Algo que siempre me ha cautivado de Lionel Shriver es la ruptura de tantas mitificaciones esclavistas de nuestro tiempo como la maternidad forzada, el culto a la cirugía estética o el dinero fácil a través de la especulación bursátil. Del alcance de estos imponderables también participa la cuentística de Cepillar al gato (Impedimenta). Lo que hace Jane Campbell es un análisis exhaustivo de la senectud a través de una serie de relatos en los que la convivencia y la interacción con los contextos urbanos determinan la resolución o no de conflictos que nada tienen de banales, aunque, en un principio, Campbell los acomode a situaciones frívolas o de poca chicha.
Pese a haber citado a mi musa Shriver, Cepillar al gato se incluye en esa tradición costumbrista e irónica de la narrativa americana de Dorothy Parker y Raymond Carver para poner en evidencia el contraste existente entre la convención y la sinceridad que la experiencia vital va fraguando hasta que se pierde el pudor y la vergüenza.
Destacaría dos constantes temáticas fundamentales que hacen de los relatos de Jane Campbell un estudio psicológico de la sociedad posmoderna, de su liquidez, de una permeabilidad en la que todo tiene cabida. Pase lo que pase, en ocasiones, es muy difícil distinguir lo ético de lo indecoroso en una clase media que tiene como objetivo consumir para consumir después un poco más.
La primera constante tiene que ver con el protagonismo que le otorga a la ancianidad. Rompe así con estándares normativos en gran parte de una narrativa actual donde la senectud ni siquiera se contempla como núcleo del discurso, y mucho menos como una etapa de la vida en la que todavía es posible el enamoramiento, la euforia o cualquier atisbo de vitalidad. Por esa razón, un relato como "Susan y Miffy", con el que empieza esta compilación de cuentos, involucra al lector en esa paradoja de lo que puede significar la sublimación de un amor lésbico correspondido entre una anciana y su cuidadora mucho más joven.
A partir de aquí, Campbell construye diferentes estereotipos que siempre parten de un incidente meramente anecdótico para ir desgranando el mundo de contradicciones en el que se desarrolla la vida de cada uno de nosotros, haciendo uso de los interiores a lo Hooper como escenarios recurrentes donde todo parece transitar felizmente.
Al igual que, en el caso de Dorothy Parker, si bien la ironía es más acusada y gamberra en Campbell, desmitificar las bonanzas de la clase media es el objetivo de una segunda constante que se une a la de la vejez como ese horizonte vital que está por cerrar y que todavía tiene una prolongación temporal, por muy breve que sea, en la que el sujeto puede redescubrir el mundo. De hecho, así sucede en relatos como "Amabilidad", en el que a una mujer maltratada por su marido solo le queda la sororidad como única forma de supervivencia. O en "Lamia", donde Linda reconoce, al final de su vida, haber subsistido gracias a la exploración de un deseo amoroso, su único asidero para ser feliz, frente a la obligación de persistir en las obligaciones que trabajo y convenciones le han impuesto. En ese deseo de hacer tangible su amor idealizado por Malik, Linda hallará la paz, el sosiego que merece, la gracia de la quietud.
Campbell es provocativa y el hecho de romper un tabú como el del enamoramiento durante la vejez no es el único con el que construye el imaginario narrativo de Cepillar al gato. El tabú del incesto en "El benteveo" es el telón de fondo de la desazón que desarrolla Pamela al darse cuenta de que su vida modélica ha sido prácticamente un celibato, salvo por esa mórbida relación con su padre. Como en el resto de relatos, subyace la recreación contenida de un personaje femenino al que la represión va minando lentamente. Lo que todos sabemos y que tanto nos cuesta reconocer y verbalizar cuando nosotros somos víctima y presa.
El estilo es claro en la prosa de Campbell, casi coloquial en algunos momentos, como quien cuenta vivencias y avatares por teléfono a alguien de confianza. Al igual que en la prosa de Berlin o Carver, el lirismo está contenido, brilla esporádicamente y contribuye a crear ese subtexto en el que las verdades bullen para ser descubiertas por un lector que ha de completar las fisuras de unas biografías que no siempre se revelan con paternalismo, sino con intención de denunciar su podredumbre y su volcada resignación a ser indiferentes.
Es quizás ahí donde radica la efectividad narrativa de Campbell: el escaparatismo burgués es una versión injusta y tergiversada de lo que realmente sucede en el espíritu inconformista de mujeres insatisfechas, sometidas y esclavizadas a no hacer realidad sus sueños. Porque han sido educadas para conformar un instinto de protección hacia los suyos y hacia sí mismas que acaba emponzoñándolas.
Cepillar el gato pone contra las cuerdas esa manera de entender la felicidad como un éxito para los otros por cuenta de espíritus que han de apretar los dientes y hacer de tripas corazón la mayor parte de su vida. Mujeres a las que les queda solo la oportunidad de compartir la vejez con una siamesa a la que considera una prolongación de sí misma, puro escapismo, otra mentira del mundo al que tanto nos cuesta pertenecer demasiadas veces, @mundiario