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El Diario 20 Jun, 2026 17:23

Mantiene Cerocahui viva la exigencia de justicia

Chihuahua, Chih.- A cuatro años del asesinato de los sacerdotes Javier Campos Morales “El Gallo” de 79 años, y Joaquín César Mora Salazar “El Morita”, de 80 años dentro del templo de la comunidad de Cerocahui, municipio de Urique, la comunidad jesuita recordó a los líderes religiosos asesinados a los miles de desaparecidos a las familias que viven la violencia, los comerciantes que sufren la extorsión y a los bosques talados de manera clandestina.

“Es un día para hacer memoria del dolor que nos tiene de pie en cada rincón de México y convocar a todos los sectores de la sociedad a redoblar el esfuerzo para sembrar la paz. En el dolor que vive este país, Jesús nos sigue llamando a la construcción de la paz”.

La comunidad dijo que estos cuatro años han aprendido que el gran reto es construir una comunidad responsable y participativa capaz de decidir su propio destino.

“La violencia encierra a las personas e inhibe la participación social favoreciendo la imposición de proyectos e ideas criminales. El proceso de construir la paz implica salir al encuentro de los demás para sanar, participar y tener un criterio propio. El camino de la paz se construye de manera comunitaria con la gran diversidad de actores sociales”.

Además señalaron que construir hoy la paz implica sanar la herida de los desaparecidos, pensar en la juventud abandonada e imaginar la institucionalidad que México necesita.

“Esa herida sana con verdad, con voluntad política y reparación del daño. Esos jóvenes se incluyen con atención a sus necesidades y la creación de redes de apoyo. Y esa institucionalidad se renueva con la participación ciudadana”.

“La violencia encierra a las personas e inhibe la participación social favoreciendo la imposición de proyectos e ideas criminales"

Comunidad Jesuita de México

Aunado a eso, los jesuitas dijeron que hay un reclamo social de ser más partícipes en las instancias que definen lo que son y lo que quieren.

“Recuperar la paz exige la creación de espacios de diálogo, donde nos escuchemos y reconozcamos. Si no cruzamos el camino del encuentro será difícil recuperar la paz en nuestra familia, nuestro barrio o ciudad. En este 4° aniversario nos unimos a la demanda social de tener candidatos o candidatas a puestos de elección popular con integridad como una condición fundamental para construir la paz. Necesitamos autoridades con libertad para poner límites a los grupos delictivos dentro y fuera de las instituciones. Sembremos la integridad hoy para hacer posible la paz del mañana”.

Por ello, invitaron a colocar este 20 de junio un listón o banderín blanco en la puerta de su casa, en la escuela o en el lugar de trabajo para hacer visible el compromiso por la paz, el diálogo, la reconciliación o la esperanza.

Tocar las campanas de las iglesias a las 3:00 de la tarde como un llamado a construir la paz a todos los sectores de la sociedad y renovar nuestro compromiso a formar la comunidad que hoy México necesita.

Colocar en los altares de las iglesias fotografías de las personas desaparecidas durante las celebraciones del domingo 21 de junio, elevar una oración especial por las familias buscadoras e invitar a adolescentes y jóvenes a presentar las ofrendas como signo de una Iglesia que reconoce su lugar y los acompaña en la construcción de esperanza.

Una jornada de violencia sacudió al poblado de Cerocahui cuando José Noriel Portillo Gil, alias “El Chueco”, líder local del crimen organizado, asesinó a tres personas dentro del templo jesuita y desapareció a dos hermanos. El hecho dejó cinco víctimas y expuso la crisis de seguridad en la Sierra Tarahumara.

El Papa Francisco condenó el crimen, y el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, expresó sus condolencias a las familias de los jesuitas.

La Fiscalía de Chihuahua inició una investigación para dar con los responsables del crimen, pero en marzo de 2023 fue dado a conocer que “El Chueco” había sido abatido en Sinaloa. Sin embargo, la comunidad sigue exigiendo justicia y verdad sobre el caso.

Los sacerdotes Javier y Joaquín dedicaron su vida al servicio de la comunidad tarahumara y a la defensa de los derechos humanos.

Año tras año son realizados homenajes para recordar a los padres Javier y Joaquín, conocidos como “padre Gallo” y “padre Morita”, y para mantener vivas sus exigencias de paz y seguridad en la región. Los jesuitas asesinados fueron los sacerdotes Javier Campos Morales (“padre Gallo”) y Joaquín César Mora Salazar (“padre Morita”), ambos de edad avanzada y con décadas de servicio en la Sierra Tarahumara.

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