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Vanguardia 25 Jun, 2026 05:00

México-España: El reencuentro

Estamos ante una decisión política que no admite ambigüedades. La visita de Felipe VI no es un acto protocolario menor ni una nota diplomática más; es la oportunidad de corregir una ruptura artificial que el gobierno anterior provocó y que México no tiene ninguna razón para prolongar. Mantener “en pausa” la relación con España ha sido un gesto ideológico sin utilidad práctica, sin beneficio estratégico y sin respaldo en el interés nacional. Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene frente a sí una disyuntiva clara: insistir en una distancia simbólica que empobrece la política exterior de México o en restablecer una relación histórica, económica y cultural que nunca debió deteriorarse. Lo que ocurra en esta visita dirá más sobre la orientación de su gobierno que cualquier discurso.

Durante años, la relación bilateral quedó atrapada en una exigencia imposible: pedir al Rey de España una disculpa por hechos ocurridos hace más de cinco siglos. Esa demanda no sólo era políticamente inviable, sino conceptualmente equivocada. Felipe VI no conquistó México, no ordenó abusos, no existía siquiera el Estado español en su forma contemporánea cuando ocurrieron aquellos hechos. Pero el problema de fondo es más grave, pues se construyó una política exterior sobre una interpretación ideológica del pasado y no sobre el interés del presente. Esa lectura terminó imponiéndose en Palacio Nacional y derivó en una decisión insólita para cualquier Estado con vocación pragmática: suspender relaciones con uno de sus socios más relevantes.

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