Cuando era adolescente, mi padre estaba suscrito a un periódico de circulación nacional que cada domingo publicaba un suplemento especial con temas diversos, de interés general. Cada semana, me deleitaba leyendo los artículos, durante algunos años conservé las revistas y llegó un día en que, debido a una mudanza, fue necesario deshacerme de ellas. Recuerdo que extraje las páginas de los artículos que me habían parecido más interesantes; eran temas variados, algunos de salud, otros de historia, economía, belleza, psicología, y otros. Los llevé a engargolar y ese compendio lo conservo hasta la fecha.
Recuerdo un artículo que leí de manera ordinaria unas cuantas veces, y sin intención, memoricé su primer párrafo como si fuera plegaria religiosa “Si estuviera en EU, habría parques de diversiones, souvenirs, clubes de fans y una economía construida a su alrededor. En cambio, para los lugareños, pasa casi inadvertido…”. El artículo hablaba del cráter de Chicxulub, ubicado en Yucatán, sitio en el que los científicos creen que impactó el meteorito que extinguió a los dinosaurios. Era apenas el año 2000.
Un par de años después, cuando vine a residir a Ciudad Juárez, tuve la oportunidad de viajar a algunas ciudades de Estados Unidos y comprobé lo que ese artículo decía. En Estados Unidos, explotan hasta el más sencillo acontecimiento en la vida de sus pequeñas o grandes ciudades, y desarrollan museos, galerías, parques de diversiones, memoriales, paseos, festivales y un sinfín de actividades en torno a temas o sitios que, en otro contexto, pasarían desapercibidos. Una muestra es Roswell, un pueblo del estado de Nuevo México, que es mundialmente conocido por la teoría del impacto de una nave extraterrestre y cuya actividad turística, gira en torno a este acontecimiento.
Quienes me conocen o quienes me han leído, saben que no soy nacida en Ciudad Juárez. El próximo 2 de julio cumpliré 24 años radicando en esta frontera… increíble ¡casi un cuarto de siglo! Obvio es decir que soy una juarense adoptada, y en esta ciudad he forjado mi nombre, mi carrera profesional, mi familia y muchos de mis sueños.
Por responsabilidades laborales diversas he tenido la oportunidad de recorrer la ciudad hacia los cuatro puntos cardinales; la he visto transformarse, expandirse y también deteriorarse; la he vivido en la medida de mi comprensión y circunstancias… y la he abrazado, como ella nos ha abrazado a todos. Es por eso que cuando escucho que alguien dice “en Juárez no hay nada que ver” o “en Juárez no hay nada que hacer” me hierve la sangre.
La semana pasada tuve el privilegio de acudir, por quinta o sexta ocasión, a Laberinto del Quinto Sol, el primer museo-galería de arte privado en el estado de Chihuahua. Este mágico lugar se ubica en la calle Los Portales, a escasos metros de la avenida Tomás Fernández; el sitio abrió sus puertas en mayo de 2021 ¡sí, justo en plena pandemia del Covid 19!
Su diseño arquitectónico y los colores de sus muros sumergen al visitante en un ambiente de encanto y misterio, que nos permite disfrutar más de 90 piezas de arte contemporáneo, moderno y actual, producto de las manos, los pinceles, el lente y la creatividad de artistas regionales, nacionales y extranjeros. Si bien, es un museo privado, una de sus principales actividades está orientada a acercar el arte y las diversas manifestaciones artísticas a niños y jóvenes de escasos recursos.
Cada mes, a través del programa cultural Noche de Museos, permite admirar de forma gratuita sus 4 salas de exhibición: la Sala Dinastía, que muestra réplicas de los guerreros de Terracota; la Sala
Las Elegidas, que permite la comunicación con la mujer a través de diversas obras plásticas; la Sala México que permite conectar con nuestra identidad a través de piezas prehispánicas y modernas, y la Sala de Exposiciones Temporales.
Además, tienen recorridos guiados gratuitos de manera permanente; solo es necesario que los juarenses atiendan la convocatoria mediante un registro previo por correo electrónico.
Durante el recorrido, Luis Pegut, reconocido fotógrafo y gestor cultural juarense, quien dirigió la visita, mencionó algo que comparto con convicción: no basta con tener los espacios, también hay que apropiarnos de ellos.
Por eso es que me disgusta sobremanera que un juarense (nacido o avecindado) me diga que en Juárez no hay nada que ver o nada que hacer. Debemos exigir mayor infraestructura, sí; podemos reclamar mayor inversión, también; pero ignorar lo que tenemos, no. Juárez no merece nuestra ignorancia.
Hay muchos otros lugares que conocer y visitar en nuestra ciudad, pero por esta ocasión, les invito a estar atentos y acudir, en la siguiente Noche de Museos, a Laberinto del Quinto Sol, un espacio que los juarenses merecemos y que debemos presumir a todo el que nos visita, porque decía nuestro Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, que la cultura es la fisonomía, el esqueleto, la sangre y el alma de una sociedad.
as personas que como Rosendo Carlos hicieron de nuestra historia su misión de vida