac— son obras multimillonarias que requieren de obreros con cascos y grúas gigantes.

Pero una mañana, Karoline Leavitt, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, entró en el Despacho Oval y se encontró a Trump haciendo cambios en la decoración él mismo.

Según el libro, el presidente tenía un tubo de pegamento extrafuerte en la mano e intentaba adornar la repisa de mármol de la chimenea con nuevas decoraciones doradas.

“Como ya se sabía que prefería sus propias creaciones artísticas a las de cualquier otra persona”, escriben los autores, “ver al presidente echando pegamento sobre los adornos dorados y colocándolos él mismo en la pared no sorprendió a nadie de su círculo más cercano”.

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