La casa donde fueron asesinados Jocelyn Nohemí C.B. y Daniel J.S. no destaca entre las demás viviendas del poblado de Loma Blanca. Está construida principalmente con paletas de madera, se encuentra dentro de una finca abandonada y frente a ella hay otras casas similares, algunas más avanzadas que otras, levantadas poco a poco por familias que llegaron a esta zona del Valle de Juárez con la intención de construir un patrimonio.
Hasta hace unas horas, ese lugar formaba parte de la rutina de una comunidad donde los vecinos se conocen, se ayudan y comparten una misma aspiración: terminar de construir una vivienda propia en terrenos ejidales adquiridos con años de trabajo. Ayer, en cambio, el acceso al poblado estuvo marcado por la presencia de militares, patrullas de distintas corporaciones y un helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado que sobrevoló durante varias horas la zona donde ocurrió el ataque.
Loma Blanca se encuentra a menos de dos kilómetros del muro fronterizo con Estados Unidos, y a 11.4 kilómetros de la estación de policía más cercana, el Distrito Valle. Sus calles son mayormente de terracería y en varios sectores el alumbrado público es inexistente. Ahí, cuentan los habitantes, muchas familias han comprado terrenos por alrededor de 235 mil pesos y poco a poco han comenzado a construir las casas donde esperan desarrollar su vida. Entre ellas estaba la familia de Jocelyn y Daniel.
Los vecinos los recuerdan como personas trabajadoras y de escasos recursos. Él se dedicaba a la albañilería y realizaba pequeños trabajos de instalaciones eléctricas. Ella vendía artículos de segunda mano que recibía en donación. Según quienes vivían cerca de ellos, ambos buscaban mejorar sus condiciones de vida y gestionaban apoyo para construir una casa más adecuada para sus hijos, cuya familia estaba integrada por la pareja y tres menores de edad. Ahora los tres niños quedaron huérfanos.
De acuerdo con los testimonios recabados en el lugar, uno de ellos logró salvarse de resultar herido porque aquella noche dormía con sus abuelos. Sus dos hermanas, de dos años y de apenas dos meses de edad, fueron alcanzadas por las balas.
Irrumpieron poco
después de la medianoche
Un vecino relata que despertó al escuchar disparos en dos ocasiones. Al principio creyó que se trataba de cohetes provenientes del lado estadounidense debido a la cercanía con la frontera. Sin embargo, segundos después escuchó los gritos desesperados de una mujer y comprendió que algo grave había ocurrido.
La mujer era Verónica Bautista, madre de Jocelyn.
Según el reporte policial, la fémina declaró a las autoridades que escuchó las detonaciones y al ingresar al cuarto de su hija observó a cuatro hombres disparando contra ella y contra Daniel. En el lugar quedaron múltiples elementos balísticos.
Otros vecinos dijeron haber observado la huida de varias personas. Uno de ellos afirma que alcanzó a distinguir seis siluetas que abandonaban la escena para abordar un vehículo y escapar en medio de la oscuridad. Casi de manera simultánea, recuerda, se registró un incendio en una tarimera cercana donde dos vehículos resultaron consumidos por el fuego.
La oscuridad dificultó identificar con precisión lo que ocurría
Los habitantes explican que en esa zona no hay suficiente alumbrado público y que durante la madrugada resulta complicado distinguir personas o vehículos a distancia.
Mientras la pareja permanecía dentro de la vivienda, familiares y vecinos intentaban auxiliar a las menores heridas. Pero incluso pedir ayuda resultó complicado.
Los residentes aseguran que al intentar comunicarse al sistema de emergencias las llamadas ingresaban a Estados Unidos debido a la cercanía con la frontera. Del otro lado les respondían en inglés y no lograban explicar lo que estaba ocurriendo. La ambulancia nunca llegó.
Fueron los propios vecinos quienes ayudaron a la familia a trasladar a las niñas para que recibieran atención médica.
A las 00:26 horas quedó registrado un reporte frente al CAAPS de Águilas de Zaragoza, donde se informaba sobre la llegada de dos menores lesionadas por proyectil de arma de fuego. El reporte señala que ambas se encontraban conscientes; la más pequeña presentaba una herida superficial, mientras que la mayor tenía dos heridas en la espalda.
La distancia entre el lugar del ataque y el punto donde fueron por atención médica supera los siete kilómetros.
En fotografías obtenidas en el lugar se observa un altar a la “Santa Muerte”, así como una maleta con ropa de bebé, pañales y rastros hemáticos tanto en el suelo como en una de las camas. Son los vestigios de una vida cotidiana interrumpida por la violencia.
Durante la mañana y la tarde de ayer, agentes investigadores de la Fiscalía General del Estado (FGE), así como elementos de corporaciones estatales y municipales, realizaron diligencias para recabar indicios que permitan esclarecer lo ocurrido. La Fiscalía Especializada de la Mujer (FEM) quedó a cargo de las investigaciones.
Mientras tanto, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas inició acercamientos con Verónica Bautista para brindarle asesoría y apoyo. De acuerdo con la vocería de la Fiscalía, la mujer ha solicitado ayuda para la atención médica de una de sus nietas.
La tragedia también dejó una sensación de incertidumbre entre quienes habitan el poblado.
Una vecina que adquirió su terreno este mismo año y pagó poco más de 200 mil pesos por él reconoce que nunca había presenciado un hecho de violencia similar en la zona. Aunque asegura sentirse insegura tras el doble homicidio, también afirma que no piensa abandonar el lugar. A pesar del temor, los habitantes dicen que permanecerán en Loma Blanca. Muchos apenas comienzan el proceso para regularizar sus terrenos y obtener los títulos de propiedad.
Por eso, entre las casas de madera, las calles de terracería y los terrenos que poco a poco se transforman en hogares, la muerte de Jocelyn y Daniel no es vista únicamente como un hecho violento más.