En las tragedias griegas, la hybris es mucho más que “orgullo” o “soberbia”: es el acto de desbordar el límite humano y pretender ocupar un lugar que corresponde a los dioses.
(Perplexity).
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, habló con el rostro fruncido y la mirada de halcón en una rueda de prensa el martes pasado. Dice lo que jamás pensamos escuchar: Estados Unidos tomará venganza contra Irán, derrotará al país que lo amenaza con construir bombas nucleares; está enfocado sólo en eso, que ha sido la orden de Donald Trump.
La prensa norteamericana olió su sed de sangre y no la tradicional postura de Estados Unidos ante la guerra: buscar justicia y construir países democráticos. El discurso de George Bush, de Barack Obama y de Biden fue un error, según Hegseth. Con Trump, la guerra es la guerra y la finalidad es desaparecer del mapa al régimen teocrático que jura “muerte a América (EUA)”, al precio que sea. La sobrecarga está en el límite de la ceguera. Sólo en los sesenta recordamos esa postura del imperio norteamericano, cuando imaginó que apoyar a Vietnam del Sur contra el Vietcong sería un día de campo en Oriente. Las miles o millones de toneladas de bombas no fueron suficientes para derrotar a un enemigo organizado en guerrillas. El pueblo vietnamita perdió 3 millones de personas, tanto soldados como habitantes. Ni siquiera la masacre de My Lai dobló el espíritu de los invadidos, sólo abrió los ojos al ciudadano norteamericano sobre las atrocidades de su ejército, de su gobierno.
La desmesura de Hegseth solo es comparable a la del nuevo líder teocrático, Mojtaba Jaimení, quien envió un mensaje pidiendo a Estados Unidos que cierre sus bases en Medio Oriente, que compense a Irán por los daños de la guerra con medio billón de dólares y que se esfume, pues, de su vista. Si no, Irán colapsará la economía mundial con el cierre del estrecho de Ormuz, algo que está haciendo desde ahora. Su propuesta es tan peregrina como irreal. A pesar de su dolor por la pérdida de su padre, de Alí Jameneí y de miembros de su familia durante el bombardeo inicial; a pesar de su imposibilidad de hablar en público o desde un lugar conocido porque sería ejecutado por Israel, el nuevo ayatolá está cegado por el odio y la venganza, por lo que le hizo el “Gran Satán”.
En la tragedia griega, con el hybris viene el áte, o ceguera. La soberbia y la sobrevaloración de las propias capacidades son ceguera que los dioses castigan con la némesis. La sabiduría helénica no solo puede aplicarse a los líderes militares, sino también a los líderes políticos o al común de los mortales. Es parte de la condición humana. La mayoría tiene momentos de hibris que conducen a desastres grandes y pequeños.
El equilibrio regresa con la diosa “Némesis” que cobra la cuenta con fría seriedad. Ella se encarga de culminar la tragedia. Para Trump, Hegeseth y Estados Unidos, será una cuenta muy alta por la desestabilización de los mercados y una probable recesión, además de la derrota en las elecciones; para Irán no tenemos idea de qué tamaño vaya a ser la corrección o su “Némesis”. Por lo pronto ha perdido su capacidad de combate y sólo tiene la llave del estrecho. Lo más duro será para su pueblo y para el de Líbano, que ha sufrido la guerra entre Hezbolá e Israel desde hace décadas. A dos semanas del inicio de la guerra, lo único que podemos predecir es que la diosa Némesis tendrá mucho por hacer.