
Las telenovelas tienen mucho que enseñar. Sí, esa es mi excusa por no ver televisión de calidad, si es que tal cosa existe. Sigo entretenida con el personaje que les comenté hace días. Se llama Matilde y ¡es una metiche de lo peor! Claro, sus intenciones son buenas y con eso me refiero a sus intenciones conscientes, o ¿quién sabe? Se mete y mete a otros en unos líos tremendos. Ella, y los demás personajes de esta historia, tienen una particularidad. Se la pasan insistiendo en que otros se abran con ellos y cuenten sus “cuitas”. “Sabe Ud. que puede confiar en mí y que estoy aquí siempre que necesite.” Con tanta insistencia en, “Dígame lo que le ocurre”, yo ya hubiera cacheteado a más de uno de los residentes de este fascinante y desesperante mundo.
Hay algo que sucede en las telenovelas en general que luego se propaga y es justo lo que sostiene la historia. La mentira. Claro que hay información que no deseamos compartir con otros. Pero de eso a inventar información que distorsiona hasta la digestión, hay un gran trecho. Y como ya saben que no estoy hablando en sí de telenovelas, les preguntaré directamente. ¿Por qué le tememos tanto a la verdad? No creo de ninguna manera que tendríamos que ir por allí contando cosas que no deseamos que se sepan. Pero, ¿y si ya se supieron? ¿Si manejar la verdad esclarece la vida?
A Doña Matilde le voy a dar el beneficio de la duda porque ha sido víctima de una persona vil. A sabiendas que la vileza se construye como mecanismo de defensa y que ese personaje ha construido lo que ha interpretado necesario para su supervivencia, diré que sus mentiras son las que hacen girar al mundo de de los demás. Y también aclaro que no estoy hablando de las versiones de la verdad que todo mundo tenemos, como la manera de ver e interpretar la presencia de policías en la marcha 8M o si la comunidad trans debe o no debe ser incluida. Allí hay puntos de vista contradictorios sobre los que en algún momento tendrá que haber una declaración de inclusión o de exclusión. Pero no sigan negando que se han tratado los subgrupos con una evidente falta de respeto. En eso radica la verdad. Creo yo.